A raíz del estreno de "Bright", su más reciente producción

Netflix desde adentro: la película detrás de la pantalla

Netflix es Hollywood, o eso dice la presencia de la compañía en una de sus calles. En sus estudios se esconde, quizá uno de los secretos del éxito de sus producciones originales y de la acogida mundial que desplegó en estos últimos años. Vea por qué.

Sede de Netflix en Los Ángeles, California. / Cortesía Netflix

Los 140 millones de horas que al día ven los 109 millones de usuarios de Netflix podrían indicar, como una verdad de Perogrullo, que una parte de los seres humanos del siglo XXI ya no comulga con la idea de que el aburrimiento y la soledad cotidiana estén a la merced de un grupo de extraños tras el televisor. Elegir cómo, cuándo, cuánto y dónde ver lo que aparece en pantalla, coincide con el momento histórico en que la autonomía individual es una pretensión y aspiración deseable en casi todos los escenarios de la vida moderna. “En Netflix construimos una experiencia de entretenimiento que es personalizada, según la demanda del público, interactiva e inmersiva”, dice Richard Smith, gerente de producto de la compañía. Por eso, podría decirse que la gran revolución de Netflix es hacerle sentir a la gente que tiene poder en las decisiones frente a su televisor.

Pero la autonomía de los suscriptores está constantemente direccionada por los rastros que dejan los usos de la plataforma. Cada movimiento es una huella de información, un dato y luego un metadato al que Chris Jaffe, vicepresidente de innovación de Netflix, y su equipo están atentos. “No es que venimos con ideas de fantasía sobre cómo debe ser la experiencia. Nosotros innovamos en la medida en que nuestros usuarios proveen información y nos ayudan a decidir cuál es la mejor experiencia”, dice Jaffe.

Ver Stranger things en un solo día, ver chick flicks los domingos —para no pensar—, ver una racha de dramas depresivos o ver una y otra vez los mismos capítulos de Friends, no son secretos personales. Los cambios repentinos de la gente a la hora de consumo, no los puede explicar Jaffe, pero el algoritmo de la plataforma puede decir si amamos la ciencia ficción o si odiamos la comedia.

El ejemplo de Jaffe es la más reciente película original de Netflix: Bright. Si un usuario decide ver El señor de los anillos o Narnia en cuatro meses, podría convertirse en un blanco de consumo para una película como Bright. Es desde ese momento, y no antes, que para esa persona comienza la premier de la película. Por eso, según el ejecutivo, “todos los días, en cualquier momento, hay una premier”.

Desde febrero, el letrero rojo de la compañía resalta en la esquina superior de un edificio en pleno Hollywood. Son 14 pisos y ocho estudios de grabación a los que entran y de los que salen personajes de la industria del cine qua marca la parada. La startup que desde 1999 ingresó al mundo del entretenimiento desde Silicon Valley, hoy hace presencia en dos de los lugares con más influencia en el mundo. Una presencia para nada azarosa y, por eso, bastante simbólica. Hollywood y Silicon Valley, entretenimiento y tecnología: eso es Netflix.

Pero el eje es la tecnología, como en todo por estos días y por donde se le mire. El trabajo que hace Netflix por ese lado se puede resumir en dos partes: primero, en el uso de datos para intervenir en la experiencia de la gente cuando se enfrenta a la pantalla, y segundo, en la aplicación de las nuevas tecnologías de sonido e imagen: como 4k, HDR (High Dynamic Range) y Dolby Atmos.

“El video en internet no tenía la mejor reputación hace nueve años cuando entré a trabajar aquí –dice Smith–, lo que hacíamos en ese entonces era bueno, pero no tenía la calidad actual. Hoy entregamos la mejor experiencia en video que puedas tener en cualquier lugar, en cualquier formato o menú. Trabajamos en asocio con todas las personas de la industria de dispositivos electrónicos como LG, Samsung, Apple y otros más, para asegurarnos de que la tecnología adecuada se está utilizando en los dispositivos”. 

La tecnología es pincel y la película es lienzo.

Chris Clark es un científico del color que desde hace 10 años trabaja con largometrajes y desde hace dos llegó a Netflix. Es arte y ciencia en un solo oficio. En sus palabras, su trabajo “le permite utilizar el lado fotográfico y el lado técnico de su cerebro”. Pero ¿qué hace un científico del color en Netflix?

