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Las catástrofes más caras de 2007

Ante la inminencia de un aumento en los desastres naturales y sus catastróficas consecuencias, las aseguradoras adelantan esfuerzos para que los países, sobre todo los que están en vías de desarrollo, empiecen a protegerse.

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Angélica Gallón Salazar
11 de diciembre de 2007 - 03:04 p. m.
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Durante 2007 muchas ciudades azotadas por terribles catástrofes naturales tuvieron que sacudirse el polvo, recoger escombros, desaguar calles y edificios y enterrar a centenares de sus víctimas. Las agencias de noticias internacionales registraron las inundaciones en México y Pakistán, el monumental incendio en California, el Tifón Whipa en Shangai, el Huracán Félix que azotó Nicaragua y Honduras, los terremotos en Perú y Chile, las inundaciones en la costa Caribe colombiana y un tornado sin precedentes en Bogotá, eventos que, según los medios locales, sumaron pérdidas por algo más de US$8.000 millones.

"Se ha pasado de una media de 120 catástrofes anuales a principios de los años 80, a unas 500 catástrofes anuales en los últimos años, poniendo en evidencia que el número de desastres relacionados con el clima se ha multiplicado por cuatro", asegura el informe "Alarma climática", publicado el 25 de noviembre por Oxfam Internacional*, que añade que el número de personas afectadas por todo tipo de desastres ha aumentado de una media de 174 millones al año entre 1985 y 1994, a 254 millones de personas cada año desde 1995.

Para expertos de las compañías de seguros, lo que se ha visto sobre todo en estas últimas décadas no es tanto un incremento en los desastres naturales, como que "el índice de población y su localización dentro de los países han cambiado radicalmente, haciendo que todo esté más concentrado en las ciudades, ampliando enormemente la capacidad de afectación", explica Carlos Valera, director de la Cámara de incendios y terremotos del gremio de las aseguradoras Fasecolda, quien añade que en opinión de Swiss Re y Munich Re -la primera y cuarta aseguradoras más grandes del mundo- "un terremoto en Tokio tiene el potencial de provocar una recesión económica mundial, por el inmenso daño que podría causar el devastamiento de ese pequeño territorio".

Pero a pesar de que los estudios y el bombardeo mediático registran constantemente las grandes y pequeñas catástrofes ambientales, un reporte entregado a las aseguradoras, realizado por El Banco Mundial, afirma que entre 1970 al 2002, el 92,6% de las pérdidas que se generaron por eventos de catástrofes naturales en los países en vía de desarrollo fueron asumidos por los Estados. El pequeño porcentaje restante estaba protegido por los seguros. "El nivel de desprotección en el que están estos países era y sigue siendo altísimo", asegura Varela.

La desprotección ante desastres ambientales es tan alarmante en Colombia como en los otros países de su categoría. En una encuesta que contrató Fasecolda en el país, de los entrevistados, sólo el 5% poseía un seguro del hogar, que es el seguro indicativo de las personas que estarían cubiertas ante cualquier tipo de evento natural.

Para el presidente de Liberty Seguros, Mauricio García, el grave problema está en que en los países en desarrollo, y sobre todo en Colombia, no existe cultura de seguros. "En lo que tiene que ver con eventos naturales, los colombianos piensan: ¡esto no me va a pasar a mí!, yo he vivido acá 57 años de mi vida y eso nunca me ha pasado. Como la gente no percibe una amenaza, las personas no compran un seguro", comenta el presidente de la aseguradora.

El papel del gobierno

Pero la desprevención frente a lo devastador que puede ser un evento natural, no sólo se presenta en los individuos que no ven ante qué deben protegerse; también está presente en los gobiernos. La baja penetración de seguros de incendios y catástrofes ambientales es, para Carlos Varela, una de las razones importantes para que la reconstrucción de los países en desarrollo que han sufrido un desastre sea tan lenta.

Según registros de medios de comunicación internacionales, el Huracán Andrew, por ejemplo, ocasionó US$30.000 millones en pérdidas en su paso por Estados Unidos en 1992. Sin embargo, el 75% de esas pérdidas fue asumido por las aseguradoras. Por el contrario, los deslizamientos e inundaciones que azotaron a China en 1996, provocaron un perjuicio económico de 24.000 millones de dólares, pero sus seguros no alcanzaron sino a cubrir un 2% del total de las pérdidas.

No hay que ir tan lejos para entender que al transferir el riesgo, es decir, al poner los costos de las pérdidas en un tercero, es más fácil volver a poner en funcionamiento el aparato productivo. "Si comparamos el Huracán Charlie, en Estados Unidos, que fue uno de los que generó perdidas más altas en el mundo, con la catástrofe del terremoto de Armenia, la recuperación del primero se hizo en tres meses, mientras que la recuperación del segundo evento aún se sigue gestando. La diferencia está en que en el caso colombiano tan sólo el 10% de las pérdidas directas estaban aseguradas", explica Varela, quien añade que en Colombia se gasta en seguros un promedio de US$69 per cápita al año, una cantidad mínima si se tiene en cuenta que en Estados Unidos el promedio es US$3.800 per cápita al año.

Sin embargo, ante la baja penetración de seguros contra catástrofes, en el país ya se empiezan a tomar cartas en la materia. Manizales es hoy en día una ciudad ciento por ciento asegurada contra desastres naturales, "pues sus gobernantes, siendo conscientes sobre todo de la amenaza de terremoto que se cierne sobre esta región, inventaron un modelo para cobrar dentro del impuesto predial un seguro que blindará la ciudad ante un riesgo inminente", cuenta Varela, quien concluye que ciudades como Bogotá, en donde las aseguradoras tendrán que pagar más de $16.500 millones por la granizada y el ciclón que la azotó hace algunas semanas, han entendido que "para cualquier situación, aun si parece que su ocurrencia es imposible, existe un seguro que puede ayudar a contrarrestar el alto impacto económico que genera".

* Oxfam Internacional es una confederación de 13 organizaciones que trabajan en conjunto con 3.000 organizaciones locales en más de 100 países para encontrar soluciones definitivas a la pobreza y atender damnificados de catástrofes.

Por Angélica Gallón Salazar

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