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Lingotes de oro 'made in Colombia'

Se trata de la refinería Ciigsa, una factoría que desde hace 15 años trabaja con los más altos estándares de calidad. El año pasado exportó 4,5 toneladas.

Jairo Chacón González
21 de mayo de 2012 - 09:00 p. m.

El calor infernal producido por los tres hornos de gas, con diseño estadounidense pero fabricados en Medellín, que trabajan a una temperatura de 1.100 grados centígrados, no espanta el deseo de ver cómo un amasijo de metales extraídos de las minas antioqueñas se convertirá, pasados por las manos de Diego Botero y Jorge Tobón, en un bloque de oro sólido, brillante y puro, de unos 21 kilos, que en el mercado de Nueva York o de la Zona Euro podrá costar algo más de US$1,2 millones.

Se trata de la refinería Ciigsa, que desde hace 15 años trabaja con los más altos estándares de calidad en el sector industrial de la capital antioqueña y la cual, aunque pasa desapercibida ante los ojos de los habitantes que a diario transitan por la calle 4 sur de Medellín o Avenida de los Industriales, el año pasado exportó 4,5 toneladas de oro por un valor de US$181 millones, cifra que varía todo el tiempo no solo por la volatilidad del dólar sino del metal.

Allí mismo, pero en un segundo piso, al que se accede por unas escaleras de caracol, como si se tratara de una réplica de una mina subterránea, pero en acero, se encuentra Jaime Ignacio Gutiérrez Bernal, al frente de un televisor de 42 pulgadas, que utiliza no precisamente para ver los partidos de la Liga Española y de su Nacional del alma, sino para monitorear segundo a segundo la evolución del precio del oro en el mercado de Nueva York en Bloomberg, negocio en el que lo metió su padre desde hace muchos años y en el que es feliz pese a las dificultades que los obligaron a dejar varias sociedades con las familias Escobar y Álvarez y Gutiérrez, las de mayor tradición en este negocio, para crear Ciigsa.

Pese a estas complicaciones este ingeniero civil, gerente de la compañía, siguió los pasos de su padre, quien aún se mantiene en el negocio a pesar de su edad, pero a unos pocos metros del ‘búnker’ o zona de refinado en el primer piso, ya que a sus 90 años no le es fácil subir a la oficina de su hijo, desde donde se desarrolla el plan que él considera como la herramienta que erradicará la informalidad de la minería del oro.

Se trata de una especie de club, al que no pude acceder todo el mundo que tenga oro y que quiera vendérselo. Para convertirse en proveedor se requiere que tengan títulos mineros y que puedan demostrar que el oro que poseen viene de la extracción legal. Es decir, que sean empresas formal y legalmente constituidas.

De este grupo de proveedores hacen parte las más grandes mineras del país, como la canadiense GranColombia Gold, a la que la familia Gutiérrez Bernal le abrió las puertas para convertirlo en su socio estratégico. Aquel con quien estrechó lazos luego de concretar los negocios de compra y venta de títulos mineros en los que incursionó Ciigsa para facilitar la operación de los empresarios internacionales en el mercado nacional.

Y así, mientras hablamos de la empresa que espera pasará de exportar 4,5 toneladas a 6 toneladas de oro, lo que la mantendrá entre las cinco primeras compañías en la refinación y comercialización de este metal en el país, recibe una llamada de ‘los mosqueteros del metal’, Diego y Jorge, para avisar que ya van a fundir el lingote final, y nos invita a observar el proceso.

Antes de bajar por la escalera de caracol al búnker del metal más apetecido, explica que Ciigsa tiene que ampliar su nicho de mercado. Y para lograrlo están trabajando con la Cámara de Comercio de Medellín, el Ministerio de Minas y Energía y las alcaldías de los municipios epicentros de la operación minera. La finalidad: formalizar a los mineros artesanales, con lo cual podrán comercializar su producción.

Ya en la zona de fundición, Diego Botero, un empleado que llegó a Ciigsa recomendado por su hermano pero sin tener el conocimiento del proceso, explica a los visitantes el detalle de la refinación: una vez el dore (amasijo de metales fundidos de manera artesanal en las minas) llega a la refinería, se procede a refundirlo y se hacen placas delgadas pues el metal no queda homogéneo en las minas. “Éstas se someten a un baño electrolítico, es decir, a fuertes choques eléctricos, lo que permite que el oro se vaya al ánodo (lado negativo del proceso eléctrico) y la plata y otros metales al cátodo (lado positivo del proceso). Luego de esto el oro se vuelve a fundir y se separan los otros metales”, explica Didier Alzate, jefe de producción de la refinería, quien también se une al grupo.

“El oro resultante es sometido a un baño para eliminar las trazas, lo que permite que exista una mayor pureza, para luego someterlo a 1.100 grados centígrados, el último proceso antes de convertirse en el lingote tipo exportación que terminará en Estados Unidos o Suiza, donde se encuentran las grandes empresas de refinación del mundo”, sostiene Gutiérrez Bernal, luego de levantar en compañía de su padre el lingote de 21 kilos. Pero éste tiene una condición especial: será enviado a India, un nuevo mercado al que empezarán a llegar para alimentar las fábricas de joyería. De aquí no se mueve nada si no va en un camión de seguridad. Esta barra se envía puerta a puerta, para lo cual se paga un banderazo de US$1.800 y a esto se adicionan US$1,50 por kilo, lo que garantiza que llegará a su destino final, explica Jaime Gutiérrez.

Este nuevo proyecto de empresa, que está cumpliendo tres quinquenios, ha permanecido impermeable a métodos poco ortodoxos que emplean otras compañías, como la estrategia de pagar menos regalías, o declarar las regalías en un municipio distinto a aquel de donde se extrajo el oro, recalcan sus propietarios.

Todas estas prácticas son las que no les permiten a algunas empresas o mineros sin títulos acceder a lo que ellos llaman ‘el club del oro que más brilla’. Lo dicen, entre otros, por su pureza, explican los empresarios, quienes consideran que deben ampliar su negocio y para ello harán inversiones este año por US$800 mil en la compra de un horno que reemplazará los tres de gas con los que hasta hoy se han fundido 1.878 lingotes de oro de diferentes pesos y que han llegado a distintos puntos del mundo.

Adicionalmente, técnicos franceses llegarán a la refinería de la Avenida de los Industriales de Medellín para repasar los métodos de refinación, todo esto con miras a renovar los votos del proceso, el cual estará acompañado del certificado de procedencia del oro, lo que le da mayor credibilidad y permite que el producto de Ciigsa sea más apetecido en el mercado internacional. Por ahora “seguiremos trabajando en la búsqueda de elementos que nos permitan contribuir en la construcción de una política segura y responsable”, apuntan padre e hijo. Y enfatiza ‘Guti’: esta vez de la mano de la nueva generación.

Por Jairo Chacón González

 

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