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Todavía el país está conociendo y entendiendo el impacto que ha tenido el terremoto del pasado 10 de agosto de 2026 en los lugares afectados, las vidas de las personas y su cotidianidad. Esto especialmente para el Occidente del país, en los departamentos de Valle del Cauca, Risaralda, Caldas, Quindío y Chocó.
Las pérdidas humanas son de 331 personas, 4.439 heridas, 240 desaparecidas y 364 rescatadas, de acuerdo con el último reporte de la Unidad para la Gestión del Riesgo y el Desastre (UNGRD).
Además, a la dimensión humana se suma una disrupción de la actividad productiva, el trabajo y el comercio, así como la afectación de la infraestructura.
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El reporte de la entidad da cuenta de que han quedado 178.555 viviendas averiadas y 31.540 destruidas; 5.884 edificios averiados y 603 colapsados. Respecto a la infraestructura, el impacto fue para 378 centros de salud, 3.731 centros educativos, 4.170 centros comunitarios, 441 vías, 5 aeropuertos, 118 acueductos y 73 puentes vehiculares.
Un estudio del Centro de Estudios Económicos de Colombia (ANIF) caracteriza el impacto del desastre y la relevancia económica de los departamentos y ciudades directamente afectados, destacando su papel en la actividad económica del país, el empleo y el abastecimiento de alimentos.
Según estudios preliminares, las pérdidas económicas directas en los cinco departamentos afectados ascienden a cerca de COP 30 billones de pesos (COP 24,5 billones en edificaciones y COP 5,5 billones en infraestructura). Valle del Cauca concentra la mayor parte, con COP 19,5 billones, seguido de Risaralda con COP 5,4 billones.
En infraestructura, los mayores daños se ubican en energía y transporte, lo que amenaza la conectividad regional, las cadenas logísticas y la continuidad económica en los territorios afectados.
El estudio de ANIF establece que es probable que el terremoto acontecido afecte la tasa de crecimiento del tercer trimestre del año del país, especialmente por lo amplia que es la zona afectada y a la disrupción vial en el sur del país y el puerto de Buenaventura.
Vulnerabilidad económica ante el terremoto
La relevancia económica de los departamentos afectados, para el país, es heterogénea.
ANIF destaca que el Valle del Cauca concentra cerca del 9,8 % del PIB nacional, lo que lo convierte en la economía más importante del grupo y en uno de los principales centros productivos del país.
En contraste, Risaralda y Caldas representan cada uno alrededor del 1,7 % de la producción nacional y Quindío participa con 0,9 %, Chocó con apenas 0,5 %.
En conjunto, los cinco departamentos generan aproximadamente el 14,5 % del PIB colombiano, lo que evidencia la importancia económica de la región afectada y la necesidad de evaluar los daños reportados y las diferencias existentes en términos de vulnerabilidad y capacidad económica para enfrentar sus efectos, de acuerdo con el informe.
Al entrar en detalle, el Chocó fue el departamento que registró el mayor nivel de vulnerabilidad económica, principalmente por su bajo PIB per cápita, una estructura productiva concentrada en pocas actividades (agricultura, minas y administración pública) y por la alta volatilidad histórica de su crecimiento económico, la más inestable de los cinco departamentos.
“Estos factores sugieren una menor capacidad para absorber choques económicos de gran magnitud en comparación con los demás departamentos analizados”, resalta ANIF.
Le sigue Valle del Cauca que, a diferencia de Chocó, no presenta debilidades asociadas al ingreso per cápita, la diversificación productiva o la estabilidad de su crecimiento económico. Sin embargo, está expuesta por su elevada participación en el PIB nacional y porque el 47 % de su economía tiene alta exposición de actividades intensivas en infraestructura física (industria, comercio y actividades inmobiliarias).
Dentro del Eje Cafetero, Quindío presenta la mayor vulnerabilidad, por su ingreso per cápita bajo, mayor concentración productiva y una trayectoria de crecimiento más inestable.
Risaralda muestra niveles intermedios de vulnerabilidad; aunque no sobresale negativamente en ninguno de los componentes, la elevada participación de sectores dependientes de infraestructura física aumenta su exposición frente a eventos de esta naturaleza (comercio, industria y construcción, representan un 42,7% de su economía).
Finalmente, Caldas es el que termina por salir mejor librado porque su vulnerabilidad es menor a la de los demás. La razón es que cuenta con una estructura productiva más diversificada y con un comportamiento histórico del crecimiento relativamente estable.
Con este panorama claro se evidencia que la vulnerabilidad frente al terremoto no depende exclusivamente del tamaño de la economía. Mientras Valle del Cauca concentra la mayor parte del valor expuesto por su peso en el PIB, Chocó presenta mayores debilidades estructurales de ingreso, diversificación y estabilidad económica.
“La heterogeneidad se repite en el mercado laboral y en el abastecimiento de alimentos: el dinamismo laboral de la región se apoya en sectores vulnerables a la afectación física y en alta informalidad, y la contracción del abastecimiento tras el sismo fue mayor precisamente en las ciudades directamente afectadas”, expresa ANIF.
En conclusión, el informe apunta a que la priorización de las acciones de recuperación debe considerar no solo la magnitud de las pérdidas económicas, sino también las condiciones estructurales que determinan la capacidad de cada territorio para enfrentar sus efectos.
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