30 Jun 2019 - 2:00 a. m.

Ocensa: 25 años cargando crudo y una tragedia

Contrario a lo que ha sucedido con el oleoducto Caño Limón-Coveñas, que en los últimos 30 años ha sufrido más de 1.500 atentados, el Oleoducto Central solo fue blanco de uno, que prácticamente destruyó la población de Machuca.

Jorge Sáenz V./ @JorgeS_v.

En Colombia, como en los países de influencia del grupo Al Qaeda, la infraestructura petrolera sufre los embates del terrorismo cada cuanto. Desde la construcción de los grandes oleoductos por donde se saca el crudo del país hacia los puertos de exportación, múltiples actos dinamiteros han dejado fuera de servicio este esquema de transporte, en algunos casos provocando pérdida de vidas humanas y gran afectación del medio ambiente.

En 1986, tres años después del descubrimiento de Caño Limón, se construyó el oleoducto que llevaría ese crudo al terminal de Coveñas. Desde entonces ha sido víctima de un poco más de 1.500 atentados. Dice un informe de Ecopetrol que desde ese año el tubo ha estado fuera servicio el equivalente a diez años por atentados, y entre 1986 y 2017 se han contabilizado 3,7 millones de barriles derramados. En 2017 el costo de las reparaciones del oleoducto ascendió a $47.000 millones, en 17 incidentes ambientales.

Entre 1991 y 1992 se anunció el descubrimiento de Cusiana y Cupiagua en el Casanare, que obligó a la construcción del Oleoducto Central (Ocensa), que concluyó en 1998 como una empresa de economía mixta como la participación de Ecopetrol, Triton Colombia, Total Pipeline Colombia, IPL Enterprises y TCPL Ltda. Son 836 kilómetros de tubo subterráneo y 12 kilómetros más en el lecho submarino.

Este esquema de transporte fue el primer oleoducto licenciado por el Ministerio de Medio Ambiente desde 1991 y es una obra de colombianos, hecha por colombianos para los colombianos.

Este oleoducto no ha sido objeto de constantes ataques dinamiteros, porque “desde sus orígenes Ocensa tuvo en consideración de su diseño minimizar ese riesgo”, sostiene el presidente de Ocensa, Enrique Sandoval. “La zona por donde cruza Ocensa es la central que históricamente ha tenido los mejores niveles de estabilidad social”, dice.

En estos 25 años de historia de Ocensa se consigna uno de los actos terroristas más demenciales y repudiados del Eln, conocido como la “masacre de Machuca”. “En octubre de 1998 guerrilleros dinamitaron el Oleoducto Central, ocasionando la muerte de más de cincuenta personas, que perecieron calcinadas”, publicó El Espectador.

“El saldo de la tragedia fue escalofriante: por lo menos 42 muertos y setenta heridos, cuarenta casas destruidas y el río Pocuné, que atraviesa el caserío, convertido en una corriente de crudo y cenizas”, destacó la información del diario.

En su momento la Corte Suprema sentenció que la tragedia se produjo cuando se registró el derrame de aproximadamente 22.000 barriles de petróleo que cayeron al cauce del río Pocuné. “El crudo en llamas llegó a la ribereña población de Machuca o Fraguas en horas de la noche. Muchos de sus habitantes fallecieron o quedaron heridos con secuelas permanentes”, dijo el alto tribunal.

La Corte Suprema de Justicia condenó a la Sociedad Oleoducto Central S.A. (Ocensa) al pago de más de $9.400 millones a las víctimas y las familias que interpusieron recurso de casación.

Pero a pesar este lunar, Ocensa es una infraestructura que transporta los crudos de la cuenca más prolífica de Colombia, que es la de los Llanos orientales, señala Sandoval. El diseño de los oleoductos indica que por el Caño Limón-Coveñas se transportan más de 100.000 barriles y por Ocensa, 550.000.

Con los ataques del Eln, el sistema Caño Limón ha estado por fuera de servicio mucho tiempo y “a punta de esfuerzo de ingeniería hemos logrado unos métodos para que la producción del norte pueda viajar por Ocensa”, explica el presidente de Ocensa.

