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Ahora bien, mirando el futuro, que es lo que se compra con las acciones, se tendrá un escenario para el precio del petróleo no tan favorable como en el primer semestre y una liquidez financiera menos abundante, por ello vale la pena considerar tomar utilidad.
Por su parte, el mercado cambiario parece haberse desligado de la teoría del diferencial de tasas de interés, ya que en lugar de bajar el precio del dólar ante la decisión del Banco de la República de subir sus tasas al 10%, presentó tendencia al alza, para cerrar en nivel similar de la semana pasada, anticipando para la que viene, una volatilidad marcada por la incertidumbre sobre el crecimiento económico de Colombia, la eliminación del control de capitales y un repentino fortalecimiento de la moneda norteamericana frente al euro y libra esterlina.
La aversión al riesgo Colombia seguirá, no sólo por el desfavorable comportamiento de la inflación anual a julio que ya bordea el 8% anual y la falta de voluntad política del Gobierno de recortar seriamente su gasto, sino también por el coletazo de la crisis financiera mundial que definitivamente afectará a las economías emergentes de América Latina, echando por tierra la tesis de desacoplamiento que algunos aún pregonan al considerar que nuestras economías están suficientemente blindadas.
En este segundo semestre la demanda interna será afectada negativamente no sólo por el encarecimiento del crédito, sino por el mayor riesgo de las Pymes y consumidores como destinatarios de crédito financiero. La demanda externa será también mermada, no sólo por la menor capacidad adquisitiva de los gringos, ya golpeados por la crisis hipotecaria, sino también por la sostenida revaluación del peso que encarece nuestros productos en dólares. Si no hay a quién venderle más, las utilidades observadas hasta el momento muy difícilmente se repetirán al cierre del año y por ello es recomendable un perfil más conservador en los portafolios de inversión.