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Más allá de una casa

El debate se centra en que los Gobiernos deben construir no solo viviendas, sino comunidades, con escuelas, centros de salud y parques.

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Redacción Negocios
14 de agosto de 2013 - 10:00 p. m.
Ricardo Haussman, director del Centro para el Desarrollo Internacional de la Escuela Jhon F. Kennedy de la Universidad de Harvard.   / Gustavo Torrijos - El Espectador
Ricardo Haussman, director del Centro para el Desarrollo Internacional de la Escuela Jhon F. Kennedy de la Universidad de Harvard. / Gustavo Torrijos - El Espectador
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En México, el que fue concebido como uno de los proyectos de vivienda más fuertes y que solucionaría el déficit tan creciente de un techo para los más necesitados, se convirtió en un enorme barrio, con cientos de casas abandonadas y donde pulula la inseguridad. En Nicaragua, en un caso calcado del anterior, por una falta de redes de transporte y de soluciones en educación, además de infraestructura de servicios públicos, sólo quedan casas vacías.

Los dos, tan cercanos en resultados, fueron ejemplos expuestos en el foro de Desarrollo Integral de Comunidades Sostenibles, ayer en Bogotá, para entender lo que podría pasar si los gobiernos sólo se dedican a construir casas y no comunidades.

Ricardo Haussman, director del Centro para el Desarrollo Internacional de la Escuela Jhon F. Kennedy de la Universidad de Harvard, fue enfático en que “Colombia tiene el compromiso de resolver el déficit de vivienda y lo que está demandando este país no es sólo casas; se trata de hábitat. Y eso es cumplir con una casa que tenga en su mismo entorno una red de transporte, una escuela, una línea de comunicación, un parque para los niños”.

Acto seguido, desde su experiencia internacional, manifestó que “quienes tienen la obligación de cumplir con ello son, por ejemplo, los ministerios de transporte, de vivienda, los promotores inmobiliarios, los municipios que proveen servicios de educación, aseo urbano, el ministerio de Hacienda y del gobierno departamental”.

Juan Carlos Franco, director de la Fundación Santo Domingo, explicó los proyectos que se adelantan en Barranquilla y pidió más celeridad en la integración de responsabilidades de cada uno de los actores, porque si no se hace, “lo que va a pasar es que se genera mayor pobreza”. Y Roberto Pizarro, de la Fundación Carvajal, recalcó que “a mayor vulnerabilidad, mayor acompañamiento”, refiriéndose a la importancia de la ayuda que tiene que llegar a esas comunidades en su nuevo proceso de vida una vez les haya sido entregada la casa.

Lo preocupante, y lo que se debe poner en debate, recordó el internacionalista Haussman, es la coordinación de los macroproyectos. “Quién va a hacer qué. Si eso no se define, se puede estar configurando y planeando un fracaso. La infraestructura debería estar en manos de los promotores de la vivienda”. Y puso sobre la mesa la importancia de crear espacios laborales, la factibilidad de producir desde adentro de la comunidad. “¿Eso sí se ha pensado?”, preguntó.

Luis Felipe Henao, ministro de Vivienda respondió: “Construir viviendas no es fácil. Las 100.000 casas fueron innovadoras, tuvimos críticas porque el proceso no iba rápido. Y hay que ver la capacidad. Estamos construyendo una política integral. Por ejemplo, Santa Marta construye 4.000 viviendas, tiene una ‘maloka’ con centros comerciales para desarrollo de la comunidad. En Usme se construyeron dos apartamentos más para que ayuden al sostenimiento de la comunidad. Está en el promotor del proyecto entender esa dinámica”. Y agregó que “estamos apoyando con colegios en Santa Marta, en Cali, en Buenaventura y Montería. Tenemos claro que ellos necesitan un acompañamiento adecuado para que sean comunidades integradas”.

Y también, desde el Gobierno, Bruce MacMaster, director del Departamento para la Prosperidad Social (DPS), aseguró que ninguna de las acciones que viene adelantando el Gobierno es aislada. “No hablamos sólo de casas. Superar la pobreza incurre una política de desarrollo social que busca una clase media más robusta”. Recalcó que las relaciones entre las comunidades están presentes en las redes en las que viene trabajando el país. “Son $4,2 billones que deben ser bien invertidos. Y eso es lo que estamos haciendo. Estamos entregando los beneficios a quien mejor los va a aprovechar y eficientemente mejor lo va a poner a producir”.

A su turno, Juan Lozano, exministro, explicó que “la vivienda de interés social (VIS) en sí misma es muy limitada” y alertó sobre “el riesgo de la mala evolución de las viviendas existentes si no se teje una cultura ciudadana. Si eso pasa, se dará un caso dramático de violencia. Pasará que les dimos ladrillos pero no les dimos vida, no les dimos familia, no les dimos hogar. Tenemos que trabajar en que no sea sólo el auxilio familiar, porque lo que vamos a hacer es mejorar indicadores de cuántas casas se entregaron, pero las personas que allí viven no tendrán un futuro en comunidad”.

“La preocupación es un asistencialismo profundo. No hay dudas en los beneficios de los macroproyectos, se usa bien la tierra y no es cuestionable, pero hay que llamar la atención sobre el olvido de apoyos al desarrollo de vivienda y hábitat donde los pobres ya viven. Ellos ya están allí desarrollándose económicamente. No se debería quedar por fuera. Pero repito. Creo que hay que tener cuidado con tanto asistencialismo”, concluyó Leonardo Villar, director de Fedesarrollo.

 

Por Redacción Negocios

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