Camino del crudo

Cuando un barril de crudo llega a la terminal de Coveñas por el Oleoducto Central (Ocensa) ha recorrido 857 kilómetros por 45 municipios del país y seis departamentos. Gracias a esta operación se han transferido $512.000 millones a los municipios en impuestos de transporte, participando de manera importante del desarrollo de los territorios.

Un barril de petróleo, desde Cusiana o Cupiagua se puede demorar entre cuatro y cinco días, todo el recorrido, destaca Camilo Domínguez Gutiérrez, gerente de Responsabilidad Social. “Somos una ruta alterna que actualmente transporta 630.000 barriles de crudo diarios”, anota Sandoval.

En 25 años de operación Ocensa ha transportado 3.486 millones de barriles hasta Coveñas, exportando alrededor de 2.050 millones de barriles a través del puerto de Coveñas, en más de 3.000 buque-tanques. El oleoducto sube hasta 2.979 metros sobre el nivel del mar en el Alto de las Flores, en Boyacá.

Ocensa, el oleoducto con mayor extensión de Colombia, transporta alrededor del 76 % del total de la producción de petróleo del país, transfiere crudo al Oleoducto de Colombia y a la Refinería de Barrancabermeja para el consumo nacional y exporta un 57% del petróleo que transporta, a través del terminal de Coveñas.

El presidente de Ocensa señala que en estos 25 años se ha visto una evolución y transformación en este esquema de transporte. Esta infraestructura de transporte dejó de ser un activo al servicio de un campo para convertirse en negocio.

Es una megaobra de infraestructura; a veces “nosotros perdemos la magnitud de lo importante que es manejar estos 734 kilómetros de la manera como se maneja”, dice el presidente. Este oleoducto es parte del paisaje porque los ingenieros que están entrenados para saber dónde está el tubo no necesariamente lo encuentran a simple vista, les toca utilizar herramientas para ubicarlo; ese fue uno de los criterios de diseño original: evitar cualquier cambio al paisaje.

Terminal de Coveñas

El principal terminal marítimo por donde el país exporta cerca del 76 % de la producción petrolera nacional está ubicado en los municipios de Coveñas, en el departamento de Sucre, y el municipio de San Antero, en Córdoba.

Según directivos de Ocensa, el puerto está situado estratégicamente junto al Batallón de Infantería Marítima de Coveñas, que presta servicios de acompañamiento en los temas de seguridad y cuidado de esta infraestructura estratégica para la nación.

En este terminal, Ocensa almacena, transfiere y exporta el petróleo que recibe; con una capacidad de almacenamiento de alrededor de dos millones de barriles en nueve tanques.

Transfiere parte del crudo que recibe a la matriz Cenit (Transporte y Logística de Hidrocarburos), que lo exporta o lo envía a la Refinería de Cartagena.

Exporta el resto directamente a través del segmento 4, que está conformado por un sistema costa afuera por donde, a través de un ducto submarino de 12 kilómetros de longitud y 42” de diámetro, se conecta con dos líneas de mangueras submarinas que, a su vez, están conectadas con la monoboya dos, diseñada para el amarre de buques tanqueros con capacidad de cargue hasta de 2’000.000 de barriles.

En Ocensa consideran que con la crisis de Venezuela se ha abierto un mercado importante para el crudo colombiano, porque permite enviarlo a los Estados Unidos, lo mismo que a Países Bajos y España.

Con la ampliación del Canal de Panamá se abrió una nueva oportunidad de negocio para el crudo colombiano, pues ahora llegan hasta Coveñas los tanqueros Aframax, que antes no podían transitar por el canal viejo.

Cuando se habla de exportación de petróleo, cuando se piensa en las finanzas del Estado y en todo lo que representa el petróleo para el país, todo eso pasa en la terminal de Coveñas con sus tres terminales, sostiene Camilo Domínguez.

