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Las señales más comunes de un jefe tóxico, según expertos

Especialistas en liderazgo y bienestar laboral advierten que ciertas conductas de los jefes pueden deteriorar el ambiente de trabajo, aumentar el estrés y afectar el desempeño de los equipos.

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Diego Ojeda
17 de mayo de 2026 - 11:15 p. m.
Cifras manejadas por el Global Wellness Institute alertan que casi 8 de cada 10 trabajadores reporta niveles moderados y altos de estrés laboral. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) también señala que el 15 % de las enfermedades laborales están asociadas a trastornos mentales.
Cifras manejadas por el Global Wellness Institute alertan que casi 8 de cada 10 trabajadores reporta niveles moderados y altos de estrés laboral. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) también señala que el 15 % de las enfermedades laborales están asociadas a trastornos mentales.
Foto: Pixabay
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Cada vez es más común hablar sobre los efectos negativos de un mal ambiente laboral. Organizaciones como la OMS han advertido sobre su impacto en la salud mental y el bienestar, mientras que más empresas y líderes reconocen que su forma de dirigir influye de manera determinante en la vida y el desempeño de los colaboradores.

Cifras manejadas por el Global Wellness Institute alertan que casi 8 de cada 10 trabajadores reporta niveles moderados y altos de estrés laboral. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) también señala que el 15 % de las enfermedades laborales están asociadas a trastornos mentales.

En entrevista con El Espectador, el presidente de la Federación Colombiana de Gestión Humana (ACRIP) , Juan Carlos Ramírez, no duda en señalar que “estamos ante una pandemia silenciosa que afecta la competitividad del país”.

La OMS reconoce este problema bajo el nombre de síndrome de burnout, o trabajador quemado. Aunque no se clasifica como una enfermedad, sí está incluido en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) como un fenómeno ocupacional.

Según la OMS, surge del estrés laboral crónico que no ha sido gestionado con éxito y se caracteriza por tres elementos: sensación de agotamiento o falta de energía, mayor distanciamiento mental o sentimientos de cinismo frente al trabajo, y una disminución en la eficacia profesional.

Aunque son diversos los factores que lo generan (como las condiciones laborales, las relaciones con los compañeros y la cultura organizacional), el impacto de un mal liderazgo o un jefe tóxico también es determinante.

Por ejemplo, un estudio adelantado por Gallup encontró que, entre los cinco principales factores con mayor correlación con el agotamiento laboral, la influencia del liderazgo resulta determinante:

  1. Trato injusto en el trabajo
  2. Carga de trabajo inmanejable
  3. Comunicación poco clara por parte de los gerentes
  4. Falta de apoyo del gerente
  5. Presión de tiempo irrazonable

Señales que delatan a un jefe tóxico

Para el docente del programa virtual de Tecnología en Gestión de Talento Humano de Areandina, Ricardo Rojas, una de las indiscutibles tiene que ver con la medición del desempeño.

Detalla que, aunque necesaria, esta labor se vuelve tóxica cuando se transforma en una vigilancia permanente, en una presión desordenada o en un mecanismo de castigo. Aquí el error se basa en confundir control con liderazgo.

“En esos casos, en lugar de mejorar los resultados, puede aumentar el desgaste, disminuir la calidad del trabajo y deteriorar la confianza. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que factores como cargas excesivas, bajo control sobre la tarea y apoyo insuficiente afectan la salud mental en el trabajo; además, estima que la depresión y la ansiedad provocan la pérdida de 12.000 millones de días laborales al año en el mundo”, añade.

El psicólogo clínico del Bedrock Psychology Group, el Dr. Paul Losoff, señaló en el portal Verywell Mind otras señales asociadas a comportamientos de liderazgo tóxico en entornos laborales.

Describe que este tipo de líderes no tienen en cuenta el bienestar ni el desarrollo profesional de sus colaboradores, provocando incluso que muchos detesten sus trabajos.

Las banderas rojas en los jefes tóxicos suelen evidenciarse en conductas como la crítica constante sin retroalimentación constructiva, centrada únicamente en señalar errores. También se observa cuando se apropian del mérito de ideas o trabajos ajenos, desconociendo las contribuciones del equipo.

Otro indicador es la falta de respeto hacia los colaboradores, que se refleja en la descalificación de sus ideas, las interrupciones frecuentes o la omisión de sus aportes en espacios de discusión. A esto se suma el control excesivo de las tareas, una práctica de microgestión que reemplaza la orientación y el desarrollo de autonomía por una supervisión detallada que evidencia desconfianza.

Asimismo, el favoritismo dentro del equipo es otra señal recurrente: asignación preferencial de proyectos, mayor visibilidad en reuniones o elogios desproporcionados hacia ciertos empleados, generalmente sustentados en sesgos, lo que puede generar tensiones internas y fragmentación del grupo.

Finalmente, estos comportamientos se complementan con la falta de escucha activa, la poca apertura a la retroalimentación y, en algunos casos, la desmotivación o ausencia de iniciativa en el rol de liderazgo.

Los expertos también señalan que no existen los liderazgos perfectos, pero sí los líderes que buscan mejorar. Es probable que, en algún momento, alguna de estas banderas rojas se haya levantado.

Las recomendaciones apuntan a evitar las estructuras jerárquicas en el trabajo, los tratos preferenciales y la búsqueda de mentorías y realimentación que ayuden a ver los aspectos en los que hay que mejorar.

Más allá de identificar estas señales, el reto está en reconocerlas y verlas como una oportunidad de mejora. Parte importante del buen liderazgo consiste en escuchar, corregir y construir relaciones laborales más sanas.

En un entorno donde el bienestar del equipo impacta directamente los resultados, reflexionar sobre el propio estilo de dirección no solo es un acto de responsabilidad, sino también una condición clave para fortalecer la confianza, la productividad y la sostenibilidad de cualquier organización.

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