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El conflicto en Oriente Medio ha disparado el precio del petróleo. Este lunes, el barril de referencia Brent llegó a cotizarse en USD 118, logrando niveles que no se registraban desde abril de 2022.
Históricamente, superar la barrera de los USD 100 por barril suele coincidir con episodios de fuerte tensión geopolítica o desequilibrios en la oferta global. En 2022, por ejemplo, el precio se disparó tras la invasión rusa a Ucrania. Entre 2011 y 2014 se mantuvo en niveles elevados por la inestabilidad en Oriente Medio y el Norte de África durante la Primavera Árabe. Y en 2008 alcanzó máximos históricos impulsado por la fuerte demanda global y tensiones en países productores, antes de desplomarse con la crisis financiera internacional.
Ante el actual escenario, es natural pensar sobre el impacto que tendría un petróleo caro en Colombia.
Por un lado, Colombia es un país productor de crudo. En 2025, las exportaciones de combustibles y productos de industrias extractivas sumaron USD 19.190 millones. Dentro de ese total, el petróleo y sus derivados se mantuvieron como el principal producto de exportación del país, con ventas superiores a USD 12.400 millones. En ese contexto, un precio alto del crudo se traduce en mayores ingresos para la nación.
Por otro lado, Colombia también depende de importaciones de combustibles. En 2025, el 20 % del gas consumido en el país fue importado —12 % para la generación de energía y 8 % para los hogares—, según cifras de Naturgas. A esto se suma que entre el 35 % y el 40 % de la gasolina que se consume en el país se compra en el exterior, de acuerdo con Frank Pearl, presidente de la ACP. Ante este panorama, un petróleo caro también implica mayores costos para la economía nacional.
El análisis que hace Julio César Vera, quien es el presidente de Xua Energy y experto en el sector, es que un barril de petróleo a más de USD 100 ha provocado que los precios internacionales de la gasolina y el diésel se disparen, al punto que hoy el precio interno de la gasolina y el diésel en Colombia (según sus cuentas) se ubica por debajo del nivel internacional: cerca de COP 750 por galón en el caso de la gasolina corriente y más de COP 8.300 por galón en el caso del diésel (ACPM).
Según estima, este escenario crea un efecto de más de COP 1,2 billones en los subsidios asociados al Fondo para la Estabilización del Precio de los Combustibles (FEPC).
Y es aquí cuando se llega a la nuez del asunto, dado que en el país la variación del precio de la gasolina, o el diésel, no depende de forma directa del comportamiento de los precios internacionales, sino de las decisiones del Gobierno sobre los ajustes internos.
Es por lo anterior que, durante años, el mencionado FEPC acumuló un déficit de billones de pesos (en 2023 alcanzó un acumulado de COP 53 billones) que golpeó con fuerza las finanzas de la nación. Lo que hace este fondo es blindar el precio de los combustibles en el mercado local, ya que es el Gobierno quien asume esas diferencias.
En suma, aunque es cierto que los precios de los combustibles han subido en el mercado internacional por cuenta del alza disparada en el petróleo, eso no necesariamente se traduciría en un aumento en el precio de la gasolina que, de hecho, en lo que va del año ya ha acumulado un recorte de COP 1.000 por galón, por orden del Ministerio de Hacienda.
Vera también explica que, con el más reciente recorte que se le hizo al precio de la gasolina (que fue de COP 500), el galón seguía aproximadamente COP 2.500 por encima del nivel internacional, mientras que tras lo que ha ocurrido en Oriente Medio hoy está COP 750 por debajo.
Todo esto genera presión para que en abril no continúe la racha de recortes en el precio del galón. El Gobierno tendrá que revisar las cuentas y evaluar las decisiones necesarias para manejar este escenario de la forma más responsable desde el punto de vista fiscal. En ese contexto, un nuevo aumento en el precio de la gasolina vuelve a aparecer como una posibilidad.
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