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14 Jul 2022 - 10:42 p. m.

La relación Colombia-Venezuela vista desde la economía de las fronteras

En entrevista, Germán Umaña, presidente ejecutivo de la Cámara Colombo Venezolana, habla sobre cómo reconstruir la relación económica entre los dos países.

Luis Celis *

Cruce limítrofe y fronterizo sobre el río Arauca que comunica a las poblaciones de El Amparo en Venezuela, y Arauca en Colombia
Cruce limítrofe y fronterizo sobre el río Arauca que comunica a las poblaciones de El Amparo en Venezuela, y Arauca en Colombia
Foto: Jorge Londoño - José Vargas

Germán Umaña es el director de la Cámara Colombo Venezolana, cuenta con amplia experiencia en temas del comercio internacional y ha sido maestro de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional. En esta entrevista habla sobre la relación económica entre Colombia y Venezuela y la perspectiva de reconstruir, en el gobierno del presidente Gustavo Petro, una sólida relación con un país que, hasta hace un poco más de una década, fue nuestro segundo socio comercial.

¿Cómo se construyó la relación económica entre Colombia y Venezuela?

Todo inicia con la comunidad Andina, con la Junta del Acuerdo de Cartagena. Venezuela ingresó después del retiro de Chile, esto es importante porque Venezuela fue siempre el gran comprador de la comunidad Andina. En el año 1990 se hace la zona de libre comercio, pero esto solo evoluciona en el año 2000 en algo importante entre Colombia y Venezuela. Ambos países no solo construyeron una zona de libre comercio para el paso de todas las mercancías, sino que tuvieron un arancel externo común en casi un 90 %. Es decir que construimos un mercado común Andino, en el que se diseñaron todas las políticas conjuntas comerciales. Esto se desarrolló y se llegó a un máximo de intercambio comercial en el año 2008 con un valor cercano a los 7.500 millones de dólares, para este momento ya había un aspecto interesante de inversiones y, sobre todo, había institucionalidad, había reglas de juego claras y no había mayores dificultades, además de una excelente relación en el tema de las fronteras.

En 2006, Colombia y Perú firmaron acuerdos de libre comercio y avanzaron en negociaciones con Estados Unidos y con la Unión Europea. En respuesta, el presidente Chávez decidió retirarse del grupo Andino y adherirse a Mercosur. Esto implicaría, hacia el futuro, una dificultad para Venezuela de adherirse de nuevo a la comunidad Andina, porque tendría que renunciar a Mercosur o tener un waiver por parte de Mercosur. Pero realmente la gran crisis inicia en 2015, pues empieza a bajar representativamente el comercio binacional y vienen los cierres de fronteras. Los cálculos de la Cámara Colombo Venezolana indican que, por el cierre de la frontera entre Norte de Santander y Táchira, tenemos un comercio binacional cercano a los 1.200-1.300 millones de dólares de puro contrabando, lavado de activos y prácticas indebidas.

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Cuando llegó Chávez, en el año 99, ¿esa relación ya tenía una institucionalidad y unos mecanismos que considera adecuados?, ¿podríamos decir que para el 99 había una madurez en la relación económica?

Lo más importante es que ya existía la zona de libre comercio y todos los acuerdos que tenían que ver con política comercial. Estoy hablando de propiedad intelectual, política antidumping conjunta, salvaguardias, normas de competencia, entre otras; posteriormente ya con Chávez se diseñó el arancel externo común. Era muchísimo lo que se había avanzado en la constitución de un mercado común y una unión aduanera, por supuesto, y todo eso se vio virtuosamente reflejado en el comportamiento del comercio.

En 2006 se retira Venezuela de la comunidad Andina y a partir de ahí lo único que nos quedó como acuerdos e institucionalidad entre ambos países en materia de comercio e inversión, porque al retirarse Venezuela se negaron los acuerdos binacionales que ya se habían realizado, fue que los dos somos miembros de la Organización Mundial del Comercio y allí hay algunos acuerdos de inversiones, de mercancías agrícolas, de servicios y de solución de controversias y de propiedad intelectual, por supuesto.

¿En qué sectores estaba establecida de lado y lado esta relación comercial?, ¿qué es lo que Colombia le vendía a Venezuela y qué le compraba?

La balanza comercial ha sido profundamente desequilibrada a favor de Colombia. Es decir, aquí tenemos muchas más exportaciones hacia Venezuela que importaciones. Ese es un primer punto. El segundo es que ambos países éramos profundamente complementarios. Y digo éramos, porque en Venezuela se ha destruido la capacidad productiva en los sectores que voy a mencionar, básicamente eran unas cadenas.

