Charla con uno de los mejores defensas del fútbol global

Puyol, el capitán de la humildad

Carles Puyol, uno de los emblemáticos jugadores de fútbol del más exitoso Barcelona de España, aquel que va por el mundo recordando “humildad ante el éxito y fuerza ante el fracaso”, viene a Colombia para contar en Foros El Espectador cómo hay que reinventarse desde la experiencia. El líder dentro de la cancha ahora habla de liderazgo fuera de ella.

Carles Puyol, alzando, como capitán del Barcelona, la copa de la Liga. / EFE

Subiendo el telón

Con el 5 en su espalda, opacando a Van Persie, deteniendo a Robben y aguantando a Sneijder. Cabello largo, arriba de los hombros, pasado sobre la cara. No paraba. De gritar. De empujar. Fuerte, en físico y temperamento. En marca y en mentalidad. Era el día de la gloria. No había lugar para fallar. Para dudar. Casillas, Ramos, Piqué, Capdevila junto a él, prestaban guardia. Más adelante, Alonso, Busquets, Xavi, Pedro, Iniesta y Villa buscaban agitar la red. Don Vicente era el faro y un 4, 2, 3, 1 la estrategia. Una mítica España, la máquina europea que estaba consiguiendo la miel del triunfo fuera de su propio continente.

El 16 de junio del 2010 se había comenzado a tejer el sueño de conseguir el máximo trofeo en el mundo del deporte. Una caída ante Suiza, un triunfo sobre Honduras y uno más sobre Chile. El verdadero Mundial comenzaba. A Portugal lo vencieron con un gol, a Paraguay con un sufrido juego y dos palos antes de celebrar. Llegó la semifinal y Carles Puyol, el protagonista de esta historia, no estaba listo para jugar. O más bien, en condiciones. Molestias en un glúteo que iban en aumento mientras en Durban, Sudáfrica, el mundo esperaba el match. Puyol llegó. Alemania aguardaba por España.

Entonces, 45 intensos minutos pasaron. Camino al camerino, Puyol le dijo al oído a Xavi Hernández que le pusiera el balón en el punto penal, en uno de esos tiros de esquina, porque de algo estaba seguro: les haría daño. Ya lo tenía planeado. Estaba convencido de ello. Era una jugada que se hacía en el Barcelona. Se lo dijo al Míster, el técnico, y él les dio el aval. David Villa le hizo sombra al portero, Piqué bloqueaba a los defensas y Xavi debía ponerla exacta. Puyol hizo lo prometido: daño. Se levantó, estrelló su frente contra el balón y, dejando a Neuer en el camino, hizo gritar a toda España de emoción. El eterno capitán del Barça estaba poniendo a su país en una final. Una final mundial.

La historia se escribió. Carles Puyol, aquel de “humildad ante el éxito y fuerza ante el fracaso”, lo estaba logrando. Lo que añora todo futbolista. Todo hincha. Todo aquel que algún día le ha dado golpes a un balón. Patadas. Puntapiés... En Johanesburgo, la España de don Vicente del Bosque se alzaba con la gloria. Era lo que le faltaba a un líder nato como Puyol, el capitán de capitanes en la era más exitosa del club catalán, primero con el holandés Frank Rijkaard y luego con Pep Guardiola como técnico. El central hecho en la cantera, en la masía, el que se convirtió en uno de los referentes, al lado de Xavi Hernández, Andrés Iniesta y Lionel Messi. Tenía en su haber cada palmarés que los grandes de este deporte quieren lograr.

Ahora, por fuera de la cancha, después de vivir en ella exitosamente entre 1999 y 2014, tras ganar la Eurocopa de 2008, en Suiza y Austria, con 782 partidos jugados, 25 goles anotados y 23 títulos conquistados, luego de vestir el traje como director deportivo del Barcelona y ahora de auditorio en auditorio, contándole al mundo el valor de los valores y los atributos de un gran líder, Puyol aterriza en Bogotá para hacer parte del World of Business Ideas, más conocido como WOBI, después de conversar un tanto con El Espectador, ya sin cortos ni camiseta de color. Aquí va. Más allá del balón.

Jordi Alba dijo un día en una entrevista sobre usted: “Puyol es un líder natural”. Y en eso coincidió Thiago Alcántara. ¿Qué es ser un líder natural?

