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El 2013 no fue un buen año para las manufacturas colombianas, 2012, tampoco. Según el DANE, entre el tercer trimestre de 2013 y el de 2012 la producción decreció 1%; en todo 2012 fue un 0,5%. En el tercer trimestre de 2013 decreció 2,2%.
Dos son las razones principales. La primera tiene que ver con la reducida posibilidad de producir más, porque la capacidad de producción o la productividad de factores e insumos no está aumentando suficientemente. Producir más, por ejemplo camisas, resulta imposible si no se cuenta con más máquinas o con mejores máquinas que desperdicien menos tela.
Ello ocurre porque la inversión es seguramente reducida, porque, aparentemente, no produce una utilidad satisfactoria con relación a los recursos invertidos. Es decir, la rentabilidad de esos recursos no supera su costo alternativo: una tasa de interés que es elevada, incluso para las grandes empresas que acceden a créditos preferenciales.
Ello se confirma con el endeudamiento externo de dichas empresas en busca de costos financieros menores. Según la balanza cambiaria consolidada, hasta septiembre de 2013 ese endeudamiento fue de US$14.774 millones, hasta septiembre de 2012 fue de US$16.684,2 millones. Como referencia, en esos mismos períodos, el valor de las exportaciones petroleras, el principal rubro de exportación, fue de US$16.907 millones y 16.242 millones, respectivamente.
Pero para producir más hay que vender más y, en un mundo globalizado, de economías abiertas, ello significa que el productor tiene que ser competitivo. Es decir, el precio que enfrenta y no determina, al que pueda vender lo que produce, compitiendo domésticamente con importaciones o en el mercado externo, debe superar al costo de producirlo; mejor dicho, debe ser rentable. Ese no es el caso colombiano, pues es obvio que las manufacturas nacionales son desplazadas, incluso en los mercados domésticos, por las chinas o coreanas.
Esa relación precios-costos depende de los llamados precios básicos, tasa de cambio, tasa de interés, salario y también de la productividad. A mayor tasa de cambio, menor tasa de interés, menor salario y mayor productividad el productor será más competitivo.
Pero la productividad crece muy lentamente y depende de la expansión de los stocks de capital y mano de obra. Por lo tanto, es consecuencia del propio proceso de crecimiento.
Reducir los salarios para aumentar la competitividad no resulta sensato, pues debilita a los asalariados y la demanda interna; ciertamente contraproducente, más aún cuando la externa se debilita como en la crisis mundial actual. Además, según el banco UBS, en 2012 el salario promedio por hora en Bogotá era US$7,30; en Santiago, US$7,4; en Shanghái, US$6,8; en México D. F., US$4,5, y en Nueva York, US$32,6. Si fuera sólo por el salario, los mexicanos serían los más competitivos… Entonces, ¿por qué los chinos los desplazaron del mercado estadounidense?
De tal modo, los elementos cruciales de la competitividad son la tasa de cambio y la tasa de interés. Según el Índice Big Mac, en 2013 la tasa de cambio colombiana frente al dólar estadounidense estuvo sobrevaluada 8,05%. Si se la compara contra la tasa de cambio china, el principal competidor, devaluada en 41,9%, la ventaja competitiva de los chinos frente a la de los colombianos es de 49,95 puntos porcentuales... Así, ¿cómo competir?
Pero la tasa colombiana está sobrevaluada, en gran medida, por el enorme flujo de divisas proveniente del endeudamiento de las grandes empresas. De tal modo, la elevada tasa de interés resulta la gran responsable de la falta de competitividad de las manufacturas, situación que, ciertamente, no se resuelve con aranceles temporales o prohibiciones a los flujos de capitales. Se resuelve con nuevas políticas monetarias, fiscales y de regulación que incentiven la competencia en los mercados de crédito, proporcionen mayor liquidez y generen los recursos fiscales suficientes para construir la infraestructura que se requiere.
Si persiste la política actual, sólo queda esperar la continua y mayor declinación de la industria manufacturera colombiana.
* Ph.D. Profesor, Pontificia Universidad Javeriana.