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Miguel Robles salió de Arcabuco, Boyacá, hace más de 60 años. Llegó a la capital cuando el hijo de su padrino le consiguió un trabajo lijando estatuas de yeso en una fábrica de figuras de santos. Sólo tenía 16 años, pero contaba con la disciplina que le impuso crecer en una finca y el sentido de responsabilidad que desarrolló al ver cómo su madre, a pesar de enviudar cuando la menor de sus diez hijos tenía diez meses, logró sacarlos adelante a todos.
Estuvo entre santos de yeso por un tiempo, hasta cuando uno de sus hermanos, que también vivía en Bogotá, le consiguió un puesto como ayudante en una tienda. “Necesitaban a alguien que supiera aritmética, porque en esa época no había máquinas ni registradoras. Gracias a Dios, eso lo había aprendido en la escuela”, explica Miguel, quien en la escuela de su pueblo cursó hasta cuarto de primaria.
Pero entre sumas y restas escritas a lápiz, Miguel se dio cuenta de que la única forma de destacarse era tener un negocio propio. Y definitivamente quería destacarse. No importaba ni el tamaño del local ni el producto que vendiera, lo único claro era que quería tener algo propio. Desde ese momento se dedicó a ahorrar “hasta lo último” de los 50 centavos que recibía de sueldo. Siete años después, el fruto de sus sacrificios estaba ubicado en la carrera 4 con calle 53, en uno de los sectores de mayor tradición de la capital.
Transcurría 1955 y, después de lograr el sueño de la tienda propia, la siguiente idea que empezó a rondarlo fue tener una empresa con todos sus hermanos. Sin embargo, no todos permanecieron en el negocio; los que quisieron tuvieron su tienda, pero después de un tiempo buscaron ocupaciones diferentes.
Miguel siguió trabajando con la misma dedicación y al tiempo que su negocio se expandía, su vida se encauzaba. Se casó con Susana Ángel, quien antes de dedicarse al hogar, le ayudó en la etapa inicial de su proyecto. A medida que la familia se ampliaba y los hijos iban creciendo, éstos se convertían en nuevos ayudantes que ingresaban en el negocio familiar.
Pero el crecimiento no sólo se dio en términos de mayores ingresos y más puntos de venta, sino también en conocimiento del sector, de sus necesidades y sus proyecciones.
Miguel cuenta que en esa época los tenderos tenían un problema constante con el aumento arbitrario de precios que hacían los mayoristas, quienes eran su única opción de abastecimiento.
Así, por iniciativa de Miguel, de otros tenderos conocidos y de sus hermanos que estaban en el negocio, se constituyó hacia finales de la década del 60 la Corporación Colombiana de Pequeños Comerciantes (Corpecom). Su objetivo: tener un interlocutor ante el gobierno que pudiera defender a los tenderos y luchar por mejores condiciones para el sector. Posteriormente, la Corporación asumió algunas funciones de distribución, a partir de las cuales se sentaron las bases para lo que hoy es la Cooperativa Multiactiva de Detallistas de Colombia, Cooratiendas, que gerencia Carlos Robles, hermano de Miguel.
A la fecha hay 350 puntos de venta de Cooratiendas en Bogotá y 100 en los pueblos vecinos. No hay restricciones de ubicación, excepto que haya otra tienda de la cooperativa a menos de diez cuadras. Empezaron en un local con 20 productos y actualmente manejan 8.500 referencias en todos los tamaños para surtir las tiendas, y gracias a su actividad generan 90 empleos directos y cerca de 5.000 indirectos.
Asimismo, desde hace dos años entró en funcionamiento Entienda, el operador logístico de la cooperativa, que centraliza el almacenamiento y la distribución de los productos a cada tienda. Entienda es posiblemente uno de los avances más importantes de Cooratiendas en los últimos tiempos: “el tendero ya no tiene que dejar solo su negocio ni asumir los costos de transporte para abastecerse.
Cooratiendas envía a una persona para que tome los pedidos, que se sistematizan y llegan a Entienda, desde donde se despachan al solicitante”, explica Roberto, uno de los hijos de Miguel, que actualmente es presidente de Entienda y de la Federación Colombiana de Tenderos y Pequeños Comerciantes (Fecoltiendas) y director de mercadeo y compras de Supermercados Romy.