Hay muchas formas válidas de liderar un equipo. Para mí, un líder natural es aquel que es seguido sin forzar el liderazgo ni imponer jerarquías. En mi caso, he actuado siempre desde el instinto y a través del ejemplo. Creo que mostrar con mis actos y mirar siempre por el bien del colectivo es algo que cala mucho más que un gran discurso.

Usted habla de gestionar con inteligencia las emociones en situaciones complejas. ¿Cómo se hace? ¿Cómo se aplica en un ejemplo práctico de la vida?

Cuando te ves en una situación emocionalmente compleja, es fácil perder el foco. En el fútbol te enfrentas a emociones de tensión, presión, rabia, impotencia, te provocan… El autocontrol es clave para gestionarlas con éxito, y esto es lo que marca la diferencia en estas situaciones.

Como todo en la vida, este autocontrol se consigue a base de práctica. Lo primero y esencial es la capacidad de observarte con perspectiva. Ver qué quieres cambiar y, a la vez, recordarte qué es lo importante y cuál es tu objetivo. Esta actitud de autorreflexión tiene que acompañarte en tu día a día, porque no hace falta verse en situaciones extremas para aplicarla, así puedes estar en constante evolución y mejorar.

Hoy se habla de la zona de confort, ese punto en donde la persona se encuentra cómoda, tanto profesional como emocionalmente. Esas personas han perdido la emoción por dar más. Usted habla de llevar el rendimiento al máximo. ¿Cómo hacerlo?

Tener ambición de forma saludable es importante para evolucionar y evitar quedarse estancado en la zona de confort. Hablo de ambición por querer hacer las cosas mejor, por dar más de ti mismo, por mantener la ilusión y la curiosidad. Nunca debes pensar que ya lo tienes todo. Mantén tus ojos abiertos desde la humildad y piensa que siempre hay más por hacer y mejorar.

Se dice que las personas se comportan en la vida diaria como se comportan en la cancha. Quien es líder adentro, lo es afuera. Si se esfuerza más de lo pedido, conseguirá mejores resultados. ¿Cuáles son las lecciones que salen del campo de juego para el resto de la vida?

En el campo aprendí la importancia de trabajar duro y ser constante para conseguir los objetivos, personales y colectivos. Mis lesiones me han obligado a ser paciente, pero también optimista. Trabajar en equipo puede ser muy complejo y exigente, porque demanda generosidad y empatía, pero la recompensa que te ofrece es mucho más enriquecedora. Se vive todo con más intensidad, de forma que los fracasos se comparten y los éxitos se multiplican.

Hay muchos estilos de liderazgo, según la academia: administrativo, democrático, autocrático, colaborador, etc. ¿Qué estilo de liderazgo era el del capitán del histórico Barcelona que lo ganó todo? ¿Cómo lo ejercía sobre todas esas figuras del fútbol mundial?

Me definiría como una mezcla de o híbrido entre democrático y colaborador. Para mí, el bien colectivo siempre ha estado por encima del bien individual. He intentado involucrar, en la medida de lo posible, a todos los miembros del equipo en la toma de decisiones, con el fin de fomentar la confianza y el trabajo en equipo. Como he dicho antes, he sido capitán de pocas palabras y más hechos, liderando a través del ejemplo.

Entre el Barcelona y el Madrid siempre hay rivalidad. Pero cuando jugaban en la selección española, esa rivalidad desaparecía. ¿Cómo lo logró? ¿Cómo lo manejaba?

Soy competitivo. Me apasiona jugar al fútbol y me gusta ganar, y lógicamente batir al máximo rival es una satisfacción mayor. Pero cuando esos rivales pasan a ser compañeros, todos compartimos el mismo objetivo y trabajamos en equipo por alcanzarlo. Las rivalidades quedan a un lado y el juego es lo más importante.

¿Qué significa reinventarse desde la experiencia?

Seguir vinculado al fútbol, pero con un nuevo sentido. El de ayudar con mi experiencia y transmitir mi forma de ver el fútbol a jugadores para acompañarlos como mentor y conseguir que sus carreras sean en todos los sentidos lo más exitosas y longevas posible.

¿Cómo se lidera al mejor jugador del mundo: Lionel Messi?

