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En febrero, la conversación económica del país bajó un poco el tono.
El Índice de Incertidumbre de la Política Económica en Colombia (IPEC), elaborado por el centro de estudios Fedesarrollo, se ubicó en 298 puntos durante el segundo mes de 2026. Es un descenso claro frente a enero, cuando el indicador había llegado a 389 puntos, aunque prácticamente empata con el nivel observado un año atrás: 295 en febrero de 2025.
La cifra dice algo más profundo cuando se mira en perspectiva.
Entre 2000 y 2019, el centro de pensamiento decidió ubicar el promedio histórico del índice en 100 puntos a modo comparativo. El nivel actual casi triplica ese referente.
Es decir, el ambiente económico se relajó frente al mes anterior, pero el país sigue moviéndose en un terreno donde la incertidumbre es más alta de lo que fue durante buena parte de las últimas dos décadas.
El índice no mide crecimiento ni inflación. Lo que captura es el clima de conversación alrededor de la economía. Su metodología rastrea en medios de comunicación palabras relacionadas con decisiones de política económica, tensiones institucionales, actividad empresarial o riesgos financieros.
Cuando esas referencias aumentan, el indicador sube. Cuando el debate público se estabiliza, baja.
En febrero ocurrió lo segundo, aunque dentro de un contexto todavía elevado. El nivel del índice quedó 41 puntos por encima del promedio de 2025 (257) y 40 puntos por encima del promedio de 2024 (258), lo que confirma que el ambiente de incertidumbre sigue siendo estructuralmente alto.
La historia del índice también ayuda a entender su significado. En el pasado, los picos de incertidumbre han coincidido con momentos críticos de la economía colombiana: la emergencia económica de 1996, la crisis financiera de 1999, la caída de los precios del petróleo entre 2014 y 2016, la pandemia de COVID-19 en 2020 y el aumento de la prima de riesgo del país en 2022.
En el detalle de las noticias analizadas para febrero, casi la mitad (44,9 %) se concentró en temas de política económica, social y geopolítica. Es decir, debates sobre reformas, decisiones gubernamentales o tensiones internacionales.
Después aparecen las noticias relacionadas con actividad económica (18,4 %), seguidas por una categoría amplia que agrupa sectores diversos —desde transporte hasta agricultura— con 16,3 %.
Más atrás quedan seguridad (12,2 %) y variables financieras (8,2 %), que incluyen referencias a tasas de interés, mercados o deuda pública.
Comparado con enero, el cambio más visible fue el aumento de temas agrupados en “otros sectores”, que crecieron ocho puntos porcentuales, mientras las noticias asociadas con variables financieras —como tasas de interés, deuda pública o mercados— perdieron peso en la conversación.
Frente a febrero del año pasado, el giro más marcado aparece en la categoría de seguridad, cuya presencia en las noticias que alimentan el índice aumentó 7,7 puntos porcentuales.
La incertidumbre suele influir en decisiones cotidianas de empresas y hogares: desde la apertura de un nuevo negocio hasta la compra de maquinaria, la contratación de personal o el acceso a crédito. Cuando el ambiente es incierto, muchas de esas decisiones se aplazan.
El alivio de reflejo aparece en un contexto que, pese a ello, sigue marcado por niveles elevados de incertidumbre económica en comparación con los estándares históricos del país.
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