Implicaría $35.000 millones menos de recaudo

Norma de barras corrugadas divide al sector del acero

Mientras que los importadores aseguran que la regulación va en contra de la libre competencia, los fabricantes y las autoridades indican que evita que entre al país el material sin las especificaciones técnicas de sismorresistencia.

Este año se han importado 55.000 toneladas de barras corrugadas sin alear. / iStock

Las fricciones que hay entre la política arancelaria y las normas de construcción han vuelto la importación de barras corrugadas, material esencial de las infraestructuras sismorresistentes, en el principal punto de discordia dentro del sector siderúrgico colombiano. En este momento hay tensión entre los fabricantes locales y los importadores independientes, pues mientras unos acusan a los otros de introducir material no apto para las edificaciones y evadir impuestos, los otros alegan que se están generando barreras de entrada y de comercialización.

Todo comenzó a mediados de 2012, en el marco de la expedición del primer reglamento técnico de la barra corrugada (Decreto 1513 de 2012). A partir de ese año se aprecia un incremento visible de las importaciones de este acero, y tan sólo desde 2014 han ingresado 185.000 toneladas de barras corrugadas, aleadas.

El problema se debe a que las barras corrugadas pueden entrar al país en dos subpartidas: en la de aceros largos sin alear (subpartida 72.14.20.00.00), que paga un arancel del 10 %, y en la de aleados (subpartida 72.28.30.00.00), en la que el tributo de entrada es del 5 %. Sin embargo, según el reglamento técnico emitido por el Ministerio de Comercio, para que una de estas barras sea apta para construir, debe cumplir con unas propiedades químicas y soportes muy específicos.

Lo que complica aún más el tema es que los criterios químicos que establece si las barras deben entrar al país por la subpartida de aleada o de sin alear no son los mismos que los que tiene el reglamento técnico. Se diferencian en cerca de cinco puntos, respecto a los porcentajes de algunos químicos que debería tener el metal para definirlo en alguna de estas categorías. Lo que implica que, aunque entren como aleados, químicamente podrían seguir siendo sismorresistentes y aptos para construir. Y, de hecho, se las podría certificar de que sí cumplen con todas las propiedades necesarias.

¿Qué hacen las barras sismorresistentes?

En un país como este, en el que el 85 % de la población está en zonas consideradas de riesgo sísmico alto y medio, se debe poner especial atención a la calidad de sus materiales de construcción. Efrén Rabón, ingeniero estructural, ya había explicado en este diario en una publicación anterior que “la calidad de una barra corrugada aleada se mide por medio de una prueba de fluencia y debe poder soportar una presión de 60.000 psi (libras por pulgada cuadrada), por lo menos. Medida que se hace con base en el mapa de amenaza sísmica de Colombia. El temor con las barras aleadas que se importan es que son fabricadas en otros países, como China, con una sísmica diferente a la nuestra”.

Otro factor importante es que los químicos que se le añaden a la barra para alearla la pueden endurecer demasiado, por lo que se pierde una propiedad vital en caso de un terremoto: cuando tiembla, el acero se debe poder doblar y volver a su estado original, pero si es muy rígido, se corre el riesgo de que se quiebre y que en consecuencia el edificio colapse.

La tensión dentro del sector

Es claro que hay una oportunidad de negocio para los importadores de barras corrugadas al entrarlas bajo la subpartida de aleadas, y pagar sólo 5 en vez del 10 %, y luego certificarlas ante el Instituto Colombiano de Normas Técnicas y Certificación (Icontec) como sismorresistentes. Sin embargo, representa tensiones tanto con los productores locales como con los otros importadores: este año han ingresado más de 55.000 toneladas de barras corrugadas sin alear y unas 45.000 de barras aleadas.

Sin embargo, desde agosto de este año se ha visto una importante reducción de esta práctica, lo cual puede ser atribuido a una sanción de la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC). La entidad multó a la sociedad Servicios y Aceros Seracer S. A. S. con $317 millones, por precisamente ingresar barras aleadas con el fin de comercializarlas como material de construcción. Pero la SIC justificó la medida argumentando que en “Colombia sólo se pueden comercializar las barras corrugadas para refuerzo de concreto en construcciones si corresponden en el decreto”.

El Espectador habló con Humberto Villegas, presidente de Servicios y Aceros Seracer S. A. S., quien aclaró que la sanción se dio por un material que entró al país en el primer semestre de 2014, que estaba certificado desde fábrica como sismorresistente, pero no por las autoridades locales. “El problema fue que sólo hasta el segundo semestre de 2013 el Icontec fue acreditado por la Onac para dar el certificado que exigía el reglamento técnico desde mediados de 2013, por lo que tomó unos meses mientras la entidad entrenaba a su personal para avalar las barras corrugadas, y comenzó primero con los fabricantes locales”.

Villegas agrega que compraron el material en Turquía y se embarcó en marzo de 2014, pero desde la fábrica se certificó como sismorresistente. “El material llegó a puerto en abril y en mayo nos visitó la SIC indicando que no se podían comercializar las barras. Luego buscamos al Instituto Colombiano de Normas Técnicas y Certificación, y en 20 días nos dio la certificación de que el acero cumplía con las especificaciones del reglamento técnico. Como certificar cada lote era muy costoso, le pedimos al Icontec que avalara que la fábrica (en Turquía) produjo el metal con las propiedades exigidas. Y creemos que la sanción de la SIC fue por este lote de 2014, pero de ahí en adelante no hemos tenido ningún problema, pues las plantas están certificadas”.

