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El espacio aéreo del conjunto de los miembros de la OTAN y de la Unión Europea está cerrado a los aviones rusos, la principal aerolínea rusa, Aeroflot, ya no puede volar a ninguno de esos destinos.
Los efectos de las sanciones internacionales para la industria aérea no se limitan a esta restricción, pues se suma la prohibición de exportaciones de aviones, de piezas de recambio o de material, así como de labores de mantenimiento por Airbus y Boeing de aparatos matriculados en Rusia.
El hecho de que no haya repuestos ni servicios de mantenimiento para los aviones civiles de ese país por cuenta de Boeing y Airbus puede ser un riesgo para la seguridad de las operaciones aéreas, teniendo en cuenta que la mayoría de la flota comercial rusa es de esas dos empresas.
“Podrán volar durante los próximos seis meses a un año bastante bien, luego las piezas comenzarán a romperse y necesitarán reemplazos”, dijo la analista de Jefferies, Sheila Kahyaoglu. Las sanciones económicas significan que las perspectivas de viajes aéreos, nacionales e internacionales, para aquellos en Rusia parecen cada vez más inciertas.
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Ahora bien, a Rusia (teóricamente) le podrían quitar los aviones. Según el ministerio ruso de Transportes, al 11 de marzo las compañías aéreas rusas explotaban 1.367 aviones, de los cuales más de la mitad (739) están matriculados en el extranjero.
De ahí que ya se especulaba sobre una posible medida de Vladimir Putin al respecto. Este lunes el presidente ruso firmó una ley, publicada en el portal oficial ruso, que permite a las compañías aéreas registrar localmente los aviones que alquilan en el extranjero, para así poder volar en el país.
La medida permite a las compañías utilizar esos aparatos para vuelos nacionales, pese a las sanciones occidentales. Dichos aviones serían incautados si volaran al extranjero.
La Agencia de Transporte Aéreo de Rusia despidió a un funcionario que describió públicamente el plan del país para mantener las aerolíneas volando a pesar de las sanciones por su invasión a Ucrania, según Kommersant, un medio ruso.
Valery Kudinov estuvo a cargo de supervisar la aeronavegabilidad en la agencia. En un evento la semana pasada, le dijo a periodistas sobre los preparativos para mantener aviones de propiedad extranjera con un valor de hasta US$10.000 millones en el país en lugar de devolverlos a los arrendadores.
Según informes de agencias de noticias, más de 100 aviones ya se habían vuelto a registrar en Rusia y las piezas de repuesto retenidas por Boeing y Airbus se estaban buscando fuera del país, incluso en China, que se había negado.
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Si bien la Agencia de Transporte Aéreo rechazó sus comentarios en ese momento, el plan que Kudinov describió ha tomado forma con las medidas recientes. Bermudas e Irlanda removieron aviones en Rusia de sus registros de aeronavegabilidad. Aunque las empresas de arrendamiento están buscando formas de mantener los aviones en India, Hong Kong y otros lugares, algunas ya se resignaron a perderlos.
AerCap Holdings NV, la firma de arrendamiento más grande del mundo, tiene más de 150 aviones en Rusia, la mayor exposición de cualquier arrendador extranjero. “Es poco probable que esos aviones sean devueltos”, escribió la analista de Cowen Helane Becker en una nota de investigación.
Los efectos para las aerolíneas
No solo Rusia siente los efectos, también están las implicaciones para las aerolíneas en Europa, teniendo en cuenta el cierre del espacio aéreo de Ucrania y la respuesta de Putin de restringir los vuelos de compañías aéreas de más de 30 países.
Lo primero que hay que decir es que la industria todavía no se repone de las pérdidas por cuenta de los cierres por la pandemia, en medio de alguna reactivación que todavía enfrenta obstáculos por las restricciones de algunos países o por situaciones como el contagio del personal que generó una cancelación importante de vuelos a principios de 2022.
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Uno de los principales problemas para la industria tienen que ver con el aumento en los tiempos de vuelo al tener que tomar nuevas rutas para evitar Rusia; por ejemplo, un vuelo entre Helsinki (Finlandia) y Tokio (Japón) ahora dura casi cinco horas más. El aumento en el precio del combustible para aviones es otro tema que impacta directamente a la industria.
“El impacto en los costes de las aerolíneas como resultado de las fluctuaciones en los precios del combustible, la energía o el cambio de ruta para evitar el espacio aéreo ruso podría tener implicaciones más serias. Es probable que la confianza del consumidor y la actividad económica se vean afectadas, incluso fuera de Europa del Este”, aseguró Andrés Uribe, gerente de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) para Colombia.