Tiendas de paz: una segunda oportunidad para los campesinos

La iniciativa lleva siete años apoyando a habitantes desplazados por el conflicto armado y ha beneficiado a más de 6.000 familias. Este mes culmina su sexta fase, en la que incluyó a 305 nuevos participantes.

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Valeria Cortés Bernal / @cortesbernal_v
25 de agosto de 2018 - 02:51 p. m.
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Sandra Velásquez es una agricultora que vive en la vereda El Diamante, ubicada en Apartadó, Antioquia, una de las regiones más golpeadas por el conflicto colombiano. Aunque más de una vez vivió la violencia de cerca, Velásquez decidió regresar a sus raíces campesinas para dedicarse a cultivar plátano. “Apartadó fue una zona muy conflictiva. Cuando tenía a mis hijos pequeños, veía a la gente correr porque había masacres”, recuerda.

En el municipio de Turbo, a 30 km de Apartadó, vive Lacides Fuentes. Cuando tenía 10 años, se vio obligado a abandonar San Pedro de Urabá con su familia y dejó de estudiar por la misma razón. “El conflicto pasó, pero quedaron sus consecuencias. Me separé de mis amigos por los grupos armados y el ambiente no era nada agradable”, afirma hoy a sus 42 años.

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El año pasado, Velásquez y Fuentes decidieron asociarse a las Tiendas de Paz, un proyecto de la Fundación Bavaria y el Departamento para la Prosperidad Social (DPS) que a través de tiendas rurales busca brindarles una alternativa de generación de ingresos a los campesinos desplazados que retornan a sus tierras.

Además de vender los artículos básicos de la canasta familiar, cada tienda tiene un centro de acopio en el que los agricultores comercializan sus productos a precios asequibles. Según Fuentes, en estos lugares no sólo se benefician los asociados, sino todos los habitantes de la región, pues no tienen que movilizarse hasta las cabeceras municipales para hacer sus compras.

Aunque Bavaria, el DPS, la organización ACDI/VOCA y la Corporación Interactuar acompañan todos los procesos y aportan un fondo rotatorio de $17’000.000, la comunidad tiene autonomía para establecer los precios de los productos y gestionar préstamos para sus miembros con intereses bajos. Esto se debe a que buena parte de la iniciativa consiste en capacitar a los campesinos en temas agroempresariales para que puedan administrar sus recursos sin depender de los patrocinadores. “Con este proyecto, el campesino puede fortalecer sus actividades, organizar su parcelita y mejorar su producción. No es dar por dar, sino dar enseñando”, afirma Fuentes.

En 2017 comenzó la sexta fase de las Tiendas de Paz. Se construyeron y dotaron cinco establecimientos y se acompañaron seis organizaciones comunitarias en Antioquia (Apartadó, Turbo y San Carlos), Caquetá (Florencia), Tolima (Chaparral) y Valle del Cauca (Buenaventura). Aunque los beneficiarios directos de esta fase son 305, hoy hay más de 9.000 personas vinculadas al programa en todo el país.

Este mes concluye la implementación de esta fase. Por ello, 33 agroempresarios de todas las regiones se reunieron en Bogotá para hablar sobre los resultados del proyecto y afirmaron haber mejorado sus ingresos mensuales en $160.000. Además, aumentaron la productividad por ciclo de producción en 19% y sus utilidades mensuales se incrementaron en $103.000. Actualmente, las tiendas venden cada mes entre $4’400.000 y $19’000.000, en promedio.

Tanto Fuentes, como Velásquez, coinciden en que el proyecto no sólo ha contribuido a reactivar la economía regional, sino también a reconstruir los lazos sociales que se habían perdido por causa del conflicto. “Antes, la gente se escondía en sus casas y evitaba opinar por miedo a que les hicieran daño, pero con los talleres teníamos que hablar y trabajar. Eso hizo que la comunidad se uniera”, destaca Velásquez. Fuentes concuerda: “A veces en la tienda uno se encuentra con desmovilizados o con personas con quienes uno tenía ciertas rencillas, pero ya no hay un ambiente de rencor, sino de reconciliación”.

Antioquia es uno de los departamentos con las mayores tasas de desplazamiento del país. El pico más alto de este fenómeno en la región fue en 2001, con la expulsión de 150.000 personas, según datos de la Unidad de Víctimas. Por esta razón, las primeras Tiendas de Paz fueron construidas allí con el apoyo de la Caja de Compensación Familiar de Antioquia, Comfama. “La gente estaba empezando a volver. Antioquia era el área que estaba más afectada y donde el DPS tenía más arraigado el programa Familias en su Tierra, esto nos sirvió para identificar campesinos en esta situación”, recuerda Bernardo Saiz Martínez, gerente financiero de la Fundación Bavaria.

Inicialmente, algunos campesinos no estaban seguros de vincularse al proyecto. “Estábamos acostumbrados a que los políticos prometían algo y nos quedábamos esperando”, asegura Fuentes. Sin embargo, los talleres y capacitaciones gratuitas motivaron a varios miembros de la comunidad. Las clases que eran para 25 personas, de repente recibían 40. “La gente se acercó por voluntad de aprender, no por interés económico”, resalta Velásquez.

Según Saiz, las familias que llegan al proyecto lo hacen a través del DPS. La entidad evalúa si una región o comunidad cumple con los requisitos para tener su tienda o los vincula con programas similares. En ocasiones, hacer parte de la junta de acción comunal o de asociaciones agrarias sirve como un puente para acceder a iniciativas como esta. Actualmente, las Tiendas de Paz tienen presencia en más de 25 municipios de los departamentos de Bolívar, Cesar, Caquetá, Putumayo, La Guajira, Nariño y Sucre.

La tienda a la que pertenece Fuentes, La Nuestra, fue inaugurada el 7 de marzo en el corregimiento de San José de Mulatos, a cuatro horas del casco urbano de Turbo, Antioquia. Él es tesorero del comité de ahorro de su tienda y gracias al proyecto decidió seguir estudiando por su cuenta. Hoy en día cursa su segundo semestre de contabilidad y finanzas en el Centro de Sistemas de Urabá, en Turbo. Velásquez, por su parte, apoya desde hace un año su tienda en Apartadó, bien sea organizando los productos, vendiendo plátanos o comprando víveres.

Después de años de haber vivido en medio del conflicto y de ver a decenas de familias abandonar sus tierras, ambos antioqueños concluyen que esta iniciativa les dio la oportunidad de vivir de una forma distinta: “Hoy ya tenemos un nuevo concepto de nosotros como comunidad, de que sí podemos lograr los objetivos que nos proponemos”, concluye Fuentes. Y agrega: “No importa cuántos años sufrimos, sino cuántos más podremos vivir en paz”.

Por Valeria Cortés Bernal / @cortesbernal_v

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