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La pobreza multidimensional en Colombia volvió a caer. Otra vez. Y otra vez marcó un mínimo. En 2025 se ubicó en 9,9 %, 1,6 puntos menos que el 11,5 % de 2024, según el más reciente informe del DANE.
La mejora se ve en todo el mapa, al menos en los números. En las ciudades, el indicador bajó de 7,8 % a 6,3 %. En los centros poblados y la ruralidad dispersa pasó de 24,3 % a 22,4 %. No hay regiones que retrocedan.
Pero basta mover un poco el zoom para que la foto cambie. La pobreza en zonas rurales sigue siendo 3,6 veces mayor que en las ciudades.
En números absolutos, el descenso también se siente. En un año, cerca de 800.000 personas dejaron de estar en pobreza multidimensional: de 6 millones en 2024 a poco más de 5,2 millones en 2025.
La comparación larga es más diciente. En 2020, con el país cerrado por la pandemia, la cifra superó los 9 millones. Desde entonces, la reducción es de casi cuatro millones de personas.
La caída, además, tiene geografía. Se concentra en las ciudades. En cabeceras, el número de personas pobres pasó de 3,1 millones a 2,5 millones en un año. En la ruralidad la mejora existe, pero es más lenta: de 2,8 millones a 2,6 millones.
Ahí aparece un matiz, porque una cosa es salir del conteo. Otra, distinta, es dejar de ser pobre en lo esencial.
En 2025, quienes siguen en pobreza multidimensional enfrentan privaciones en el 40,4 % de los indicadores. Es prácticamente lo mismo que hace un año. Educación rezagada, empleos inestables, viviendas que no cumplen condiciones básicas.
Menos pobres, pero con las mismas carencias.
El Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), que combina incidencia e intensidad, bajó a 0,040, desde 0,046 el año anterior. La mejora existe, pero está impulsada más por la salida de personas del indicador que por una reducción profunda de las privaciones.
La geografía vuelve a ordenar el problema. La Amazonía-Orinoquía (18,2 %) y el Caribe (17,9 %) concentran las mayores tasas, mientras Bogotá (2,2 %) y la región Oriental (7,4 %) se mantienen en la parte baja.
Aun así, hay movimientos relevantes. Bogotá registró una de las mayores caídas (-3,2 puntos), junto con Amazonía-Orinoquía y la región Pacífica (-2,1 puntos cada una). Ninguna región empeoró.
Cuando se descompone el indicador, el patrón es consistente: educación y trabajo siguen siendo el núcleo de la pobreza multidimensional.
A nivel nacional, la educación explica el 35,9 % del indicador y el trabajo el 29,6 %. Vivienda (14,1 %), niñez (12,5 %) y salud (7,9 %) quedan atrás.
Bogotá es la excepción parcial. Allí, el trabajo (32,8 %) supera a la educación (23,9 %) como principal contribuyente, y la salud gana peso (24,1 %), una señal de que, cuando la pobreza baja en cantidad, cambia de naturaleza.
En los territorios, las diferencias son más bruscas. Vichada tiene la mayor incidencia del país: 55,2 %. También fue el que más cayó en el último año. En el otro extremo, Bogotá.
El contraste más crítico está en la ruralidad profunda. En Guainía, el 65,4 % de la población en centros poblados y rural disperso vive en pobreza multidimensional, y además aumentó frente a 2024.
Las diferencias también se expresan en quién lidera los hogares. La incidencia es mayor cuando la jefatura es femenina (10,9 %) frente a masculina (9 %), aunque la brecha se redujo levemente en el último año.
El componente étnico mantiene las distancias más amplias. El 37,9 % de la población indígena vive en pobreza multidimensional. En la población afrodescendiente es 17,4 %. En quienes no se reconocen en grupos étnicos, 7,9 %.
Aquí la reducción es más lenta y desigual. La brecha entre población indígena y no étnica llegó a 30 puntos porcentuales, incluso ampliándose frente a 2024.
La noticia es positiva: Colombia reduce pobreza multidimensional, pero no logra reducir con la misma velocidad la profundidad de esa pobreza.
¿Qué es la pobreza multidimensional?
En el país existen dos mediciones macro de pobreza: monetaria y multidimensional. La primera, conocida como pobreza monetaria, tiene en cuenta solo el poder adquisitivo de los hogares: es una medición que se hace en relación con el dinero. En cambio, el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) va más allá de los ingresos de una persona u hogar y tiene en cuenta más variables, aparte del dinero.
Como su nombre lo indica, el IPM explora otros renglones de la vida de una persona u hogar para entender qué carencias hay en cinco dimensiones específicas: educación, salud, trabajo, bienestar de la niñez y condiciones físicas de la vivienda. De acuerdo con el Departamento Nacional de Planeación, el IPM comprende 15 variables en total, que se reparten en las cinco dimensiones mencionadas.
En otras palabras, la pobreza multidimensional permite observar una imagen más porosa y específica sobre el estado social del país, algo que es particularmente importante para los tiempos después de la pandemia y la recuperación económica, pues explica indicadores clave como trabajo y educación, entre otros.
Sin embargo, estos datos tienen algunos bemoles cuando se mira cuáles son las dimensiones y los indicadores que más incidencia tienen en la pobreza multidimensional.
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