El estar cerca del Canal de Panamá y tener esa facilidad de movilidad va a permitir a futuro que el golfo tenga otra perspectiva de negocio con los grandes hallazgos de gas en la provincia gasífera localizada al frente del Golfo de Morrosquillo.

Esos hallazgos para los cuales Ecopetrol busca un socio comercial son Kronos y Purple Angel. Se trata de un descubrimiento significativo de gas, lo que se denomina una nueva provincia gasífera. “El desarrollo de estos proyectos requiere mucho capital y al menos diez años para delimitarlos y construir toda la infraestructura, así como definir el esquema de comercialización. Es decir, abrir el mercado. Hoy no existe la demanda para todo ese gas”, dice la empresa colombiana Ecopetrol.

Medio ambiente, a salvo

El derrame de crudo está presente en la actividad petrolera. Muchas multinacionales se han visto enfrentadas a este tipo de accidentes con graves consecuencias para el medio ambiente. Casos se han presentado en el Golfo de México y en Alaska, donde grandes volúmenes de crudo han contaminado las corrientes marinas.

Este tipo de accidentes no se han registrado en Colombia; la transferencia del oleoducto a los buques cargueros en la terminal de Coveñas en el puerto de Morrosquillo se hace con las más altas técnicas de precisión.

Adicional a este potencial peligro de contaminación, otras actividades ejercen constante amenaza de afectar la flora y fauna existente en las corrientes marinas colombianas.

Lucas Jaramillo Castaño, profesional sénior off-shore, explica que cuando un buque llega a Coveñas a llevar crudo, lo hace cargado de agua; este fenómeno se conoce como agua de lastre. Para cargar crudo tiene que deshacerse de esa agua en las corrientes colombianas, con los consabidos problemas de plagas invasivas.

“Este fenómeno se presenta en todos los puertos del mundo, debido a que los buques están diseñados para andar cargados, por el manejo de su centro de gravedad, para evitar problemas de volcamiento. Cuando descargan tienen que llenar otros tanques con agua de lastre y hacer una navegación segura”, explica Jaramillo.

Para evitar este tipo de problemas, “en Colombia todos los cargues están directamente controlados por la capitanía del puerto, con un perito de contaminación ambiental. Cuando el buque llega, ese carguero no puede iniciar operaciones hasta que ese perito haga el muestreo de cada uno de los tanques de carga, evitando que las especies invasoras entren a nuestra flora”, dice Lucas Jaramillo.

“La Organización Marítima Internacional (OMI) encabezó esa preocupación de las especies invasoras que no son propias de la flora y fauna de nuestro país, pero que sí afectan. Entonces se hizo el convenio de aguas de lastre, que obliga a que se busque un procedimiento de limpieza para cuando el buque suelte esas aguas; es decir que debe cumplir unos protocolos que son controlados directamente por la capitanía de puerto”, destaca Jaramillo.

Historia de los oleoductos

Tras el descubrimiento de Caño Limón, en 1983, el país recobró el rol de país exportador de crudo. En 1991, la British Petroleum anunció el hallazgo de Cusiana y un año después el de Cupiagua, ambos en el departamento del Casanare.

Con estos campos petroleros las reservas del país llegan a los 2.000 millones de barriles de crudo. En 1998 inició operaciones el Oleoducto Central S.A. (Ocensa), que recorre desde Cusiana hasta Coveñas.

Luego, en 2004, cuando los precios de crudo se dispararon por encima de los US$100 el barril se hizo atractiva la extracción de crudos pesados, que el país había olvidado.

Un año después el país registró el mayo número de pozos perforados en los últimos diez años. En 2009, Ocensa registró cambio en sus accionistas y la canadiense Enbridge vendió a Ecopetrol su participación del 24,7 %; un año después nació Cenit, principal accionista de Ocensa, llegando a transportar el 58 % del crudo producido en el país.

En 2013, con la definición de un nuevo modelo de negocio, Ocensa transportó el 70 % del crudo producido en el país, al ampliarse la capacidad del oleoducto en 35.000 barriles promedio por día.

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