Publicidad

¿Qué pasó con Prodiscos?

Llegó a tener 80 tiendas. Hoy son seis y factura la tercera parte de lo que hacía en 2009. Radiografía de una industria que se transforma.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Maria Alejandra Medina C.
14 de julio de 2014 - 02:00 a. m.
Juan Diego Montoya, presidente de Prodiscos. /Liz Durán
Juan Diego Montoya, presidente de Prodiscos. /Liz Durán
Foto: Liz Duran
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Para todos los colombianos que vivieron la era de los vinilos, los casetes y los CD, Prodiscos es el principal referente de las discotiendas. Pero las cosas han cambiado desde que la piratería, hacia comienzos de los 2000, empezó a robarse los tesoros de la industria musical.

El mes pasado, Prodiscos cerró su tienda en Unicentro Bogotá, la más emblemática de todas. De 80 puntos de ventas, pasaron a seis. Hace cinco años, la compañía vendía $50.000 millones. Hoy la cifra es de $15.000 millones. Ahora, más que volver al interrogante del futuro de la industria y las discotiendas, vale la pena hurgar en la transformación que ha vivido y lo que le depara a una de las marcas más recordadas por los colombianos.

Prodiscos comenzó hace 45 años siendo un distribuidor de música al por mayor en cinco ciudades del país, hasta que Francisco de Paula Montoya, su creador, se dio cuenta de que el negocio realmente estaba en el detalle. Entonces, abrió las primeras tiendas en el centro de Bogotá. Allí se empezaron a vender los discos de 12 pulgadas y luego los casetes. Vino una etapa dura en la que cayeron las ventas, hasta que a principios de los 90 apareció el CD. El negocio volvió a florecer.

La empresa se adaptó a la dinámica de las megatiendas de música. Vendía libros, películas y productos distintos a los discos. En 1997, para consolidar el proceso, adquirió la franquicia de Tower Records. Pero la piratería no tardó en llegar.

A los estragos de la música ilegal, se sumó más recientemente la distribución digital. Prodiscos continuaba en picada. Entonces, apostó por vender elementos de tecnología e instrumentos musicales. Pero la estrategia no fue exitosa. Esto, porque el costo de operar en centros comerciales, donde está la mayoría de los locales, es muy alto. A Prodiscos, además, difícilmente le podía ir bien vendiendo televisores en centros comerciales, en donde por lo general hay un supermercado de las grandes cadenas y tiendas especializadas en tecnología.

La historia parece indicar que Prodiscos ha resistido a punta de prueba y error, pero ahora, en tiempos del streaming y música por Youtube, Juan Diego Montoya, actual presidente e hijo del fundador de la compañía, la tiene clara y sabe que contra eso no se puede competir. “El negocio del streaming está para las disqueras. Nosotros, como detallistas, ahí no tenemos cabida”, dice.

Si bien la marca Prodiscos todavía existe, el proceso de adaptación se ha dado bajo el nombre de “Entertainment Store”, traducción al inglés de su eslogan, “Tienda de entretenimiento”, que surgió tras el cierre de Tower. Con ese concepto, ahora importan tecnología. “Ya no nos llamamos Prodiscos, porque discos no es lo que vendemos. No dependemos de la música”.

En el portal web se puede comprar canciones y álbumes (en físico y digital), DVD, instrumentos musicales, videojuegos, entre otros. Pero Montoya ve desalentador el futuro de todas las discotiendas, no solo en Colombia, sino en el mundo. El problema viene en parte de las disqueras, pues cada día hay menos producción física. Las tiendas tienen menos que vender.

“El negocio era que a alguien le gustaba una canción, pero tenía que comprar las 12”. La piratería permeó toda la cadena de producción y se volvió una bola de nieve.

“El hecho de invertirle a un muchacho que te parece bueno se ha perdido. Los que descubren talentos ahora son los canales de televisión con sus concursos. Pero tú preguntas en la calle quién ganó el último La Voz, y nadie se acuerda, aunque sean muy talentosos”, relata.

Así las cosas, los artistas encuentran cada vez menos apoyo. Pero, para Montoya, por suerte, ahora existen herramientas como Youtube, que son parte del problema y a la vez parte de la solución, pues el músico puede darse a conocer en internet. Las disqueras apuestan por el streaming y las discotiendas, por su parte, deben hacer metamorfosis para no desaparecer.

De Prodiscos, hoy quedan tres tiendas en Bogotá, y una en Medellín, Cali y Barranquilla. Pero la frente sigue en alto. “No le debemos nada a nadie”, dice Montoya.

Respecto al cierre de la tienda de Unicentro, asegura que es de los que más han dolido. “Aprovechar el nombre”. Esa es la solución que Montoya ve para la sentencia de muerte a las tiendas de música. “A la gente todavía le da miedo usar la tarjeta de crédito, pero el nombre da confianza a la hora de comprar”. Es por eso que la página de Entertainment Store es ahora la de las ventas estables. “En las tiendas, es muy difícil quedarse”, concluye.

Negocios como Blockbuster Colombia quebraron por no encontrar ese nuevo potencial. “El negocio digital va tan rápido que muchas veces las compañías no tienen tiempo de adecuarse. No creo que hayamos llegado al futuro de la música. Va a ser un mundo aún más digital”. Para él, las descargas, las que alguna vez pusieron en jaque su negocio, también van a desaparecer, al igual que mucha de la mística de la música. “El valor de coleccionar se perdió”.

 

 

mmedina@elespectador.com

@alejandra_mdn

Por Maria Alejandra Medina C.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.