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La educación financiera comienza en casa: claves para enseñar a ahorrar a los hijos

Aunque el ahorro es un hábito que puede generar beneficios a lo largo de toda la vida, su enseñanza no siempre ocupa un lugar prioritario en la crianza. Estas son las recomendaciones de los expertos para fomentarlo desde la infancia.

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Diego Ojeda
19 de junio de 2026 - 08:50 p. m.
Promover el ahorro y hacer un presupuesto es clave en medio de la pandemia.
Promover el ahorro y hacer un presupuesto es clave en medio de la pandemia.
Foto: Pyxabay
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El aprendizaje financiero comienza desde la niñez. Empieza cuando un niño entiende que ese pedazo de papel o de metal que ve en manos de los adultos sirve para conseguir cosas en una tienda. Con el tiempo descubre algo más importante: que eso que muchos llaman “plata” no se obtiene porque lo escupan unas máquinas, sino que es el resultado del trabajo y el esfuerzo de las personas.

De hecho, para muchos niños el primer acercamiento al dinero llega a través del ahorro. Ocurre cuando sus padres les dan pequeñas cantidades de dinero que guardan durante semanas o meses y que, al acumularse, les permiten comprar algo que desean, como un juguete, un videojuego o cualquier otro objeto especial. Así comienzan a comprender que alcanzar ciertas metas requiere paciencia, planificación y la capacidad de esperar.

Lamentablemente, el ahorro aún no es un hábito consolidado entre los colombianos. De acuerdo con las más recientes cifras de la encuesta Pulso Social del DANE, el 77,3 % de la población afirma que no tiene posibilidades de destinar una parte de sus ingresos al ahorro.

Expertos en finanzas personales, como los de la firma PNC Insights, señalan que contar con ingresos insuficientes puede convertirse en una barrera para el ahorro. Sin embargo, advierten que no es el único factor determinante y que, incluso en contextos de limitaciones económicas, es posible desarrollar este hábito mediante una adecuada planificación.

Señalan que influyen otras limitaciones como la falta de un presupuesto estructurado, la carencia de metas claramente definidas y el uso excesivo de tarjetas de crédito.

Para Asomicrofinanzas, la base de una vida financiera saludable en la edad adulta parte de los aprendizajes y desarrollos aprendidos en la infancia.

“Formar a niños y jóvenes en temas como el ahorro, la planificación y la gestión responsable del dinero resulta fundamental para que puedan desenvolverse de manera consciente en la economía digital”, señala.

Para esta asociación, el hábito del ahorro es la mayor herencia que unos padres pueden dejar a sus hijos, ya que les da herramientas para planear las finanzas y ejecutar decisiones responsables.

“En un mundo donde las decisiones de compra se toman cada vez más rápido, la educación financiera debe comenzar desde edades tempranas. La mejor herencia que podemos dejar a las nuevas generaciones no es únicamente económica, sino la capacidad de comprender el valor del dinero, tomar decisiones informadas, ahorrar con propósito y utilizar responsablemente las herramientas financieras que tendrán a su alcance”, afirma Maria Clara Hoyos, presidente ejecutiva de Asomicrofinanzas.

Estas son las recomendaciones o hábitos cotidianos que le da Hoyos a los padres:

1. Hacer visible el valor del dinero: La digitalización ha simplificado los pagos, pero también ha hecho menos evidente el esfuerzo que existe detrás de cada compra. Explicar cómo se generan los ingresos familiares, cómo se distribuyen los gastos y la importancia del ahorro para alcanzar una meta ayuda a que los hijos comprendan que los recursos son limitados. De igual manera, es clave enseñarles desde muy pequeños a guardar el 10 % de sus ingresos o de sus gastos mensuales/semanales para, de esta forma, fomentar una cultura de ahorro.

2. Enseñar a diferenciar deseos y necesidades: Las redes sociales y las plataformas digitales exponen constantemente a los jóvenes a nuevas formas de consumo. Aprender a priorizar se convierte entonces en una habilidad esencial. Antes de realizar una compra, los padres pueden promover preguntas sencillas: ¿lo necesito?, ¿puedo esperar?, ¿existe una alternativa más conveniente?

3. Convertir el ahorro en una meta concreta: Los niños suelen comprender mejor el valor del ahorro cuando este tiene un propósito definido. Ahorrar para un libro, una bicicleta, un viaje o un dispositivo tecnológico permite relacionar el esfuerzo con una recompensa tangible y fortalece la capacidad de planificación.

4. Dar ejemplo desde el hogar: Los hábitos financieros se aprenden observando. Cuando los hijos ven a sus padres comparar opciones antes de comprar, planificar gastos, evitar el sobreendeudamiento o destinar recursos al ahorro, reciben lecciones que difícilmente podrían obtener únicamente a través de la teoría.

5. Aprovechar la tecnología como aliada: La respuesta no está en alejar a las nuevas generaciones del mundo digital, sino en enseñarles a utilizarlo de manera responsable. Aplicaciones de ahorro, presupuestos familiares y herramientas de seguimiento de gastos pueden convertirse en aliados para desarrollar disciplina financiera desde edades tempranas.

Al final, la educación financiera no se trata únicamente de enseñar a guardar dinero, sino de formar personas capaces de valorar el esfuerzo que hay detrás de cada recurso, establecer metas y tomar mejores decisiones. En ese sentido, el mayor legado que una familia puede dejar no siempre está en los bienes que entrega, sino en los conocimientos y hábitos que permiten construir un futuro financiero más consciente y responsable.

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