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¿Cómo el mundo tapó el hueco que dejó el cierre del Estrecho de Ormuz?

Un informe de la Agencia Internacional de la Energía repasa cómo cayeron las reservas, se abrieron rutas alternas y las refinerías se reinventaron sobre la marcha mientras los flujos por Ormuz se desplomaban de 20 a 2,7 millones de barriles diarios.

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04 de julio de 2026 - 10:58 p. m.
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Entre marzo y mayo, el petróleo que sale del Golfo Pérsico por el Estrecho de Ormuz cayó de 20 millones de barriles diarios a apenas 2,7 millones. Es la mayor interrupción de suministro petrolero registrada hasta ahora, con pérdidas acumuladas que ya superan los 1.300 millones de barriles desde que estalló la guerra en Oriente Medio, el 28 de febrero. Aun así, el mercado petrolero no se quebró como muchos temieron. ¿Por qué?

De acuerdo con un blog publicado el 22 de junio por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), las reservas mundiales de petróleo se vaciaron a un ritmo récord, aparecieron rutas de exportación que esquivaban el Estrecho y el sistema global de refinación tuvo que ajustarse de golpe para compensar no solo el crudo que dejó de salir de Oriente Medio, sino también los combustibles ya refinados que la región dejó de enviar.

Todo esto mientras, en abril, el crudo Dated Brent del Mar del Norte, el precio de referencia física para el mercado petrolero internacional, tocaba un máximo histórico de USD 144 por barril, más del doble de lo que costaba antes de la guerra.

Así fue esta “reconfiguración” del sistema petrolero global.

Sobraba petróleo antes de la guerra

En primer lugar, hay que decir que cuando todavía no había estallado la guerra, los balances de la propia AIE proyectaban un superávit de 3,7 millones de barriles diarios para 2026. Venían doce meses en los que el mundo producía más petróleo del que consumía, y las existencias almacenadas ya llegaban a 8.200 millones de barriles.

China tuvo mucho que ver en esa acumulación. Durante meses el país había estado comprando petróleo muy por encima de sus necesidades inmediatas y guardándolo. Esa reserva, sumada a una demanda más débil tanto en refinerías como entre consumidores finales, le permitió recortar sus importaciones de crudo en 40 %, es decir, 4,6 millones de barriles diarios entre febrero y mayo.

Cuando el tráfico de buques petroleros por Ormuz se desplomó a comienzos de marzo, fue ese superávit acumulado durante el año anterior el que evitó que el golpe se sintiera de inmediato en toda su magnitud.

Ese “colchón” que creaba el superávit, por grande que fuera, tenía un límite.

La respuesta de emergencia

Antes de que la AIE decidiera abrir sus propias reservas, el mercado ya se estaba vaciando por su cuenta. Los precios altos empujaron a productores, comercializadoras y refinerías a sacar petróleo de sus inventarios privados a un ritmo que no se había visto antes: en promedio, 3,8 millones de barriles diarios menos desde que arrancó el conflicto. La liberación de 400 millones de barriles que decidió la Agencia se sumó a ese proceso, no lo sustituyó.

Cuando la magnitud del cierre se hizo evidente, a comienzos de marzo, los países miembro de la AIE llegaron a un acuerdo unánime para liberar esos 400 millones de barriles de sus reservas de emergencia en solo dos semanas desde el arranque del conflicto. Es la mayor liberación de este tipo en la historia de la Agencia.

El superávit que el mercado traía acumulado solo iba a amortiguar hasta cierto punto una pérdida de esta magnitud, sobre todo porque algunas economías asiáticas, las que en tiempos normales reciben la mayoría del petróleo y el gas que pasa por Ormuz, empezaron a sentir los efectos casi de inmediato.

Y aunque el panorama global mostraba superávit, otros mercados más específicos, el del diésel y el del combustible de aviación entre ellos, estaban mucho más ajustados y expuestos a cualquier tropiezo en el Estrecho.

La liberación se fue intensificando semana a semana después del anuncio del director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol. Primero se movieron los países de Asia-Pacífico, para atender las tensiones más inmediatas en su propia región, y luego se sumaron los demás. Para mayo, la acción colectiva ya estaba metiendo al mercado 2,5 millones de barriles diarios adicionales.

Birol ha repetido que liberar reservas de emergencia es una medida de corto plazo, no una solución de fondo. Lo que de verdad resuelve el problema, ha insistido, es la reapertura total e incondicional del Estrecho.

Manual para no depender del Estrecho de Ormuz

El oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, que termina en el puerto de Yanbu, sobre la costa saudí del mar Rojo, pasó de mover 2 millones de barriles diarios antes de la guerra a más de 5 millones a comienzos de junio. Ese país también recurrió a las reservas que tenía almacenadas en el extranjero.

