Este lunes, el DANE le cuenta al país cómo le fue a la economía en 2024, con la publicación de los resultados del Producto Interno Bruto (PIB) para el cuarto trimestre y, de paso, el acumulado del año.
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Por derecho propio, el PIB anual es un dato crucial a la hora de medir la salud de la economía, pero en este momento resulta aún más importante, pues ayudará a ver algo más claramente la perspectiva de 2025, un año que se antoja particularmente ambiguo de leer.
Los gozosos
Para este punto, la mayoría de proyecciones cifran el crecimiento de 2024 alrededor de 1,8 %, incluyendo la que el Ministerio de Hacienda publicó en su más reciente Plan Financiero, publicado hace apenas un par de semanas. La cifra coincide con lo proyectado por la mayoría de analistas consultados en la Encuesta de Opinión Financiera de Fedesarrollo, así como con lo que estima el equipo técnico del Banco de la República.
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Un breve paréntesis: las proyecciones, al final del día, son eso: ejercicios de prospectos, con bases técnicas y rigor, pero no son el futuro revelado. Vale la pena recordar que en 2023 ningún análisis (ni siquiera los más pesimistas) se acercó al 0,6 % en el PIB anual que terminó definiendo un año malo para la economía.
Volviendo a la historia, en términos de crecimiento económico, 2025 pinta bastante mejor que el año pasado, con una proyección de PIB alrededor de 2,6 %, dato del Minhacienda (que incluye una dura corrección frente a la estimación previa, que estaba incluida en el Marco Fiscal de Mediano Plazo de 2024 y que hablaba de 3 %) y en el que, de nuevo, coinciden analistas encuestados por Fedesarrollo y el Banrep.
De acuerdo con el Ministerio, en 2025, la economía colombiana “consolidaría el tránsito hacia una senda de crecimiento sostenible, el cual se daría por el comportamiento favorable de la demanda interna y las exportaciones. En especial, el consumo y la inversión se verían favorecidos por cuenta de unos menores niveles de inflación y tasas de interés”.
El Gobierno también le apunta a que este año la inflación finalice en 3,6 %, en una senda clara de convergencia hacia el rango meta trazado por el Banco de la República, de 3 %. Esto se daría, argumenta el Minhacienda, por la “disipación de choques de oferta que permitiría una corrección en los precios de los alimentos”, entre otros factores. Es importante aclarar aquí que el Banco de la República ubica la inflación en un nivel superior para finales de 2025, en 4,1 %.
Las proyecciones de 2025 permiten pensar, si se sigue la ruta que trazan esos números, que el año podría traer buenas noticias mediante la combinación de una inflación descendente (lo que llevaría a menores tasas de interés) y, en general, de una economía más activa y dinámica que en los últimos dos años; un PIB de 2,6 % nos devolvería a terrenos de 2018, sin las distorsiones introducidas por la pandemia: en otras palabras, una buena noticia, aunque sin ser fantástica, cabe anotar.
Los matices en el gris
Sin embargo, como sucede la mayor parte de las veces con la macroeconomía, también hay riesgos y potenciales problemas en el horizonte. Como dice una canción: “No todo es blanco o negro, es gris / Todo depende del matiz”.
Si bien las proyecciones macro del año parecieran alentadoras, estas deben abrirse paso a través de un matorral, tan denso como espinoso, de problemas fiscales. Para empezar el año, el Gobierno realizó un recorte de $12 billones al Presupuesto General de la Nación, mediante un decreto de aplazamiento de gasto, para cuadrar las cuentas nacionales después de la caída de la ley de financiamiento en el Congreso.
Esta apretada del cinturón nacional es la tercera de su tipo en apenas dos años y obedece, en buena medida, a la caída del recaudo tributario que se dio en 2024. De acuerdo con las cifras del Plan Financiero, los ingresos por impuestos del país el año pasado se quedaron cortos en $18,5 billones frente a las cifras de 2023.
La caída estrepitosa en esta cifra llevó a que el déficit fiscal del Gobierno se elevara a 6,8 % del PIB, la cifra más alta en la historia reciente del país, excluyendo, claro está, los datos de pandemia.
Una explicación rápida: el déficit fiscal se puede entender, a muy grandes rasgos, como la diferencia entre los gastos y compromisos del Gobierno versus sus ingresos. La cifra podría ajustarse de cierta forma este lunes, cuando el DANE publique los datos del PIB, pero el consenso entre analistas es que, en todo caso, se mantendrá en una cumbre tan elevada, como preocupante.
El resultado final en este punto ha mostrado un deterioro, si se mira a través de las estimaciones oficiales, como recuerda José Ignacio López, director de Anif: “Inicialmente, el Gobierno dijo que el déficit fiscal estaría por encima de 4 %, en el Marco Fiscal dijo que 5,6 % y terminamos con 6,8 %”. Esto ayuda a entender las grietas entre los deseos y las realidades fiscales.
Para expertos en estos asuntos, que el próximo punto de comparación de este dato deba ser la crisis social y económica que introdujo el COVID-19 habla elocuentemente de lo apretado que está el panorama fiscal. Para Luis Fernando Mejía, director de Fedesarrollo, “el tema más preocupante tiene que ver con la tendencia de deterioro en el déficit fiscal, que generará un nivel de deuda de 60 % del PIB, igual al observado durante la pandemia”.
Vale recordar que la regla fiscal establece un ancla para la deuda neta nacional de 55 % del PIB. En los dos años anteriores a la pandemia, este indicador se ubicó por debajo de 50 % y para 2022 y 2023 se registraron niveles de 57 % y 53 %, respectivamente, por debajo de la cumbre de 60 % alcanzada en 2020 y 2021. Hoy estamos de nuevo con las cifras pandémicas en este aspecto.
En el panorama también pesan algunas incertidumbres, normales por lo general, pero exacerbadas en un momento en el que se necesita enderezar el rumbo fiscal: ¿cómo le irá al recaudo de impuestos en 2025?
Para este año, el Gobierno espera llegar a un recaudo que roza los $300 billones, muy por encima de lo alcanzado en 2024 (unos $244 billones) y al norte de lo que se logró en 2023, que en su momento fue una cifra aplaudida y celebrada ($263 billones, aproximadamente).
Según Mejía, “las proyecciones de ingresos tributarios continúan muy por encima de lo que sería razonable dado el crecimiento estimado de la economía”. Y añade: “Si no hay un nuevo recorte del presupuesto, el Gobierno incumpliría otra vez la regla fiscal en 2025”.
Todos estos elementos entran en juego, de forma conjunta, en un momento de intensa tensión e incertidumbre comercial por cuenta de las decisiones, y consecuentes retractaciones, de Donald Trump sobre aranceles a las exportaciones hacia EE.UU. en una variedad de renglones y para un abanico creciente de países.
En otras palabras, si hay choques externos derivados de los caprichos presidenciales, el panorama fiscal tiene poco espacio para acomodarlos o, cuando menos, suavizarlos.
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