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La recompensa de ser diferente

Cuando los fundadores de la caja de compensación familiar Compensar anunciaron su lanzamiento, en 1978, una de las primeras preguntas que recibieron tenía que ver con algo que jamás habían contemplado en el diseño de la entidad: una cadena de supermercados.

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Hugo Sabogal / Especial para El Espectador
21 de enero de 2008 - 04:26 p. m.
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Hasta cierto punto, la inquietud era válida, porque las dos entidades antecesoras –y a la postre sus principales competidoras–, Colsubsidio y Cafam, habían incursionado con fuerza en ese campo y se suponía que cualquier nuevo actor tendría este servicio en el portafolio.

Pero Compensar quería hacer las cosas de otra manera y el tema de los supermercados estaba descartado de raíz. Las prioridades eran otras. Y para establecerlas, los gestores habían echado mano de otro recurso que, para entonces, resultaba exótico en el medio: un estudio de mercado. La investigación reveló que los afiliados esperaban mayores subsidios monetarios para sus hijos menores y servicios de salud extensibles a todo el núcleo familiar. El tema de recreación y deporte ocupaba el escaño siguiente.

De manera que el anuncio de auxilios, casi tres veces mayores a los ofrecidos por sus competidores ($70 de la competencia contra $200 de Compensar), puso a Compensar en la lista de las preferencias de los nuevos aportantes. Además, a esto habría que agregarle la introducción de servicios de salud más completos, y una concepción diferente sobre el papel de la recreación y el deporte en el bienestar de los trabajadores.

“Fue un comienzo difícil”, dice Néstor Rodríguez Ardila, actual director general de Compensar. Pero la diferenciación pronto comenzó a reflejarse en las cifras de participación de mercado, hasta el punto de colocar a Compensar en el segundo lugar por tamaño, después de Colsubsidio, a pesar de ser la más joven de las tres mayores entidades del ramo.

“Desde un primer momento, nuestro compromiso fue hacer las cosas diferentes”, dice Rodríguez. En el fondo, este enfoque les ha ayudado a pensar permanentemente de otra manera, especialmente ahora que la ley ha igualado todas las actividades del sector. “Nuestra diferenciación ya no es de portafolio, sino de actitud”.

En principio habíamos programado una cita para almorzar fuera de la sede de la entidad, situada en la Avenida 68, al occidente de Bogotá. Pero compromisos importantes retuvieron a Rodríguez y terminamos desayunando a las 7 de la mañana, en la sala de juntas. Fue algo rápido y frugal, pero de buen gusto.

Deporte, educación y salud


A pesar de que Compensar ofrece a sus afiliados una amplia gama de asistencia –en campos que abarcan turismo, crédito, recreación, vivienda, deporte, educación y salud–, los tres últimos constituyen el jefe de sus ventajas comparativas.

En materia deportiva y de recreación, Rodríguez destaca, como fuente de inspiración, el ideario del ex ministro de Educación Rodrigo Escobar Navia (ya fallecido), quien argumentó sobre el uso del tiempo libre en las sociedades urbanas. Según él, las personas de bajos recursos se lamentan profundamente de su situación durante el fin de semana, porque es el momento cuando descubren que no hay nada saludable para hacer. El profesional o el ciudadano pudiente cultiva sus intereses en los clubes privados. “Lo más importante de esa reflexión es que una persona se siente parte de la sociedad –o padece su exclusión– cuando se encuentra con tiempo libre entre las manos”, apunta Rodríguez, quien se desempeñó como director administrativo de la Universidad de los Andes cuando Escobar dirigía el claustro. “En el trabajo, en cambio, hay un olvido temporal de estas condiciones, porque todos –desde el presidente hasta el mensajero– están ocupados, cumpliendo sus funciones”.