Venezuela tenía, a partir de su gran potencialidad de petróleo, que sigue teniendo a pesar de que su producción es muy baja, una cadena petroquímica básica. Esa capacidad de producir radicales 1, el polipropileno, el propileno, el vinilo, daba la posibilidad de que fuera un gran exportador de física petroquímica que tenía complementaciones industriales y productivas fundamentales para Colombia. Esto tenía una interrelación directa con la producción de fibras sintéticas para los textiles, por ejemplo. También tenía encadenamientos profundos para el caso del plástico o los fertilizantes para el sector agroindustrial, ambas industrias encadenadas a los petroquímicos.

Un segundo sector que era muy importante tenía que ver con la siderurgia. Se importaban cerca de 10.000 toneladas mensuales de laminados en caliente que se convertían en laminados y que iban hacia la industria de empaques para alimentos o para toda la industria metalmecánica. Además, Venezuela tenía una gran producción de aceros redondos que se llamaban del sector de la construcción, donde había una profunda integración e intercambio intraindustrial entre ambos países. El tercer gran sector tiene que ver con la potencialidad de Venezuela de producir aluminio y el requerimiento de esta materia prima por parte de toda la industria metalmecánica colombiana, especialmente en el sector automotor. Nosotros importábamos ese aluminio.

Sin embargo, el petróleo, que ya no produce nada en la petroquímica, poco a poco se reincentivará. En Venezuela tienen toda la potencialidad del mundo, sabemos que son las mayores reservas petroleras, que se está reactivando la producción, que las sanciones están permitiendo que se recuperen las multinacionales. En el campo siderúrgico siguen teniendo la energía más barata del mundo, se recuperará la industria del aluminio y poco a poco se recuperarán los otros sectores. Esto será en un período de cuatro o cinco años, en donde esa complementación con la industria colombiana se volverá a producir. En el entretanto sigue habiendo un comercio binacional importante, pero en sectores diferentes.

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En Venezuela han crecido las exportaciones, pero su capacidad productiva en este momento está muy deteriorada y su capacidad exportadora también. Su mayor capacidad de exportación estaba en las empresas públicas: acero, aluminio, petroquímica y petróleo, empresas que ahora están privatizando, pero sus capacidades productivas están mejorando. Vemos claramente que ya en 2022 el crecimiento con respecto a 2021 es prácticamente del 78 %, las exportaciones han crecido un 70 % y las importaciones un 142 %.

Sigue habiendo contrabando por la frontera entre Norte de Santander y Táchira, en donde el presidente Duque ha impedido la apertura. Lo que podemos esperar es la apertura de la frontera el 7 de agosto y, si logramos sustituir el contrabando, podemos volver a ser (aunque ya lo somos, pero con mucha ilegalidad), la frontera más activa de Latinoamérica. No todo es malo y esto se dará en buenas condiciones.

¿Cómo se deterioró esa relación comercial?, ¿pudo Colombia haber hecho algo mejor?

Las diferencias políticas entre ambos países eran del cielo a la tierra. Sin embargo, hubo esquemas de cooperación informales.

Los norteamericanos, por ejemplo, iniciaron en la década de los 90 un Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA). Ese ALCA sencillamente era una zona de libre comercio y no un acuerdo de integración profunda, entonces lo se pretendía era hacer un tratado de protección de inversiones. Básicamente, en el sector de mercancías agrícolas, conservaron todos sus privilegios del General Agreement on Tariffs and Trade (GATT) de 1947 y nosotros no. Después, con el tratado de libre comercio, Estados Unidos nos vende todo lo que quiere, porque sencillamente ellos conservan las ayudas internas a sus productores.

No es que uno sea ineficiente, sino que no se puede competir con esos subsidios. Mercantilizaron todo en servicios, derechos fundamentales como la educación y la salud, además en propiedad intelectual protegían mucho sus monopolios, alejándonos de la libre circulación del progreso técnico para mantener monopolios. Todos los temas de desarrollo sostenible y protección del medio ambiente quedaron por fuera de estos acuerdos, que solo protegían las inversiones petroleras, carboníferas y demás, por encima de la protección del medio ambiente.

Esta incursión con estas condiciones implosionó la comunidad Andina. De un lado quedaron Colombia y Perú, y del otro estaban Venezuela y Bolivia.

