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Venezuela no tenía relaciones formales con el FMI desde marzo de 2019, cuando el Fondo reconoció a la oposición (que controlaba el parlamento) como el gobierno legítimo del país.
Siete años después, el escenario cambió: Nicolás Maduro fue capturado por fuerzas estadounidenses en una operación militar a principios de enero de 2026, y Delcy Rodríguez, hasta entonces vicepresidenta, asumió como presidenta interina. Ese cambio político abrió la puerta a la reconciliación con el FMI.
España jugó un papel clave en el proceso. Carlos Cuerpo, vicepresidente primero del gobierno español y ministro de Economía, confirmó esta semana en Washington —donde se celebran las reuniones de primavera del FMI y el Banco Mundial— que su país estuvo a la vanguardia de los esfuerzos para que Venezuela volviera al Fondo.
El reconocimiento de Delcy Rodríguez como gobierno oficial abre varias puertas. El FMI podrá retomar la recopilación formal de datos económicos venezolanos y ofrecer apoyo financiero al país, en caso de que lo solicite.
Además, se espera que el Banco Mundial siga el mismo camino, lo que podría abrir nuevas líneas de crédito para Venezuela, que enfrenta graves dificultades económicas.
El regreso al FMI llega en un momento crítico para Venezuela. Entre 2014 y 2021, la economía del país se contrajo más del 70 %, una caída sin precedentes para una nación latinoamericana que no atravesó una guerra.
La inflación tocó su punto más extremo en 2018, cuando escaló un 65.374 % interanual (un nivel que obligó al gobierno a eliminar cinco ceros del bolívar ese año y seis más en 2021). En 2025, la inflación anualizada superaba el 200 %. Además, la situación llevó a 8,7 millones de venezolanos a abandonar el país.
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