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Colombia le apunta al emprendimiento de alto impacto (EAI) y por eso la meta es tener, máximo en diez años, 1.000 empresas que puedan alcanzar ventas superiores a $6.000 millones. Gacelas, como se las conoce, con la capacidad de crear trabajo de calidad y la posibilidad de competir con empresas extranjeras.
Según cifras del estudio Escalonando Emprendimiento en Colombia, realizado por The Breakthrough y dado a conocer en la Semana Mundial de la materia que se realiza en Bogotá, en los últimos diez años se desarrollaron en el país 6.066 emprendimientos, de los cuales 5.153 son tradicionales, 609 dinámicos y sólo 284 son de alto impacto, es decir el 5% en la última década.
Frente a esta cifra llama la atención que ninguno de los casos haya surgido a partir de la iniciativa de una universidad, lo que “exige una revisión profunda de la forma como se imparte la educación para el emprendimiento”, dice el informe.
El primer paso que se trazó el Gobierno para alcanzar esa meta es el de separar a este tipo de emprendimiento de las formas tradicionales para que reciba apoyo especial, como la creación de un mercado secundario de valores “que en su etapa más rudimentaria podría ser un esquema de crowdsourcing (tipo Nasdaq en sus inicios)”, o que existan recursos propios en los fondos no reembolsables, un fondo de US$10’000.000 anuales que puede aumentarse con contrapartidas locales, además de unas líneas específicas de crédito.
Camilo Montes, director de Emprendimiento del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, explicó que “la bolsa de valores será un punto de llegada y no de partida. Por ahora trabajamos en el diagnóstico: en qué estamos y hacia dónde queremos llegar”.
Adicionalmente a esas iniciativas, el Mincomercio y las cámaras de comercio del país han adelantado otras como el desarrollo de fondos de capital de riesgo, incubadoras de empresas y ángeles inversionistas, a través de más de 100 programas de desarrollo económico y apoyo empresarial con los que se han beneficiado más de 75 mil empresarios.
Julián Domínguez, presidente de Confecámaras, afirma que “el emprendimiento a pequeña escala tiene una repercusión a nivel social y, en la mayoría de los casos, se queda en la informalidad, por eso no aporta significativamente al PIB. Hay que apoyar, sí, pero también toca potencializar a las empresas con expectativas altas de crecimiento”.
Así las cosas, lo que se busca es que el emprendimiento de subsistencia y de vida, de acuerdo con Gaia de Dominicis, directora de Endeavor Colombia, “siga recibiendo apoyo a través de la ley de formalización, con ruedas de negocios y otros programas, pero la idea es ayudarlo a escalar para que no se quede en el negocio de las empanadas o el local de ropa”.