¿Tuvo que saltarse alguna comida en el último año?, ¿ha dejado de comer durante un día entero?. Estas son dos de las ocho preguntas que miden cómo va la seguridad alimentaria en Colombia bajo una medición que realiza el DANE en conjunto con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por su sigla en inglés).
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
El resultado para 2024 fue que 25,5 % de los hogares en el país tuvieron inseguridad alimentaria moderada o grave, lo que representa una caída de 0,6 % frente a 2023.
Es decir, hay 14,4 millones de personas que no están llevando una alimentación sana, nutritiva y suficiente durante todo el año. Este indicador es el que mide el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 2, conocido como “Hambre Cero”, que busca poner fin al hambre y la desnutrición en todo el mundo para 2030.
Sobre la realidad de la alimentación en el país habla Zohad Beltrán, especialista en relacionamiento interagencial y gestión de proyectos de la FAO en Colombia.
¿Cuáles son los departamentos en los que permanece más la inseguridad alimentaria?
Desde los años anteriores estamos viendo cómo se relacionaban un indicador de pobreza monetaria con uno de inseguridad alimentaria, pues están estrechamente ligados. En los departamentos donde la pobreza ha mejorado o bajado, ello se refleja en una mejora en la inseguridad alimentaria.
A nivel departamental, La Guajira (52,4 %), Sucre (49,5 %) y Córdoba (47,6 %) fueron los lugares con mayor prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o grave en 2024. En contraste, Caldas (12,8%), Bogotá D.C. (13,9%) y Santander (16,2%) presentaron los menores porcentajes.
¿Y en esos lugares con mayor pobreza, han identificado otros elementos de riesgo que estén relacionados con la inseguridad alimentaria?
La capacidad de acceso a alimentos, tanto en cantidad como en calidad, está relacionada con los recursos monetarios de los hogares. En ese sentido, otros fenómenos que más afectan es el de la inflación de precios en los alimentos, que para 2024 fue de 3,31 %, menos que para 2023 (5 %).
En la ecuación también inciden los conflictos por uso de la tierra, la capacidad de producción, distribución y disponibilidad de alimentos. Con el Gobierno revisamos el conjunto de políticas públicas orientadas a favorecer la cadena de los alimentos, ese ecosistema es el que define si un sistema alimentario es sostenible y tener mejores resultados en este tema.
¿Cómo ha evolucionado este dato en los últimos años?
Seguimos evidenciando que la prevalencia es mayor en la ruralidad que en el sector urbano. De hecho, la prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o grave en los hogares ubicados en centros poblados y rural disperso, registró un incremento de 3 puntos al pasar de 31,2% en 2023 a 34,2 % en 2024.
Sabemos también que aumenta cuando la jefatura es femenina monoparental, cuando estamos hablando de hogares de pueblos indígenas, de comunidades negras.
Lo que más garantiza la seguridad alimentaria es el dinero, ¿hay otro factor clave que pueda garantizarla, especialmente en zonas rurales que es donde hay más hambre pese a que producen los alimentos?
Lo que se necesita para asegurar la alimentación son los recursos y no solo económicos. Si una comunidad rural tiene posibilidades de sembrar, cultivar, tener su tierra y producción, de hacer intercambios locales o trueques. Eso también es acceso a alimentos y es fundamental cuando la disponibilidad de comida no es tanta como en las ciudades.
¿Y qué tanto pesan esos otros recursos frente al ingreso monetario?
No podría decir con exactitud cuánto pesan en Colombia, pero sí es claro que es mucho menor que el factor monetario. Sin embargo, hay muchas respuestas que están orientadas a: “Tengo alimentos porque tengo capacidad de producir para mí”.
¿Desde la FAO han visto un creciente interés en la autogestión alimentaria, como pueden ser las huertas urbanas?
Este es un ejercicio que hacemos con las comunidades y con los productores en procesos de asociatividad. Cuando hay capacidades de producción de diferentes productos en un mismo departamento o municipios cercanos buscamos fortalecer las conexiones, que las personas se enteren de qué se está produciendo, cuánto, dónde, y se generan redes de comercialización alrededor de los alimentos.
Además, está el beneficio de que son productos nutritivos, que favorecen la dieta diaria. La vía de huertas es clave, pues en la producción asociativa se pueden generar excedentes para la comercialización, lo que favorece a las familias productoras y a los consumidores.
¿Podríamos decir que todos los municipios con mayor prevalencia de inseguridad alimentaria son aquellos donde hay menos dinero?
Algunos estudios muestran que la inseguridad alimentaria no es por falta de alimentos, sino por la dificultad en la distribución y acceso.
¿Y sobre la distribución de los alimentos? Porque muchos productores dicen que no tienen a quién venderle. ¿Cuál es el eslabón más débil en la cadena alimentaria?
Aunque depende del departamento, hay varios elementos comunes: las vías, la intermediación, los costos de transporte, los costos de producción y el conocimiento de con quién comercializar. Atacar ese problema implica atender todos los factores.
Uno clave es la producción sostenible, que se roten los cultivos, que se usen bien los recursos, que el agua sea suficiente, que el suelo se maneje adecuadamente. Para que los alimentos lleguen a destino también debe haber buenas vías, acceso a mercados e insumos, conexión con consumidores y, ante todo, la educación de los productores sobre qué consumir, cómo producir y cómo vender.
¿Cuál es la configuración de un hogar que sufre inseguridad alimentaria en mayor medida?
Todos los hogares tienen una tipología diferente: no es solo papá, mamá e hijos. Hay hogares con tíos, primos, diferentes composiciones. Hay mayor prevalencia cuando:
- La jefatura del hogar es monoparental y está a cargo de una mujer.
- Si hay niños menores de cinco años.
- Si hay personas con educación media o sin educación.
- Los hogares son rurales.
- Más de 4 o 5 personas.
- Que hayan migrado de Venezuela.
Todas estas desagregaciones son clave para focalizar las políticas públicas.
¿Cuáles son los puntos en los que se está trabajando con la ayuda de la FAO para reducir la inseguridad alimentaria en el país?
La FAO tiene una doble vía cuando hablamos de los ODS, en este caso del Hambre Cero. Por un lado, a nivel mundial lideramos el diseño de las metodologías para los cálculos de los indicadores y ayudamos con la asistencia técnica para la medición.
Y también le apostamos a fortalecer los sistemas alimentarios. Ese es casi que nuestro primer foco de incidencia en el país, que haya una producción sostenible, teniendo en cuenta tanto recursos naturales como las diferentes comunidades, territorios y que se garantice su comercialización.
Apoyamos en temas de tenencia de tierras, que la gente tenga capacidades también de producir y de tener su propia tierra. E impulsamos programas relacionados con las pérdidas y desperdicios de alimentos.
Por el comportamiento del indicador estos años, ¿qué se espera en el futuro? ¿Se cumplirá la meta de cero hambre?
La tendencia es a la baja, es lo que esperamos. Sin ser negativos, la información que tenemos es que, a nivel mundial, los Objetivos de Desarrollo Sostenible no se cumplen para 2030. Pero eso no indica que no vayamos con una tendencia positiva.
Sin embargo, si hacemos un ejercicio comparando con la región, pues Colombia está por debajo de la media de cómo pueden estar otros países que tienen una inseguridad más alta. Aunque el panorama no es tan positivo para lograr un hambre cero, estamos reduciendo la inseguridad alimentaria.
💰📈💱 ¿Ya te enteraste de las últimas noticias económicas? Te invitamos a verlas en El Espectador.