En el laboratorio donde trabaja Clark, también lo hace Jimmy Fusil, gerente de producción de los estudios de tecnología de la compañía. Ambos podrían pasar por personajes de una película de ciencia ficción en la que, en lugar de probetas, tubos y balanzas, hay luces, una cámara, cuadros en serie de clásicos del cine, computadores y un espectro-radiómetro (una máquina que mide la radiación de la luz). “Aparatos como este les permiten a las compañías desarrollar el color de las películas”, cuenta Clark.

“Las cámaras han capturado HDR desde hace mucho tiempo, sólo que no había podido ser desplegado porque la tecnología de los monitores para reproducir la imagen no existía. Un cambio que hoy podría verse en el set, para el director de fotografía, es que ahora va a tener la posibilidad de ver la imagen en HDR desde la producción, sin que represente un incremento en los costos de realización. Lo que sí puede incrementar costos es el tiempo de trabajo. Porque ahora estás produciendo en HDR y SDR (Standard) al mismo tiempo”, dice Fusil.

Una vez Clark tiene las imágenes de un filme o una serie en el monitor del laboratorio se abren dos posibilidades: intervenirlas en formato HDR o SDR (Standard). “Lo divertido de HDR es que tienes todo los rangos para jugar con los colores”, sostiene Clark. Pero las decisiones creativas en torno a la imagen y la película no son una suerte de capricho técnico o creativo del científico. Cualquier intervención en la luz, el brillo y el contraste de la fotografía debe inscribirse en la lógica narrativa que intenta transmitir el director.

Significa que la tecnología ha abierto un nuevo diálogo entre los equipos de producción. “Estamos aquí para asociarnos con ellos y explorar ideas, ellos sienten que pueden probar cosas, pueden experimentar y pueden hacernos preguntas, ha habido un diálogo muy abierto porque, de nuevo, simplemente les estamos dando más posibilidades a su historia”, afirma Fusil.

Los ojos y el cerebro del espectador perciben el encanto de las imágenes, pero no la razón del encantamiento. “Estas tecnologías impulsan nuevas formas de llegarle a la gente, a los corazones y a las emociones, para contar historias” dice Fusil. (Lea "Viaje al corazón de Netflix")

Los colores y la imagen de una película como Bright o una serie como Stranger things, por ejemplo, no se reducen a la captura efectiva de la imagen a través del lente, o a la buena reproducción del monitor. Entre el momento de captura y la reproducción de imágenes en HDR está el trabajo creativo y técnico del equipo que dirige Fusil. “La retroalimentación de los técnicos creativos, cuyo trabajo es escuchar los sonidos y mirar las imágenes, es que sienten que su trabajo está siendo representado. Y nos dicen: esto es genial, siento que puedo oír mi sonido, y puedo ver la imagen como la quería ver”, cuenta Fusil.

En la plataforma hay más de 200 horas de programación en HDR y 1.200 en 4K. Eso no quiere decir todas las series y películas deban hacerse en HDR y que, necesariamente, este sea un formato exclusivo de los géneros de fantasía o ciencia ficción —como parece ser el canon—. Netflix tomó el riesgo de trabajar contenidos originales en HDR lejos de estos géneros, por ejemplo, con la serie de comedia Santa Clarita diet. “No estamos obligando a las personas a hacer las cosas en HDR, lo que queremos es reunir a la gente, mostrarles lo que se puede hacer y buscar formas de trabajo en conjunto para proveer la visión artística que quieren”, dice Smith.

HDR y 4k han creado un ciclo de mercado todavía en formación: por un lado, la fabricación y el consumo masivo de aparatos electrónicos con capacidad de reproducir las imágenes, y por el otro, cinematógrafos dispuestos a aprovecharlos. En la aceleración de ese proceso, Netflix tiene mucho que ver. “Nuestra idea no es forzarlos a comprar algo que no se ajuste al presupuesto, pero sí entregar la mejor experiencia posible en el equipo que tengan. Al final es una elección de los usuarios”, dice Smith. Pero también es cierto que la compañía ha puesto la baraja más alta en calidad de televisión, por eso Smith también reconoce que han “construido una experiencia tan maravillosa que ha formado las expectativas de la gente en cuanto a entretenimiento en el hogar”.

*Viaje por invitación de Netflix.