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¿Qué implica volver a tener una relación económica con Venezuela?, ¿cuáles son los pasos que hay que dar?, ¿cuál es la realidad de ambos países que debemos leer para poder entrar a ese nuevo momento de relación en un marco de dialogo y cooperación?

Mirémoslo en dos etapas. La etapa de lo que es relativamente fácil, en el corto plazo, y la etapa de lo que significa reconstruir institucionalmente y con seguridad jurídica la relación colombo-venezolana.

Yo soy presidente de una cámara de empresarios, pero soy de una Cámara de empresarios que tiene un perfil más económico, más social y, efectivamente, yo tengo un perfil más social que empresarial. Entonces algo que hemos dicho desde la Cámara es que el principal aspecto es reconstruir la confianza en las fronteras. La confianza en las fronteras solo se reconstruye a medida que se recuperan los indicadores sociales. Ese último tema es el primer punto.

En el corto plazo, la apertura de la frontera, el transporte terrestre, las inversiones, la normalización de las relaciones consulares; todo esto va a significar romper algo que es dramático. Pues, ¿qué ha pasado con el cierre de la frontera? En Táchira, como en Norte de Santander, el desempleo es más alto, el ingreso per cápita es más bajo, la pobreza multidimensional en Norte de Santander es 25 % mayor.

Recuperar la confianza implica recuperar los indicadores sociales y eso implica, necesariamente, la apertura de la frontera para bienes y servicios de libre flujo. Importante también la recuperación de la ciudadanía binacional, para poder hacer la economía al servicio de la distribución del ingreso, las condiciones de empleo, la disminución de la informalidad, aumentar la seguridad y los derechos humanos, y que el sistema esté al servicio de los que produzcan y de un desarrollo sostenible. Si no atacamos ese problema no hay la seguridad.

En segundo lugar, para poder hacer un poco más estable la relación comercial hay que perfeccionar los acuerdos de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) en muy corto plazo, dando aún más seguridad jurídica a ese acuerdo binacional. Puede hacerse muy rápidamente ampliando los acuerdos de la ALADI, no solo en temas de defesa comercial, sino en temas de fronteras para mejorar indicadores sociales, institucionalidad y ese tipo de cosas.

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La diplomacia se hizo para dialogar con los que uno no está de acuerdo, no con los que uno está de acuerdo. Hay que llegar a un mínimo antes de restablecer embajadores entre Colombia y Venezuela. Para el largo plazo, la Cámara Colombo Venezolana cree que hay que volver a las ideas de la comunidad andina.

Los temas de reconstrucción debemos hacerlos institucionalmente, por convenio internacional, para recuperar la zona de libre comercio. Los temas de reconstrucción son poder recuperar acuerdos bilaterales y nacionales para una seguridad jurídica a las inversiones colombianas o a las venezolanas. Unos temas fundamentales de control y de institucionalidad. Recuperar los temas de competencia transparente. Y muy importante, temas de seguridad alimentaria. Los sistemas de complementación industrial productiva son fundamentales. Todo esto va a significar al menos cinco años de negociaciones diplomáticas en materia comercial. Para terminar, todo esto es inevitable, para allá vamos. Nos hicieron perder el tiempo durante cinco años por la ideologización de las relaciones y no permitir que cada quien se autodetermine. Vamos a construir y para allá vamos, ese es el esquema virtuoso que se está presentando y no hay otra forma sino de mirar positivamente el futuro de la integración de Colombia y Venezuela.

¿En medio de la desconfianza, que tiene muchos actores, cree que es posible construir una relación económica gana-gana para ambas naciones?

Sí. Las repúblicas independientes existen entre Colombia y Venezuela. Esas repúblicas independientes tendrán que hacer acuerdos conjuntos, institucionales, entre las fuerzas armadas institucionales, entre las cancillerías, para combatir todo tipo de prácticas ilegales y por lo menos para pellizcar todos los problemas del narcotráfico. Este no es un problema ni ideológico, ni político. Este es un problema que tiene que ver con intereses económicos fundamentales que se mueven en esas zonas y esos intereses son muchas veces las raíces de nuestros males. Tienen que ver con el narcotráfico y con actores armados no institucionales en esas regiones y los actores armados institucionales, que, en parte, tienen problemas de corrupción. No olvidemos las fuerzas armadas ideologizadas con grandes problemas.

Reconstruir esa relación implica también tener unos acuerdos mínimos en fronteras para contribuir a eliminar en parte la criminalidad y restituir los derechos humanos y sociales a través de inversiones en esa población, que es una población que es rehén de la criminalidad.

*Asesor de la Fundación Paz y Reconciliación.

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