Sin embargo, la SIC ha venido endureciendo sus controles sobre esta práctica y, de hecho, esta semana interpuso medida preventiva hacia otra empresa mientras se adelanta la investigación administrativa. Este diario conoció que se vienen otras dos de estas medidas.

Alejandro Giraldo, superintendente delegado para el Control y la Verificación de Reglamentos Técnicos y Metrología Legal, explicó que “la medida es porque el certificado de conformidad solamente cubre las barras que ingresen por las subpartidas señaladas en el reglamento técnico (sin alear). Como entraron por otra subpartida, no tienen certificado y no demuestran la conformidad con el reglamento”. Es decir, la certificación realizada en el exterior es válida sólo para el material que se importe como acero sin alear.

Además, frente a la posibilidad de que los importadores ingresen las barras sin alear para su posterior certificación en Colombia, Giraldo explica que “en concepto de la SIC no se puede, porque las únicas barras que se pueden utilizar en construcción son las no aleadas (con las especificaciones que salen en las normas de aranceles)”.

Las quejas de los importadores

La creación del reglamento técnico de las barras corrugadas, y los mayores controles que se han hecho para hacer cumplir esta norma, ha generado malestar entre los importadores independientes. Denuncian que son medidas que lo único que hacen es poner en desventaja a los comercializadores pequeños frente a los grandes fabricantes que hay en el país, los cuales también son importadores.

Benjamín Schmuldson, un importador de la firma Stecker Aceros, señaló “que hay una presión por parte de los siderúrgicos locales en impedir la libre competencia, y esto lo hacen a través de medidas no arancelarias como haber llevado a que la SIC impusiera una normatividad técnica. Estas normas son un impedimento al libre comercio y a la libre competencia. El objetivo de los fabricantes (siderúrgicos) es ser dueños del mercado, por medio de una integración vertical: compran la chatarra, la procesan, la vuelven barra corrugada y tienen también su canal de distribución directa. Es decir, hay una protección en este país para que el consumidor no compre acero a precios competitivos”.

Villegas también indica que “los mismos fabricantes que están en Colombia son los que están en varios países del continente, por lo que nos queda difícil traer el metal, por ejemplo, de México. No nos lo venden, por eso es que tenemos que traerlo de naciones como Turquía. Estas restricciones del Gobierno lo único que hacen es elevar los precios de construcción. El problema es que no puedo denunciar esta situación, porque es muy difícil recopilar pruebas, tendría que ir a cada fábrica y acceder a su información”.

Frente a estas denuncias, Camila Toro, directora del Comité Colombiano de Productores de Acero de la Asociación Colombiana de Empresarios (Andi), aseguró que “no es cierto y no hay pruebas de que se esté obstruyendo la libre competencia. De hecho, la información disponible sugiere que incluso ha aumentado la entrada de este metal, y del que exige el reglamento técnico”.

Según cifras de la DIAN, entre 2012 y 2016 se produjo un incremento del 68 % en las importaciones de acero para concreto, de todos los orígenes y por parte de todos los actores del mercado. Además, con el pasar del tiempo, se ha observado un crecimiento del número de empresas que importan acero para concreto hacia Colombia: entre 2014 y 2016 se produjo un alza del 65 % en el número de empresas que traen acero para concreto.

Asimismo, Toro cuenta que “los importadores pueden comprar acero de calidad, sin alear, desde cualquier país dentro y fuera del continente. Incluso en a las fábricas en Turquía, pues el Icontec ya los certificó y están en la capacidad de producir barras con las especificaciones que se exigen en Colombia, pero lo deben entrar bajo la subpartida correcta (sin alear). Esta trampa a los aranceles ha provocado que se dejen de recaudar más de $35.000 millones ”.

Frente a las denuncias de que los controles de la SIC están elevando los precios de construcción, Sandra Forero, presidenta de la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), dijo que “de acuerdo con las cifras registradas por el DANE, que hacen referencia a los costos de construcción, desde la expedición del reglamento técnico de barras corrugadas (2012) no se han evidenciado cambios abruptos en el índice de materiales. Sólo hasta 2015 se empezaron a reflejar incrementos en el nivel de costos, tanto para el agregado de materiales como para el componente de hierros y aceros, que seguramente obedecieron a la devaluación del peso frente al dólar, por lo que no existe evidencia de una relación entre la expedición del reglamento técnico y el precio del acero”.

Así están las cosas: que los importadores de barras corrugadas aleadas justifican su práctica, la que les permite ser más competitivos frente a los fabricantes locales; que además así logran mejores precios para bajar los costos de construcción y aseguran que el metal que traen es de calidad y cumple con los requisitos sismorresistentes. No obstante, las autoridades colombianas están decididas a castigar esta práctica, por lo que parece que desde ahora sólo podrán entrar acero sin alear, y deberán pagar el arancel del 10 %.