A nivel de motivación, es muy fácil, porque compartimos muchos valores y la forma de entender el deporte. Pasión, ilusión, trabajo, constancia, no creer que ya está todo hecho y ganado, mantener la ambición para evolucionar y disfrutar de mejorar son características que a él también lo definen. Además, Leo se ha preocupado siempre de cuidar todos los detalles, dentro y fuera del terreno de juego.

Gestionar temas personales y emocionales que también afectan el resultado del equipo es otra historia. Cualquier líder tiene que saber adaptar su mensaje a cada miembro de su equipo, conocerlo bien. Como capitán, siempre he intentado acercarme a mis compañeros desde el cariño. Cada persona funciona de una forma distinta y por eso la empatía y saber leer a quien tienes delante es fundamental. Por ejemplo, saber si esa persona funciona y reacciona desde la exigencia o desde la reflexión y el entendimiento…

A muchos futbolistas se los critica porque han probado las mieles del éxito deportivo, pero no han pasado por una escuela o universidad. Usted, desde su empresa, trabaja en formar futbolistas profesionales en todos los aspectos. Incluso desde niños. ¿De qué se trata el trabajo con ellos y qué ha logrado?

Mi propósito como mentor para mis jugadores es ayudarles desde mi experiencia a gestionar su carrera futbolística de una forma global, no sólo en aspectos de contratos deportivos, sino en todo lo que necesita un jugador para que su carrera sea lo más longeva y exitosa posible.

Es un trabajo de largo recorrido, estudiando muy bien qué necesita cada jugador para poder dar el mayor rendimiento. Esto conlleva también asesoramiento en los pequeños detalles, que muchas veces son los que marcan la diferencia, y apoyo en la parte emocional para ayudarles a gestionar la presión, las derrotas, las posibles lesiones, las malas influencias…

También les digo que la vida de un jugador en activo es muy corta y los animo a prepararse para el futuro, porque pasarán muchos más años de su vida sin jugar que jugando, y cuando estás activo es difícil tener perspectiva.

¿Quién es su referente de liderazgo? ¿De quién aprendió? ¿A quién replicó? ¿Y a qué líder no le gustaría seguir nunca?

Mi primer referente y el que más me marcó fue mi padre. Me inculcó unos valores que desde pequeño me acompañan y me han ayudado en mi carrera y como capitán.

Ya como profesional, tuve la suerte de compartir vestuario con Luis Enrique. De él aprendí su forma de entender el deporte y seguí muchos de sus consejos.

No me gustaría seguir los pasos del líder para el que todo vale por conseguir un objetivo. Por esa razón estoy tan orgulloso de lo que hemos conseguido en el Barcelona, no sólo por lo que hemos ganado, sino por como lo hemos ganado.

El liderazgo nunca es fácil. Todos tenemos caídas. ¿Cuál fue la caída que le costó más de lo esperado? ¿Cómo se recuperó de ella y logró salir triunfante?

A lo largo de mi carrera he tenido muchas caídas y en diferentes aspectos. He tenido que gestionar desde lesiones hasta la muerte de mi padre. En todas ellas, mi pasión por el fútbol me ha ayudado a seguir luchando para salir adelante. Es un privilegio tener un objetivo y motor tan claro en tu vida.

Terminando la escena

¿Por qué Puyol, con las manos en la copa del mundo y con la historia escrita en su espalda, en el momento más importante de la vida para un jugador de fútbol, tomó la decisión de seguir? Para cualquier líder, para cualquier campeón, era el momento del acto sublime para salir con los brazos en alto, abiertos como alas acariciando la grandeza y el rostro rumbo al cielo, agradeciendo a la deidad. “En un momento nos abrazamos con el Míster, y el Míster dijo: ‘Ahora no te puedes ir, como mínimo tienes que llegar a los 100 partidos’. Y eso me marcó, porque acabábamos de ser campeones del mundo, y que él se acordase de que me podía ir o no, la verdad es que sí me marcó”. Esa fue la respuesta al aplauso de pie que le daba el mundo, no sólo a Puyol, sino a la selección española, como cuenta Carles en el documento periodístico Informe Robinson. Así, un líder, el Míster, marcó a otro igual de grande, Puyol. En medio de la gloria, ¿qué líder lo ha marcado a usted?