Ajustes en las perspectivas para 2018

Las tareas pendientes de la economía en Colombia

El Gobierno saliente no encontró el camino para la recuperación total, a pesar de que la tendencia mundial mejora, según analistas. ¿Qué retos debe asumir el próximo presidente para estimular el crecimiento?

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Para Sergio Clavijo, presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF), el argumento que relaciona el bajo crecimiento de la economía colombiana con la desaceleración que atravesó el mundo en años recientes (derivada de la caída en los precios de las materias primas) no resulta del todo convincente. “El mundo macroeconómico ha mejorado sustancialmente, más de lo que nos imaginamos si lo comparamos con la situación hace 12 o 18 meses; hubo un repunte en Estados Unidos, Europa y los países emergentes. Pero ¿cuánto de este oleaje le llega a América Latina y a Colombia? Muy poco”.

Para el dirigente gremial, algo está fallando, y encontrar esa fuga será el desafío del nuevo gobierno. Esa deficiencia también daría cuenta de por qué la recuperación de la economía nacional es modesta: “El año pasado, el crecimiento fue inferior al 2 % y para éste nos tiene postrados debajo del 3 % anual”, dijo Clavijo durante un evento organizado en Bogotá por Council of the Americas, en el cual se analizaron las perspectivas de la economía colombiana.

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El análisis de la ANIF apunta que Colombia está excesivamente recargada en commodities, sujeta a una apreciación cambiaria y no ha logrado una reducción en las ineficiencias del sector productivo. Por esto, sus perspectivas de crecimiento para este año y el próximo se ajustaron a la baja: 2,3 % y 3 %, respectivamente.

Y no fueron los únicos en “poner el freno de mano”, como lo dijo el mismo Clavijo. Fedesarrollo también bajó las proyecciones a 2,4 %, especialmente después de ver que los estimados para el primer trimestre del año estaban por encima de la realidad (2,2 %). Con el escenario actual resulta difícil pensar en crecimientos a tasas de 4,5 %, como los registrados hace una década.

La dinámica se entiende cuando se revisan los sectores en los que, como país, hemos puesto la confianza para ganar competitividad (construcción, minería e industria) y se evidencia que, justamente, fueron estos los que peor se comportaron en el primer trimestre del año, con caídas de 8,2 %, 3,6 % y 1,2 %, respectivamente.

“Algo está fallando a nivel de estructura. No es un fenómeno, es algo en la forma como está organizada la economía, que no nos está permitiendo aprovechar el sector productivo”, advirtió Clavijo.

Asimismo, los escenarios socioeconómicos de Venezuela y Ecuador, que reducen su crecimiento a corto plazo, también golpean a Colombia. El próximo gobierno deberá, entonces, tratar simultáneamente los problemas locales y atenuar la influencia e impacto de los externos.

Según Maure Leos, director general de Moody’s, una de las mayores preocupaciones tiene que ver con el deterioro que viene mostrando el perfil crediticio del Gobierno colombiano. Por un lado, la carga de la deuda se ha elevado y hoy representa 48 % del PIB; por otro, la carga de intereses sobre los ingresos del Gobierno también ha crecido y actualmente equivale al 12 %.

Esto significa, en palabras de Leos, que hay menos espacio fiscal, “lo que será un reto para el próximo presidente”. Pero a eso se suma que Colombia es uno de los países menos flexibles presupuestalmente: 85 % del gasto está destinado a rubros obligatorios. “Su rigidez complica el ajuste fiscal; ese es un tema que debe atenderse, discutirse en el Congreso”, subrayó el directivo.

En conclusión, si bien es prioritario hacer algo con los ingresos, no es suficiente si no se corrigen los gastos.

Los analistas externos coinciden en que la fórmula para alcanzar un crecimiento importante los próximos años está en la inversión y el éxito de las vías de cuarta generación (4G), la implementación de los acuerdos del posconflicto y su repercusión, la habilidad para sortear los choques externos por el mercado de las commodities y la confianza inversionista, tanto local como extranjera.

El termómetro de los inversionistas

Leos dijo que los mercados esperan que se concrete una serie de temas por parte del próximo Gobierno para tomar una posición, como la agenda legislativa, el plan de gobierno, las reformas a implementar y el balance de las fuerzas políticas.

“Esos serán los puntos que estaremos monitoreando en la nueva administración y que van más allá de la retórica electoral. Queremos ver, con múltiples problemas, cuáles van a ser las prioridades, qué metas se plantearán y si son realistas y, también, la relación del Ejecutivo con el Legislativo, ahora que en la región se ve cada vez más un mayor protagonismo de los congresos”, indicó Leos.

De hecho, la última calificación soberana de esta firma a Colombia, en febrero de 2018, fue BAA2, lo que significa que tiene un grado de inversión promedio, con perspectiva negativa. Esto quiere decir que 18 meses más tarde (a mediados de 2019) se evaluará de nuevo la situación del país, “porque tenemos serios cuestionamientos a mediano plazo respecto al crecimiento, el desempeño fiscal y la rigidez presupuestal”.

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Del nuevo Gobierno depende en gran parte lo que suceda con la calificación de Moody’s y las demás firmas que, haciendo el mismo ejercicio, no ven un gran despegue en la economía colombiana.

Munir Jalil, economista jefe para la región andina de Citi, explicó que la percepción de los inversionistas internacionales frente a cualquier país depende de unos mínimos, entre los que están la consolidación fiscal, el nivel de endeudamiento, la capacidad de recuperación ante choques externos y la implementación urgente de una serie de reformas, comenzando por la pensional.

Ante los posibles escenarios presidenciales, Jalil manifestó que algunas promesas de campaña no se van a poder cumplir por las limitaciones fiscales del país, además de porque el próximo Gobierno no se puede arriesgar a la desinversión de los llamados “capitales golondrina”, es decir, aquellos que muestran mayores fluctuaciones durante las coyunturas.

A su vez, el hecho de que una parte muy importante de la inversión sea de este tipo “obliga a quien gobierne a no arriesgar, pues ellos mismos imponen restricciones hacia adelante y se sabe que si se van del país generarían grandes problemas”, según Jalil.

 

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