El panorama económico mundial se presenta incierto, con incógnitas sin resolverse por el lado de la guerra comercial de EE.UU. y los cambios en su política arancelaria.
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Las movidas de Donald Trump en este aspecto han llevado a que instituciones como el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) rebajen sus pronósticos de crecimiento global para el año, a la vez que emitan advertencias sobre los problemas que podrían emerger en cadenas logísticas y, en últimas, los golpes sobre inflación que se derivarían de un escenario en el Trump continúe con su idea de aranceles recíprocos.
Aquí vale recordar que esta última política está en pausa hasta la próxima semana, cuando se sabrá si el gobierno de EE.UU. sigue adelante con ella, a pesar de que nadie por fuera de la Casa Blanca considera que sea sensata, por decir lo menos.
Por su parte, la Reserva Federal de EE.UU. ha indicado que en este punto ya habría efectuado recortes en sus tasas (en la última decisión las dejó quietas) si no fuera por el impacto que la política arancelaria puede traer para la inflación; estos efectos no están del todo claros açun y la Fed, como se le conoce popularmente, prefiere pisar con cuidado antes de romper toda la canasta de huevos.
En este escenario, el Banco Mundial lanzó una advertencia inquietante acerca del panorama de la deuda global, que cada vez se pinta de colores más oscuros.
Para qué sirve la deuda y para qué no
Según el BM, en los últimos 5 años, la deuda mundial total ha aumentado 25%, en comparación con el nivel que tenía cuando estábamos en la pandemia (número que de por sí ya estaba en un máximo histórico).
Esto se debe de manera directa a las medidas arancelarias de Trump, que ponen a las economías del mundo en modo defensa para poder mitigar las afectaciones y proteger el bienestar interno.
Para poder entender por qué las alertas se han ido prendiendo de manera paulatina dentro de las instituciones encargadas de mantener el orden a nivel internacional, es necesario saber que la deuda no necesariamente es mala, pero debe mantenerse controlada.
Al endeudarse los gobiernos tienen la posibilidad de hacer inversiones a largo plazo. Como explicó Indermit Gill, economista en jefe del Banco Mundial, estas inversiones “beneficiarán a los futuros contribuyentes sin imponer una carga a la generación actual; o pueden apuntalar el crecimiento nacional y los ingresos durante una emergencia económica, cuando un alza de los impuestos no haría más que profundizar la recesión”.
Pero a su vez, estas deudas deben cuidarse y trabajarse en relación con el ingreso nacional de cada país, pues si este no es coherente con el tamaño de las deudas que se adquirieron puede ser una jugada en contra, ya que los impuestos deberán subir para poder suplir lo faltante para pagar la deuda.
Es decir que un endeudamiento que persiste y que es de tamaño significativo puede representar un obstáculo para el progreso económico de las economías.
Las advertencia del Banco Mundial llega en momentos en los que, en Colombia, comenzamos a ver algunas de las consecuencias de un nivel desmedido de deuda.
Por ejemplo, entre 2024 y 2025, el país ha pagado casi $23 billones en amortizaciones del crédito de Línea Flexible que tomó con el FMI durante los días más duros de la pandemia, en el gobierno de Iván Duque. Esto representa 1,26 % del PIB. Así mismo, sólo en intereses de deuda, el Marco Fiscal de Mediano Plazo estima que el país pagará unos $85 billones en 2025.
Esto contrasta con el resto del panorama fiscal del país: una caída en recaudo tributario proyectada de de casi $18,5 billones para este año, que se suma a la de 2024, junto con las presiones de ejecución e inversión del plan de gobierno de la administración de Gustavo Petro.
Este escenario llega luego de dos años de un crecimiento económico que se ha ido recuperando, pero que en 2023 estuvo por debajo de 1 % y en 2024 se mantuvo por debajo de 2 % (1,7 %). El crecimiento proyectado de una economía como la colombiana debería estar alrededor de 3 %, vale aclarar.
Lo que estas cifras quieren decir es que, ante choques internos y externos, el peso de la deuda ciertamente ha lastrado la capacidad de maniobra del Gobierno para reaccionar ante caídas históricas en recaudo, que se han juntado con periodos débiles de crecimiento.
