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La mujer avalada por el mundo

La ministra francesa de Finanzas ha sumado votos claves en su carrera por dirigir el organismo multilateral. Sin embargo, un proceso judicial en su contra podría echar al traste sus esfuerzos.

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David Mayorga
16 de junio de 2011 - 08:24 a. m.
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El pasaporte de Christine Lagarde ha tenido un mes agitado. A medida que se fortalece su candidatura a ocupar la presidencia del Fondo Monetario Internacional (FMI), la ministra francesa de Finanzas se ha desplazado a Brasil India, China, Portugal, Egipto y Qatar para sumar consensos en torno a su nombre. Y, de momento, la estrategia le ha venido como anillo al dedo: los países africanos anunciaron que le confiarán su voto, al igual que los Emiratos Árabes Unidos, una de las principales economías de Oriente Medio.

A esto se suma el apoyo tácito que su nombre ha despertado en la Unión Europea, pues la unión económica busca a toda costa respetar la tradición implícita según la cual los designios del organismo, desde su creación en 1944, deben regirse por uno de sus nacionales.

Pero el pasado de Lagarde podría convertirse en una piedra en el zapato para sus planes futuros. Se trata de la investigación que la justicia francesa le abrió por su intervención, en 2007, en uno de los pleitos jurídicos más sonados de ese país: la demanda que el millonario Bernard Tapie, antiguo propietario de Adidas, entabló contra el banco estatal Credit Lyonnais, al considerar que sus intereses se vieron perjudicados cuando esa institución lideró la venta del famoso conglomerado de artículos deportivos en 1993.

El proceso fue remitido hace cuatro años a Lagarde, quien en ese entonces hacía tránsito de la cartera de Comercio a la de Agricultura y decidió remitir el pleito a un tribunal de arbitramento. Su resolución se dio un año después, con el fallo que ordenaba al estado francés pagarle más de US$410 millones al empresario por daños y perjuicios. De inmediato, la justicia sentó su voz de protesta y abrió investigación a los implicados de favorecer a Tapie, confeso financiador de la campaña presidencial de Nicolás Sarkozy.

Pues bien, el pleito contra la funcionaria sigue en curso y la más reciente decisión se tomó el pasado viernes, cuando la Corte de justicia de la República pospuso para el próximo 8 de julio su decisión de seguir adelante en la investigación por abuso de autoridad.

La propia Lagarde ha tenido que defenderse al mismo tiempo que promueve su candidatura. “Fue el menor perjuicio fiscal para el Estado”, aseguró en una entrevista con la emisora radial Europe 1, en la cual reveló que cuando el proceso llegó a sus manos sólo existían tres salidas posibles: continuar un litigio de más de 15 años, negociar un acuerdo por fuera de la corte o acudir al arbitrio. “Nos exponíamos a un riesgo potencial de desembolsar US$10.100 millones”, añadió.

Pero contrario a lo que pudiera creerse, el escándalo judicial no ha perjudicado la nominación de esta abogada de 55 años, hija de académicos, quien a pesar de haber integrado equipos de nado sincronizado en su juventud se decidió por el Derecho Laboral. Graduada de la Universidad Paris X, se hizo famosa en 1999 por ser la primera mujer en ocupar la presidencia mundial de la firma de abogados Baker & McKenzie.

En 2005, tras convertirse en la voz autorizada del bufete para temas de derecho Comunitario, aceptó la oferta del gobierno francés liderado por Jacques Chirac y se convirtió en Ministra de Comercio. Su buena labor en la apertura de nuevos mercados la llevó a la cartera de Agricultura en mayo de 2007, pero al mes siguiente, con la llegada del nuevo gobierno encabezado por Sarkozy, se convirtió en la primera mujer en liderar el Ministerio de Finanzas.

Bajo su mando, la política económica francesa se ocupó de la regulación del sector financiero y reducir el déficit fiscal. Decisiones acertadas que blindaron al país de la quiebra cuando estalló la crisis financiera mundial en 2008 y lo instalaron en el liderazgo de la Unión Europea un año después, cuando las abultadas deudas llevaron a Grecia, Irlanda y, más recientemente, Portugal a pedir un salvavidas para sus economías. De hecho, Lagarde fue nombrada como la mejor ministra de finanzas europea en 2009 por el diario británico Financial Times.

Su próximo objetivo es la presidencia del FMI, para remplazar en el cargo a su compatriota Dominique Strauss-Khan, quien tuvo que renunciar tras ser acusado de agredir sexualmente a una camarera en un hotel de Nueva York. “Es una opción sobresaliente”, destacó Jan Kees de Jager, ministro holandés de Finanzas, a la prensa, uno de los múltiples apoyos explícitos a su candidatura, que también incluye al G8, Egipto, Noruega, Eslovenia, los países subsaharianos y Qatar.

Voces que, sobre el papel, la ponen en ventaja frente a la candidatura del mexicano Agustín Carstens, gobernador del Banco Central de México, por quien 13 países han expresado su inclinación (12 latinoamericanos, incluido Colombia, y España). Sin embargo, la balanza se inclinaría cuando el grupo de economías emergentes, conocido como BRIC (Brasil, Rusia, India y China) expresen su decisión. También es una incógnita la preferencia de Estados Unidos.

En dos semanas el FMI decidirá a su presidente, tiempo en el cual se irán revelando más avales. Por lo pronto, tal y como están las cosas, el organismo multilateral seguiría en manos europeas.

Por David Mayorga

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