Opinión

Los cisnes negros de los mercados en 2018

Los cisnes negros son inesperados, tienen un efecto dramático y es posible racionalizarlos después de su ocurrencia. Este es un listado de los menos obvios que pueden aparecer en este año.

El presidente Donald Trump podría ser uno de los factores de desestabilización económica en 2018. / AFP

Los cisnes negros no son obvios, pero equivocadamente muchos analistas catalogan ciertos posibles eventos ampliamente discutidos como cisnes negros. Para sacarlos del medio, los más mencionados en estos últimos días son un efecto imprevisto del alza de tasas de interés de la Reserva Federal, un conflicto con Corea del Norte, la caída brutal del bitcoin, una súbita sorpresa negativa de la economía china (un país autoritario siempre está expuesto a ellas) y la elección de gobiernos antimercados en Europa (Italia) y América (México y Brasil). Creo que de todos estos el que está más subestimado es la posible elección de Andrés Manuel López Obrador en México, quien está logrando convencer a una parte no menor de empresarios y analistas de que realmente no es tan autoritario, incompetente y socialista como su pasado lo indica.

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Los siguientes candidatos a cisne negro de 2018 pueden sonar descabellados, pero sus efectos pueden ser devastadores:

-Sorpresa negativa imprevista, financiera, reputacional, o de otro tipo, de una de las acciones tecnológicas lideres conocidas como FAGMA (Facebook, Apple, Google, Microsoft y Amazon), cuya capitalización bursátil combinada es de US$3,3 trillones.

-Rabieta de Trump que termine en un conflicto armado (y ojalá no sea nuclear) ocasionada por una pérdida de poder derivada de ganancias electorales de los demócratas, una deslealtad de los republicanos, sus crecientes escándalos personales o cualquier otro evento que le haga perder el control.

-Conflicto armado (y de nuevo, cruzando los dedos que no sea nuclear) derivado de Rusia, la potencial mundial más inestable del mundo pues su fragilidad económica se esconde detrás de su enorme arsenal militar que utiliza de manera sagaz en el Medio Oriente y, por qué no en un futuro, en una desesperada Venezuela.

-Un alza dramática del dólar derivada de la reforma fiscal de EE.UU., y más específicamente, de la posible oleada de repatriaciones de dinero acumulado en el extranjero de multinacionales americanas. Subidas intempestivas del dólar generan caos dado su impacto en flujos de inversión y comercio, y posiciones de endeudamiento, en especial en mercados emergentes.

-La elección de Corbyn como primer ministro en el Reino Unido. Corbyn es el líder más anti-mercado y antisistema que existe hoy cercano al poder en los países relevantes del mundo.

A pesar del dramatismo de estas eventualidades, lo más posible estadísticamente es que ninguna de ellas ocurra en 2018, o que las más previsibles no tengan efectos tan desestabilizadores: en otras palabras, que 2018 sea un año aburrido para los mercados en el que no haya alzas ni caídas espectaculares en acciones, monedas, o títulos de renta fija. La economía mundial parece estar en un estado mezclado de recuperación y calma que debiera proveer un ambiente propicio para este escenario, por lo menos durante los próximos doce meses.

¿Y qué tal que no? ¿Y que tantos días despejados son presagio de que cuando llueva va a ser en forma de tormenta? ¿Y que la recesión, tan anunciada para 2019, se adelante?

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P.D. La elección de jugadores del año en el fútbol ya se está volviendo monótona. Tal vez es la parsimonia de los medios y el peso del reconocimiento de las marcas Ronaldo y Messi. Mientras tanto, dos de los mejores jugadores del mundo son belgas y juegan en la liga inglesa vestidos de celeste y azul: Kevin de Bruyne y Eden Hazard. En el ranquin de la FIFA quedaron 21 y 30, respectivamente. Terminarán mucho más arriba en un año.