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Venezuela tiene las mayores reservas de crudo del mundo, pero su producción lleva dos décadas en caída libre. De los 3 millones de barriles diarios que producía en su mejor momento, hoy extrae apenas 1 millón. Menos del 30 % de sus 30.722 pozos están activos (solo 8.491 operan en la actualidad) tras años de desinversión, agravados por las sanciones estadounidenses.
“Hay una gran cantidad de pozos que esperan por mantenimiento”, reconoció Enrique Novoa, presidente de la Cámara Petrolera Venezolana, en el foro Venezuela Energética 2026, celebrado esta semana en Caracas.
Con la captura de Nicolás Maduro en la incursión estadounidense de enero de 2026, la presidenta encargada Delcy Rodríguez gobierna bajo fuerte presión de Washington e impulsó una reforma a la ley de hidrocarburos que abre las puertas a inversionistas privados nacionales y extranjeros, reduciendo la participación estatal en los negocios petroleros tras décadas de control chavista.
El gobierno de Donald Trump, por su parte, flexibilizó las sanciones sobre la industria y otorgó licencias para operar en el país.
Los interesados en el petróleo venezolano
Uno de los primeros frutos de esas acciones llegó este martes. La italiana ENI y PDVSA firmaron un acuerdo en el palacio de Miraflores para reactivar el campo Junín-5, ubicado en la Faja Petrolífera del Orinoco, una región de 55.000 kilómetros cuadrados en el sureste del país que concentra las mayores reservas de petróleo del mundo.
El yacimiento, en el que PDVSA tiene el 60 % y ENI el 40 %, contiene reservas estimadas en 35.000 millones de barriles y llevaba años paralizado por las sanciones y disputas de pagos.
“Va a ser una de las inversiones más importantes de la compañía”, afirmó Claudio Descalzi, director ejecutivo de ENI. “Somos la única empresa que desarrolla y suministra gas al mercado interno, así que nunca nos fuimos de Venezuela”, agregó.
Las partes no revelaron los montos de inversión, pero Descalzi indicó que el acuerdo fija las bases para “inversiones adicionales en el mercado interno de gas” y para “desarrollar también gas para la exportación”. ENI también firmó recientemente un acuerdo para mantener e incrementar la producción en el proyecto Cardón IV, que incluye el yacimiento Perla (descrito como el mayor descubrimiento de gas offshore de América Latina) donde trabaja junto a la española Repsol.
En 2025, la producción de ENI en Venezuela promedió unos 64.000 barriles de petróleo equivalente al día, lo que representó aproximadamente el 35 % del consumo de gas del país.
Entre tanto, más de 900 ejecutivos internacionales se congregaron esta semana en Caracas para el foro Venezuela Energética 2026.
Entre las multinacionales que miran a Venezuela y están evaluando negocios está Blue Water Acquisition Corp., un vehículo de inversión que busca adquirir las filiales venezolanas de la sueca Maha Capital, que tiene participación en PetroUrdaneta, en la región del lago Maracaibo.
“Los grandes están a la espera, y creemos que serán las pequeñas empresas como la nuestra las que realmente allanarán el camino”, dijo Joseph Hernández, director ejecutivo de Blue Water, a Bloomberg.
El reto, sin embargo, es mayúsculo. La Cámara Petrolera Venezolana estima que con los primeros acuerdos y licencias, Venezuela podría llegar a 1,3 millones de barriles diarios este año, lejos aún de su potencial. Los obstáculos van desde el suministro eléctrico hasta la necesidad de inversiones masivas en infraestructura.
Novoa pidió el levantamiento total de las sanciones: “Los venezolanos debemos apostar por que el marco sancionatorio desaparezca por completo”. El encargado de negocios de Estados Unidos en Venezuela, John Barrett, respondió que la empresa privada y especialmente las compañías estadounidenses serán “el motor de la transformación de Venezuela en un centro energético mundial”.
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