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No hace falta tener operaciones en el Golfo Pérsico para sentir las consecuencias del cierre del estrecho de Ormuz, mientras transcurre el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Para la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), las empresas colombianas ya están acusando los coletazos de esa escalada en tres frentes: materias primas más caras que erosionan el poder adquisitivo, una presión al alza sobre precios y salarios que alimenta la inflación, y unas condiciones financieras globales que se han endurecido con la apreciación del dólar y una revalorización generalizada del riesgo.
Cabe recordar que por ese estrecho transita el 38% del petróleo crudo que se mueve por los océanos, de acuerdo con la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). También pasa el 29% del gas licuado de petróleo, el 19% del gas natural licuado, otro 19% de los derivados refinados y cerca de un tercio del comercio mundial de fertilizantes.
Este último dato es quizás el más sensible: los fertilizantes son insumo directo de la producción agrícola, lo que convierte a Ormuz en un punto crítico para la seguridad alimentaria global.
Tres efectos del cierre de Ormuz en Colombia
Para Javier Díaz Molina, presidente ejecutivo de Analdex, las consecuencias de la guerra llegan a Colombia por tres vías:
- El alza de insumos eleva los costos de producción y reduce el poder adquisitivo de empresas y consumidores.
- El encarecimiento de bienes y el ajuste de salarios retroalimentan la inflación y complican su control.
- El endurecimiento de las condiciones financieras globales, junto con la apreciación del dólar, frena la inversión y la demanda.
El dirigente gremial advirtió que teniendo en cuenta el conflicto en el Medio Oriente y el cierre del Estrecho de Ormuz que ha interrumpido abruptamente el suministro de hidrocarburos, la magnitud del impacto económico final dependerá de la duración de los enfrentamientos.
Los problemas en casa
Además de lo que está ocurriendo en el plano internacional, Analdex identifica cinco fricciones internas que le restan competitividad al transporte de carga en el país.
La primera tiene que ver con el SICE-TAC, el sistema oficial de tarifas de referencia. Según el gremio, usarlo como piso tarifario contradice el Plan Nacional de Desarrollo, restringe la competencia y carece de un análisis técnico que incorpore a todos los actores del sector.
La segunda es un problema de medición: a criterio del gremio, no hay claridad sobre cómo registrar y calcular las horas logísticas a través de los sistemas de monitoreo de flota.
Las otras tres son la hiperregulación, los bloqueos viales y el mecanismo del uno a uno, que limita el ingreso de vehículos nuevos al parque automotor de carga. Este último, según Analdex, no solo frena la competitividad del sector sino que viola los acuerdos comerciales internacionales suscritos por Colombia.
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