Opinión

La paz territorial frente al país

Investigadores de la Universidad de Los Andes hablan de la importancia de las reuniones en las que las comunidades más afectadas por el conflicto armado están tomando voz para definir el futuro de sus territorios.

Imagen de referencia.Bloomberg

Mientras el Whatsapp de las familias urbanas no da abasto con la promoción del miedo (Venezuela ya viene) o la rabia (Colombia ya es peor que Venezuela), miles de familias campesinas están viviendo su cuartico de hora de la paz. También usan WhataApp, que se actualiza cuando van al pueblo, pero para saber cuándo es la próxima asamblea veredal en la que se va a hablar, por fin, de tierras y desarrollo productivo. Al caer la tarde suben al filo para coger señal con sus celulares, llamar para saber cuándo es que vienen de visita los hijos que están en la ciudad y están pensando si regresar a sembrar café o aguacate ahora que las cosas pintan mejor en el campo y el desempleo no da espera en la ciudad.

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En una asamblea veredal, de esas que están organizando funcionarios anónimos de la Agencia de Renovación del Territorio (muchos endeudados con préstamos gota a gota por los atrasos en los pagos del Fondo Paz), se levanta un campesino y dice que para ellos el tema de la paz es un asunto de pijamas. ¿Cómo así? Sí, desde que se firmó la paz su familia se acuesta a dormir con pijama y no como antes, con toda la ropa puesta y preparados para salir corriendo al primer ruido.

En una de las varias entrevistas que la Escuela de Gobierno de la Universidad de Los Andes está haciendo en zonas rurales PDET (Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial), cuenta Milena, con 22 años, que ya se puede ir tranquila a Bogotá a estudiar culinaria. Lo que la detenía era que, como presidenta de la junta de acción comunal de su vereda, estuvo esperando a que se realizara la asamblea del PDET, y como es una de las pocas personas que sabe leer y escribir, sabía que su aporte sería decisivo para hablar de las necesidades de la vereda. Milena tiene las faldas bien puestas y sabe que ahora sí es posible contar con un mejor futuro para sus papás mientras ella busca uno mejor para su hija.

Y es que los PDET son a la vez la cosa más simple y difícil del mundo, pues son el primer ensayo, en décadas, para saber qué necesita la gente más traumatizada por la guerra en las zonas más golpeadas por el conflicto. Es cierto, más o menos es evidente lo que necesitan: tierra, crédito, vías terciarias y comercialización (TCVC). Pero también hay muchas más cosas que necesitan, como agua, electricidad, salud, educación, que damos por sentado en nuestra vida mientras escribimos aceleradamente nuestra última respuesta en Facebook para promover el voto impaciente.

La pedagogía para la paz tendría que empezar por contar cómo se vive una asamblea PDET en zonas veredales. Y es que hay dos factores que confluyen en el desarrollo de las asambleas, el tiempo y la capacidad de conciliar intereses en el espacio participativo. Por lo general, las asambleas veredales arrancan desde muy temprano y finalizan poco antes de que el ocaso se camufle en lo profundo de la montaña. Entre tanto, el tiempo apremia y la sensación que se experimenta a lo largo de cada asamblea es la de estar invirtiendo una ingente dosis de esfuerzo físico y mental para lograr avanzar en la construcción de las iniciativas que nutrirán el documento PDET. Antes de finalizar la jornada, muchos campesinos van dejando el recinto porque tienen que regresar a sus fincas antes de que les coja la noche, pero la comunidad expresa su satisfacción, sonríe expectante e impregna un aura de optimismo moderado al salir de la asamblea. 

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Estos sentimientos de esperanza se exteriorizan cuando comentan entre ellos: “Ojalá así fuera siempre…”, sugiriendo que nunca han sido tenidos en cuenta en la formulación de las políticas para el sector rural. Cuando finaliza la jornada, los campesinos se acercan a preguntar si las propuestas que ellos mismos formularon se lograrán materializar. 

Los territorios de intervención del PDET también cargan consigo el peso de una historia que solamente sus habitantes conocen y se cuentan entre líneas. Historias que tienen un común denominador: sus experiencias dentro del conflicto armado. En este entramado que es el PDET se es testigo de las tensiones reflejadas en los espacios de participación. Hay miles de voces por escuchar y sueños que construir, sin embargo, de volver a la guerra, los PDETs serán testamento de la esperanza de comunidades apartadas, ante la ligereza e impaciencia de las ciudades que se alimentan de sus frutos, buenos y malos.

*Profesor Escuela de Gobierno, Universidad de Los Andes.

*Investigador y etnógrafo en zonas PDET.

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Mauricio Velásquez y Nikolai Ávila*

Economía

La paz territorial frente al país

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