Con base en esta visión, Compensar diseñó sus centros de recreación, deporte y cultura como lugares de encuentro familiar. “Además, nuestras piscinas y nuestras canchas deportivas tienen graderías y sitios de observación para que amigos y familiares se sientan parte del interés y habilidades del deportista”. Es una visión muy distinta, dice, a la del empleado que los sábados se marcha a jugar fútbol con sus amigos, en cualquier potrero, con un cierre de varias cervezas. Mientras, la mujer y los hijos se quedan en casa. “Aquí, en cambio, la señora puede tomar una clase de pintura y los hijos, una de natación”.

No conformes con ello, los directivos de Compensar se han trazado la meta de obtener los mejores profesores en todas las áreas para alcanzar altos estándares de excelencia. Las escuelas de fútbol y natación, en particular, han arrojado resultados inesperados. La de fútbol, por ejemplo, se transformó en un equipo de segunda división profesional. Y la de natación es una de los mejores a escala nacional. Otras actividades destacadas contemplan ajedrez, baloncesto, tenis de campo, patinaje, microfútbol y bolos. El área cultural encierra actividades como pintura, música, apreciación de cine y literatura.

Por otra parte, y en concordancia con los planes estratégicos del país, Rodríguez y su equipo están empeñados en potenciar la educación técnica y tecnológica, enfocada a mejorar los resultados del trabajo colectivo e individual. El plan cuenta con el concurso de las empresas afiliadas, a las cuales les resulta vital robustecerse en dichos campos. También hay participación de entidades como el Sena y la Cámara de Comercio de Bogotá, y alianzas con centros nacionales e internacionales. Rodríguez cree que en tres años se verán los resultados tangibles del programa.

En salud, Compensar cuenta con su propia fuerza médica y un creciente número de centros de atención al cliente en distintos puntos de la ciudad. Ha crecido de 4 a 16 en sólo un año, con su propia fuerza médica. El propósito es brindar atención básica. A través de esta cercanía, Compensar quiere transmitir el mensaje de que a estos sitios se recurre para mantenerse saludable y no para buscar remedio a una enfermedad.

Compensar también forma parte del grupo de entidades llamadas por el Gobierno para rescatar al Seguro Social. El proceso, según Rodríguez, se encuentra en la etapa de corrección de problemas estructurales, como la calidad de la base de datos. “Pero, en dos años, el país va a tener, empezando por el Seguro Social, un sistema de salud más maduro y equilibrado”.

Y como el Seguro Social deberá utilizar la infraestructura existente para prestar sus distintos servicios, Compensar está liderando un plan para adquirir la red de atención de Bogotá, en asocio con la Universidad del Rosario. Esta semana se conocerá la respuesta del Gobierno. Entre los activos destacan la clínica San Pedro Claver, la Misael Pastrana y otras de menor envergadura. “Tenemos la ilusión de actualizar esos centros y ponerlos a la altura de las circunstancias. Y tendremos que hacerlo sin dejar de operar”.

Quién es


Néstor Rodríguez Ardila, director de Compensar, es licenciado en filosofía y letras, con un magíster en economía. Lleva 25 años en Compensar. Está comprometido con la filosofía de brindar bienestar no sólo a los afiliados, sino a las poblaciones más vulnerables del país. En la entidad se ha desempeñado como subdirector operativo y, posteriormente, de planeación.

Muy personal


Es un hombre de profundas convicciones religiosas. Estuvo a punto de recibirse de sacerdote. Le gusta pasar su tiempo libre en familia. Hace deporte en una caminadora de su apartamento y en los alrededores del Parque El Virrey. Pero confiesa que los domingos están reservados para perecear. “Leemos, alquilamos películas y nos acompañamos”.

El menú


Fue un desayuno frugal, pero saludable: jugo de naranja, ensalada de melón y kiwi, plato con quesos y jamón, y una pequeña canasta de croissant y pan. Para terminar, un café negro.

De sobremesa


Su mayor reto:   el trabajo

Un personaje que admira:   Rodrigo Escobar Navia

Su principal rasgo:   la generosidad

Su virtud preferida:   el respeto

Un consejo:   la limpieza consigue que hasta los sucios dejen de serlo

Por Hugo Sabogal / Especial para El Espectador

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