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3 Nov 2015 - 2:00 a. m.

La estrategia de Alpina para ser el número uno

El presidente de Alpina reconoce que el trabajo en equipo, las reuniones eficaces y la ejecución son determinantes para aumentar la rentabilidad.

ALEJANDRA MORENO TINJACÁ

Ernesto Fajardo Pinto, administrador de empresas con estudios en alta gerencia, se destaca por ser el líder de la transformación e integración de empresas como Monsanto, Grupo Orbis y ahora Alpina, compañía que dirige desde octubre de 2013. A su llegada a esta compañía, el reto principal estaba claro: alinear las operaciones de Colombia, Ecuador, Venezuela y Estados Unidos para acelerar el crecimiento. La tarea no fue fácil, pero su experiencia internacional le permitió diseñar e implementar una estrategia empresarial enfocada en las necesidades del consumidor. Según el presidente de Alpina, “no conocía el sector de lácteos, pero mi trayectoria y mi gusto por trabajar con la gente me permitieron poner en marcha el proyecto”.

Para lograrlo se focalizó en conformar un equipo de trabajo con diferentes talentos para proponer y tener nuevas perspectivas del mercado. De esta manera ampliaron el portafolio de la empresa, que hoy cuenta con seis categorías y más de 600 referencias, todas como resultado de la investigación y la innovación. También replantearon la logística del transporte de los alimentos para que nunca faltara en los hogares y fortalecieron la relación con los ganaderos, quienes son el aliado fundamental en su cadena de valor. Estos cambios, después de dos años de ejecución, se ven reflejados en las ventas netas del 2014, que alcanzaron $1,50 billones, con un crecimiento del 5,6 % frente a los resultados del año anterior.

Además de la correcta ejecución de sus estrategias, existe una herramienta que traza la ruta del éxito en las compañías. A pesar de que se usan a diario, no se dimensionan tanto como importantes para los resultados: las reuniones de trabajo. “Estas son las que permiten que los líderes anticipen riesgos y desarrollen habilidades para enfrentarlos en equipo”, resalta Éric Fernando Rodríguez López, decano de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes. Un principio que el presidente de Alpina ratifica desde su experiencia: “En las reuniones logramos conversaciones que se convierten en acciones concretas y además se traducen en crecimiento. Por eso las clasificamos y las planificamos”.

En Alpina, se manejan tres tipos de reunión: las semanales para saber cómo está la empresa en cada país y región y tratar temas coyunturales; las mensuales, que ocupan un día, en las que cada departamento presenta sus resultados relevantes y analizan en qué se debe trabajar para cumplir metas, y una reunión trimestral de cuatro días en la que los gerentes evalúan qué productos se van a lanzar, se revisan tendencias y se examinan cambios macroeconómicos a largo plazo. Según Santiago Peláez Acevedo, gerente de Alpina en Venezuela, “estas reuniones ayudan a empoderarnos de la visión de la empresa y actuar de forma rápida y estructurada. De esta forma, por ejemplo, manejamos el aumento del dólar o en Colombia el fenómeno de El Niño”.

En cada reunión, lo central es el equipo y su líder. La tarea común: desarrollar el personal que trabaja en la empresa a través de experiencias cada vez más exigentes para su cargo. Primero se identifican habilidades y se habla de expectativas y de proyectos de vida. Luego, a través de conversaciones con objetivos claros, cada equipo muestra sus ejecuciones y así genera una cadena de valor basada en el talento de la gente. Una de las tareas más importantes la realiza el ejecutivo. “Yo los acompaño a que recorran su propio camino, los oriento y los enfrento a experiencias desafiantes para que los ayuden a crecer, a asumir otros cargos, a hacerles entender que un líder lo es gracias a su equipo de trabajo, pues nadie solo logra resultados”.

La consecuencia está a la vista: al cumplir 70 años de hacer presencia en los hogares colombianos, el reconocimiento para Alpina es extensivo a sus 6.000 colaboradores y 3.400 proveedores. Como homenaje a ellos, a sus fundadores Max Bazinger y Walter Goggel, y al municipio que en 1945 los acogió en el Valle de Sopó, el próximo 15 de noviembre será lanzado su queso “Sopó”, un excelente producto surgido de la investigación. Su objetivo inmediato: seguir trabajando para ser el número uno. “En 2016 se invertirán $80.000 millones para ampliar las capacidades de producción y operación y así aumentar nuestra oferta”, puntualiza Ernesto Fajardo Pinto, basado siempre en su lema aparte: “De la mano de un equipo que da el 110 % con su trabajo”.

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