Publicidad

Ómar y el milagro de la tecnología

En internet se cuentan por cientos las aplicaciones que les permiten a las personas con alguna discapacidad física acceder a un computador. Ómar Sánchez, de 16 años, cuenta su experiencia.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Carolina Gutiérrez Torres
08 de mayo de 2010 - 09:00 p. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Málaga, España. 7 de mayo de 2010. “La empresa malagueña Eneso ha desarrollado un dispositivo de control de computadores para personas con discapacidad severa, denominado proyecto ‘En Pathia’. El sistema permite controlar el cursor a través de los movimientos naturales de alguna parte del cuerpo, como la cabeza o el antebrazo”.

La noticia la registró la agencia Europa Press. Luego fue reproducida por diarios de todo el mundo. Ahora ‘En Pathia’ se sumará a la lista de decenas, cientos de software que circulan por internet para personas con alguna discapacidad física. Muchos de ellos con descarga gratuita. Sólo haga el ejercicio de poner las palabras clave en Google y encontrará aplicaciones incontables.

A finales del año pasado se conoció en Colombia un software con las mismas características que el ‘En Pathia’. Ómar Sánchez, el personaje principal de esta historia, da testimonio de él. Dirá que le cambió la vida. Vean por qué.

El maestro del mouse virtual

Se concentra en el computador que tiene al frente. Fija los ojos en la cámara web. El aparato capta su rostro, que en segundos aparece en la pantalla. Esa es la señal de que Ómar Sánchez, 16 años, con parálisis en brazos y piernas, puede empezar a usar su portátil sin ninguna ayuda. Lo hará por primera vez luego de que un día de junio de 2008 un accidente lo postrara en una silla de ruedas. Utilizando los ojos, la boca, los gestos de la cara, dará las órdenes necesarias para escribir un texto, navegar en internet, chatear, enviar un correo. Ese “milagro” lo hace un software llamado Headmouse, que les permite a las personas con movilidad limitada controlar el cursor mediante movimientos faciales.

Ómar gira lentamente la cabeza hacia la izquierda —en la pantalla el cursor sigue la misma dirección—. Apunta hacia abajo. Se detiene en el botón “Inicio”. Parpadea —ese gesto representa un clic—. Abre el menú principal. Se desplaza hasta el icono de Word. Otra vez parpadea. Aparece en la pantalla la hoja de texto y a un lado el teclado virtual. Entonces empieza el proceso de escritura. Se para sobre cada letra. Parpadea. Es un trabajo arduo, lento, pero con los meses se vuelve más ágil. Ómar es tímido, poco expresivo, pero no puede esconder el orgullo que le produce valerse por sí mismo. Otra vez.

El Headmouse es una creación de Indra, una multinacional española especializada en de tecnologías de la información. Yolanda Betancourt, directora de Indra en nuestro país, explica que este software funciona a través de códigos de visión artificial desarrollados para el área de la robótica. Dice también que en los últimos tres años Indra ha invertido 500 millones de euros en el desarrollo de diferentes tecnologías, incluido el ratón virtual.

Ómar Sánchez, el joven tímido de voz pausada, fue uno de los primeros en usar el ratón virtual en el país. Hoy es un profesional, un maestro. Visita los colegios para dar charlas sobre su historia, su progreso, su regreso a la vida. ¿Qué significa para él volver a manejar un computador solo, sin ninguna ayuda? “Autonomía —lo dice contundente—. Me devolvió muchísimas cosas, puedo investigar solo, hacer las tareas”. Este año regresó al colegio. Está en décimo. Llega a clase siempre con su computador.

El español Jordi Palacin es uno de los creadores del ratón virtual. A través de un video (que se encuentra en el sitio web www.tecnologiasaccesibles.com, en el que también se puede descargar el Headmouse), Palacin cuenta que aquel software nació como un proyecto de clases en la Universidad de Lleida. Comenzó como una aplicación de robótica móvil que buscaba detectar hacia dónde estaba mirando el usuario del procesador. Luego, a ese desarrollo se sumó la idea de crear un programa para personas con limitaciones físicas “buscando siempre que fuera de bajo costo”, cuenta el profesor Palacin.


“Es un programa simple que se instala en Windows y sólo requiere una webcam convencional. Una vez el usuario tiene conectada la cámara, debe instalar un software (gratuito). Eso es todo”. A partir de ese momento podrá controlar el cursor y tendrá acceso a todas las órdenes de un mouse convencional. Indra calcula que en el sitio web oficial de tecnologías accesibles se han registrado unas 300 mil descargas de esta aplicación.

Esta misma cátedra fue la que recibió Ómar Sánchez cuando llegaron los representantes de Indra al Centro Integral de Rehabilitación de Colombia (Cirec), donde él recibía sus terapias, a finales del año pasado. Para ese momento ya había pasado algunos meses en rehabilitación. Ya había recuperado algo de sensibilidad en el brazo derecho. Ya podía sostener la cabeza sin ninguna ayuda.

Sus padres, María Eugenia Cepeda y Baldomero Sánchez, dicen que fue un milagro que su hijo sobreviviera a aquel accidente del colegio (Se desliza por una montaña de arena siguiendo las órdenes de un instructor. Pierde el control. En 30 segundos termina el recorrido. Choca contra la tierra. Queda inconsciente. Al despertar no siente el cuerpo. Tres días en coma). Dicen también que es un milagro que su hijo haya recuperado la autonomía y que esté visitando aulas de clases para contarles a otros jóvenes que “vale la pena vivir”, en sus propias palabras.

El lector de pantallas

Su luz se fue difuminando. Primero veía sombras y con los años todo fue oscuridad. Santiago Rodríguez tenía 30 años cuando una enfermedad lo dejó ciego. Había estudiado tecnología en administración de sistemas y ejercido como programador y analista. Los computadores eran su herramienta de trabajo, entonces se empeñó en encontrar la manera de seguir trabajando con ellos.

Empezaba la década de los noventa y la tecnología en Colombia sólo le ofrecía un equipo de audio que debía adaptar al computador. Cada orden que daba en el teclado se traducía en una voz robótica que repetía sus movimientos. Memorizó cada tecla, cada comando. En ese momento trabajaba con el sistema operativo DOS de Windows.

Sólo hasta 1997 fue traducido al español el primer software lector de pantalla que cumplía esa misma función de “convertir el texto en voz”, llamado Jaws para Windows. Era costoso, exclusivo, pero era el único, lo que lo hizo volver el más popular en Latinoamérica. En pocas palabras, así funciona: “Cuando uno hace una acción Windows resalta un elemento en la pantalla, este software me indica cuál es el elemento que está activo. ‘Menú de inicio’, ‘Internet’, ‘Word’. Y cada vez que pulso una tecla lee la nueva posición”, explica Rodríguez.

El último gran avance sucedió dos años atrás. Llegó al español el primer software libre con las mismas características. Su nombre es NVDA y fue creado por una comunidad virtual.

Santiago Rodríguez, hoy de 45 años, asegura que estas aplicaciones le han permitido “romper barreras de acceso a la información, ser independiente”. En 2004 se graduó como ingeniero de sistemas. Hoy trabaja en proyectos de educación en el Instituto Nacional para Ciegos (Inci).

Por Carolina Gutiérrez Torres

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.