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Cada vez que ocurre un accidente en una carretera del país, sin importar si es una vía sin pavimento, asfaltada o si es operada por un particular o por el Gobierno, se aduce la falta de recursos.
Si bien esto es cierto, eso no fue lo que ocurrió en la vía Medellín-Quibdó, una verdadera trocha, donde pese a existir un contrato con recursos para hacer transitable la vía, éste no se inició cuando se debía.
Hoy, en el país, hay más de 500 puntos críticos, es decir, sitios en las carreteras donde se puede presentar un accidente que deje víctimas, de acuerdo con el Fondo de Prevención Vial.
La mayoría de los puntos críticos obedecen a problemas geológicos —peligro por el desprendimiento de rocas—, atribuidos al deterioro forestal de las montañas.
Hace dos años, durante una Semana Santa, un alud gigantesco provocó la muerte a varias personas en la vía a Buenaventura.
Con el sismo de mayo del año pasado, el corredor Bogotá-Villavicencio, una vía en la que se invirtieron cerca de US$500 millones, presentó una serie de derrumbes que provocó su cierre durante varios días.
Esto mismo ocurre en La Línea, donde los desprendimientos de piedras y tierra ponen en riesgo a los usuarios de la vía.
Otra carretera con estos mismos problemas es Bogotá-Manizales, donde se presentan continuos deslizamientos (ver mapa).
Pero existen otras que han sido catalogadas como las vías de la muerte, en las que se han registrado repetidos accidentes con un gran número de personas muertas y heridas.
Estas carreteras de la muerte, que se encontraban llenas de cráteres, causaron accidentes a varios usuarios de las vías. Entre las que presentan mayores índices de accidentalidad se encuentran seis carreteras de la Costa Atlántica, donde el paso de vehículos de carga deterioró el pavimento, lo que provocó la aparición de huecos, los cuales no fueron reparados con rapidez por parte del concesionario o del Invías, lo que se convirtió en una trampa mortal.
Pero fuera de estas carreteras, que supuestamente fueron construidas con estudios y diseños que se suponía reducirían el índice de accidentalidad, existen las olvidadas, las que no conocen ni un centímetro de pavimento, que como la de Medellín-Quibdó se encuentran a lo largo de 17.000 kilómetros, distribuidos por todo el país.
Con la desaparición de Caminos Vecinales, estas vías pasaron a manos del Invías, entidad que con planes como el 2.500 han venido pavimentando y mejorando la conexión entre las regiones.
Pero aún faltan muchos kilómetros que cada día, en vez de mejorar, se seguirán deteriorando y poniendo en riesgo a los usuarios, como ocurre en departamentos como Chocó, Putumayo, Caquetá, Nariño, Meta, Huila, Eje Cafetero, Tolima, es decir, una gran parte del país.
El ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, señaló que la licitación del proyecto que intervendrá el corredor de Medellín-Quibdó se encuentra suspendido, pero que el martes próximo se reabrirá el proceso para hacer inversiones cercanas a los $60 mil millones.
Así mismo, el funcionario solicitó a la Fiscalía que inicie una investigación para determinar la responsabilidad de las partes en el siniestro que hasta hoy deja 22 muertos.
Gallego señaló que inclusive a él lo pueden investigar, para determinar la causa del lamentable hecho.