Además, un oleoducto de 380 kilómetros conecta el centro de producción de Habshan con Fujairah, en el golfo de Omán, esquiva por completo el Estrecho. Por ahí los Emiratos Árabes Unidos pueden mover 1,8 millones de barriles diarios.

Cerca de ese puerto está además el complejo subterráneo de almacenamiento Mandous, con capacidad para 42 millones de barriles, que le dio al país margen adicional.

Y desde abril, los Emiratos Árabes empezaron a sacar más petróleo directamente por Ormuz, pegados a la costa de Omán, con los transpondedores de sus petroleros apagados para no ser detectados, cuenta el blog de la AIE.

Esa combinación de rutas llevó las exportaciones totales emiratíes a 4,3 millones de barriles diarios a comienzos de junio, frente a apenas 1,9 millones en marzo: casi el 85 % de lo que el país exportaba antes de la guerra.

La AIE señala también que las licitaciones anunciadas recientemente por Emiratos Árabes, Kuwait y otros productores del Golfo apuntan a una nueva normalidad de tránsito por la costa omaní, que podría permitirles reducir las existencias acumuladas desde que empezó la guerra y reactivar campos que habían quedado cerrados.

Estados Unidos, el gran beneficiado

La crisis reordenó buena parte del comercio mundial de petróleo, y varios productores de la cuenca atlántica aprovecharon para mandar más crudo hacia Asia. Las mayores ganancias, según la AIE, se las llevaron Estados Unidos, Kazajistán, Brasil y Venezuela.

Ninguno se acercó a lo que hizo Estados Unidos. Sus exportaciones totales de crudo y productos petrolíferos llegaron a un máximo histórico de 13,1 millones de barriles en mayo, casi una cuarta parte más que en el mismo mes del año anterior. Detrás de esa cifra hubo más producción, pero también una reducción de las existencias privadas y gubernamentales del país, un soporte clave para el suministro global en medio del desorden.

Pero conseguir más crudo era una cosa; producir los combustibles que antes salían de las refinerías de Oriente Medio, otra completamente distinta. El diésel fue uno de los golpeados. El combustible de aviación, el que más se notó.

Combustible para aviones

2025 fue el año en que Oriente Medio fue la mayor fuente de combustible de aviación para los mercados internacionales, así que cuando el Estrecho se cerró de facto a finales de febrero, buena parte de ese suministro desapareció del tablero de un momento a otro. Europa fue la mayor perjudicada, porque dependía de esa región para la mayoría de sus importaciones.

Las refinerías estadounidenses se pusieron a producir combustible de aviación a un ritmo récord. En Europa, los rendimientos de este combustible por refinería tocaron un máximo histórico. Por su parte, en África Occidental las exportaciones casi se duplicaron frente al promedio de los tres meses anteriores, en buena parte gracias a la recuperación de la refinería Dangote, en Nigeria.

Estados Unidos, particularmente, pasó de importador neto de combustible de aviación en abril de 2025 a exportador neto a comienzos de 2026, con refinerías exprimiendo al máximo su capacidad. Esos cambios, según la AIE, alejaron en buena medida el temor a una escasez justo antes de la temporada alta de viajes de verano.

Sin embargo, la demanda europea de combustible de aviación va camino a su pico de verano, 1,8 millones de barriles diarios, y aunque las importaciones también empiezan a repuntar desde los niveles bajos de abril y mayo, la Agencia advierte que las refinerías europeas tendrán que mantener ese ritmo de producción en los próximos meses. Si no lo hacen, el mercado puede volver a apretarse.

Alertas para julio y agosto

Mientras todo esto pasaba, las reservas mundiales se fueron vaciando a un ritmo que nunca se había visto, justo antes de que arrancara la temporada de mayor demanda del año. Las palancas para subir la oferta, dice la AIE, ya no daban para mucho más.

A finales de mayo, Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia, dijo que, sin una reapertura total del Estrecho de Ormuz, los mercados corrían el riesgo de entrar en julio y agosto en una “zona roja”.

La advertencia llegó pocas semanas antes de que Estados Unidos e Irán firmaran, el 17 de junio, un memorando para poner fin a la guerra y reabrir el paso. Para la AIE, ese acuerdo llegó en un momento crítico.

Pero ni la propia Agencia se atreve a dar la crisis por resuelta. La situación, dice el blog, sigue siendo “muy impredecible”, con tensiones fuertes en buena parte del mercado y dudas sobre cómo va a evolucionar el proceso de paz.

Y aunque el Estrecho termine reabriendo del todo, como espera la AIE, el conflicto ya dejó heridas que no se van a borrar rápido: gobiernos y empresas de medio mundo están revisando en este momento sus estrategias energéticas, desde decisiones de inversión hasta rutas de suministro y socios comerciales.

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