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Terminó el octubre negro

Se cierra el peor mes bursátil en lo corrido de este siglo, con caídas cercanas al 30% en la mayoría de las bolsas alrededor del mundo y un deterioro en las perspectivas de consumidores y empresarios que han obligado a revisar a la baja las proyecciones de crecimiento en todo el planeta.

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José Roberto Acosta
31 de octubre de 2008 - 10:00 p. m.
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La purga del sistema financiero internacional parece estar llegando a su fin, o por lo menos conjurada con la decisión política de responder con recursos públicos ante sus pérdidas, y ahora queda por delante el reconocimiento de los daños para el sector real, al que definitivamente no se le pronostican buenos vientos.

Por lo tanto, aunque el mercado accionario parece barato frente a sus precios de hace apenas un mes, debe recordarse que un inversionista compra es el futuro y no el pasado de una empresa y en su compra del futuro debe también considerar qué tan paciente es para que ese futuro que vislumbra se cristalice positivamente ya que, respondida la inquietud de si estamos o no en recesión con un rotundo “sí”, ahora la pregunta es: ¿por cuánto tiempo?

Entonces, asegurar un rendimiento por encima del mercado comprando acciones no parece fácil en el corto plazo y mucho menos exento de alto riesgo ante la fuerte volatilidad observada en ese mercado, de ahí que la renta fija (TES y CDT), que actualmente ofrece rendimientos superiores al 10% anual, pareciera ser la fórmula más aconsejable para superar en términos reales el parco crecimiento económico.

En Colombia pareciera no poder superar este año el 4% anual y algo menos del 3% el próximo año, y si la inflación se desacelera debido a la menor demanda de los consumidores y a la abrupta caída de los precios de los commodities, asegurar ganancias en términos reales por encima del 4% anual en instrumentos de corto y mediano plazo puede resultar la apuesta ganadora por el momento. Siempre y cuando, además de la seguridad del Emisor, la alta liquidez o rápida disponibilidad de dichas alternativas, sea garantizada para aprovechar nuevas y más profundas caídas en el mercado accionario, el cual, a pesar de lo recientemente observado, es el único con alto potencial de enriquecer (o empobrecer) a sus inversionistas.

Por José Roberto Acosta

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