Y, como lo advierte el BM, lo que ahora busca el Gobierno es intentar pasar una nueva reforma tributaria (que buscaría recursos alrededor de $19 billones). Y sí, es cierto que el sistema tributario en Colombia merece más ajustes, pero el momento de realizarlos responde, de cierta forma, al diagnóstico del Banco Mundial: un nivel elevado de deuda requiere, necesariamente, nuevas fuentes de recursos para pagarlas.
Aquí es importante recordar que el déficit fiscal proyectado para este año sería de 7,1 %, el más alto en tiempos recientes (con excepción de los días de pandemia) y el nivel de deuda, como porcentaje del PIB, subiría a 61,3 % en 2025, con proyección de seguir aumentando hasta 2027 (el ancla de deuda de la regla fiscal es de 55 %, por cierto).
El estado mundial de la deuda
Gill, el economista jefe del BM, sostiene que desde hace aproximadamente 15 años, las economías en desarrollo han acumulado de manera acelerada un total de 6 puntos porcentuales del PIB anual, lo que representa una posibilidad del 50 % de terminar en una crisis financiera.
Este dato se ve reflejado en las tasas de interés. Vuelve y juega: desde hace cuatro décadas las tasas de interés han tenido un incremento sumamente rápido generando que los costos de endeudamiento se dupliquen en 50 % de las economías en desarrollo. Según lo manifestado por Gill, nada más esta situación ya representa una crisis.
“Demasiadas economías en desarrollo se encuentran hoy en un círculo vicioso. Para pagar sus deudas, muchas de ellas están recortando las inversiones en educación, atención de la salud e infraestructura que se necesitan para garantizar el crecimiento futuro”, sostiene el economista en jefe del Banco Mundial (BM).
Cómo se explica en la publicación, en esas naciones reside la cuarta parte de la humanidad, y dentro de ella se ubica un grupo significativo de los 1.200 millones de jóvenes que conformarán la fuerza laboral en los próximos 15 años.
“El mundo no puede permitirse otra década de navegar sin rumbo y estar en negación en lo que respecta a la deuda. Con las políticas actuales, el crecimiento mundial no se acelerará en breve, lo que significa que probablemente aumenten los coeficientes de deuda soberana-PIB en lo que queda de esta década”, afirma Gill.
El Banco Mundial hace un llamado a las economías del mundo para que se hagan cargo de sostener de manera óptima sus propias finanzas, además de considerar necesario que se hagan acuerdos a nivel internacional, cómo la baja de los aranceles en países en desarrollo, para poder llegar a una estabilidad económica mundial más pronto que tarde.
Para Gill, es vital modernizar el sistema mundial alrededor de la deuda: “Necesitamos una visión clara del problema más amplio: es urgente modernizar el sistema mundial para evaluar la sostenibilidad de la deuda de un país. El sistema actual se apresura a decidir que los países solo necesitan préstamos para salir adelante, cuando la mayoría de los países de ingreso bajo, de hecho, son insolventes y necesitarán condonaciones de deuda”, indicó el funcionario en la publicación.
Esto es clave, si se tiene en cuenta que muchos países en desarrollo tienen deudas tanto con entidades multilaterales, como con China a través de iniciativas como la conocida Franja y Ruta, que es una versión moderna de la antigua ruta de la seda.
El endeudamiento con el gigante asiático ha generado dudas y alertas entre analistas y académicos de todo el mundo, al representar más lastres para economías frágiles en donde los proyectos de infraestructura prometidos no han terminado por materializar los beneficis esperados, pero sí han generado huecos en la planeación fiscal por cuenta de cuantiosos intereses.
Ni el FMI ni China entregan dinero gratis y la dependencia de estos créditos limita la capacidad de desarrollo de los países emergentes. Además, se enfatiza que para resolver estos problemas es fundamental que Estados Unidos y China dejen de lado sus rivalidades geopolíticas, para crear una arquitectura financiera global que permita enfrentar la pobreza, la deuda y el cambio climático en el mundo en desarrollo.
Las afectaciones de la deuda mundial total llegan a todos los rincones del planeta y significan una disminución en la calidad de vida de toda la población, llegando a tocar incluso las puertas de las energías renovables que sin una economía sólida presentan riesgos de progreso, sobre todo en los países con economías emergentes.
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