Roberto explica que “una libra de carne en un centro de producción, por ejemplo en San Martín, en los llanos, puede costar entre $2 mil y $3 mil, mientras que en Bogotá la misma libra cuesta $7 mil u $8 mil. El transporte y los más de cuatro intermediarios por los que pasa el producto terminan incrementando su precio en un 70%”.
De esa forma la cooperativa ha seguido creciendo. Hace 10 años vendía entre $10 mil y $11 mil millones al año, mientras que hoy vende $110 mil millones. De cualquier modo, Carlos asegura que el ritmo de crecimiento es menor al de otras épocas: “Hay más asociados, pero podría haber un crecimiento mayor si tuviéramos estímulos tributarios”. Sin embargo, dentro de los planes de la cooperativa está extenderse a todo el país, para lo cual han adelantado gestiones en Villavicencio, Ibagué y Bucaramanga.
Pero a pesar de los vaivenes de la economía y las políticas de regulación del mercado, la existencia de la Cooperativa ha permitido a los comerciantes enfrentar a la competencia, pues al comprar directamente, para muchos tenderos es posible conseguir precios más bajos, lo cual los hace más competitivos. El sector ha debido enfrentar a dos fuertes competidores: las cajas de compensación, en los años 80, y posteriormente, en los 90, los almacenes de grandes superficies.
Sin embargo, lejos de lo que se esperaba, las tiendas no desaparecieron con el ingreso de estos ‘monstruos’. Roberto señala que si bien es cierto que en un primer momento se vieron golpeados por las ofertas que estos almacenes anunciaban, los clientes han regresado a la tienda porque la comodidad de los grandes almacenes no compensa el servicio personalizado y la
posibilidad de conseguir productos en cantidades pequeñas que sí ofrecen las tiendas. Además, como lo señala la secretaria de Desarrollo Económico del Distrito, Mónica de Greiff, las tiendas son espacios de socialización muy importantes en los barrios, donde no sólo se hacen compras. En algunos casos las tiendas son el punto de recepción de correspondencia de la gente.
Pero, sin duda, un factor importante en la sostenibilidad de la cooperativa, como el mismo Roberto lo destaca, ha sido el compromiso familiar de los Robles, que al haber estado inmersos en ese ambiente se han encargado instintivamente de preservar la filosofía que ha guiado el proceso de la cooperativa: brindar herramientas a los tenderos para que se fortalezcan y crezcan.
Es el caso de Mercados Romy, como se llaman ahora las tiendas que fundó Miguel y que gerencia todavía con el apoyo de sus hijos Guillermo, administrador de empresas encargado de la parte financiera y administrativa; José Antonio, ingeniero eléctrico y electrónico encargado del área de sistemas, y Roberto, responsable de mercadeo y compras. Desde el comienzo de Romy, Miguel ha sido socio de Cooratiendas, lo que le ha permitido acceder a los beneficios de la cooperativa y extenderlos a sus clientes.
La empresa, 40 años después de ser fundada, cuenta con 8 puntos de venta y 150 empleados, cifras que, según Roberto, dan cuenta del estilo gerencial conservador que han mantenido. No les interesa endeudarse con la banca ni con sus proveedores, por lo cual prefieren un crecimiento moderado pero con la seguridad de no repetir la historia de empresas de su mismo perfil, como Marion, Rapitiendas Bosa, Merquefácil y Surtimax, que fueron compradas por otras más grandes.
Hoy, la primera generación de los Robles está en su mayoría en uso de buen retiro, sólo Miguel y Carlos continúan en el negocio. Roberto, como la voz de la segunda generación, asegura que las cosas han cambiado y que mientras para él y sus hermanos fue casi natural ingresar en el negocio, sus hijos y los de sus hermanos no seguirán necesariamente la tradición de la familia.
“En el 79, tan pronto terminé bachillerato, empecé a ayudarle a mi papá, quien para ese entonces ya tenía dos puntos de venta con el nombre Romy. Y desde antes yo trabajaba en el negocio los fines de semana y en vacaciones; en ocasiones, prácticamente obligado por mi papá. Se puede decir que nací en una tienda”, asegura Roberto. Por su parte, José Antonio, su hermano, considera que todavía es prematuro pensar en el relevo generacional, pues el mayor de la tercera generación sólo tiene 23 años y los demás aún son estudiantes.
La segunda generación todavía tiene a cargo el negocio. Así se realiza el sueño de Miguel de tener una empresa con su familia. El patriarca mira hacia atrás y recuerda que desde muy pequeño siempre pensó en la forma de garantizarle a su familia un futuro próspero: vio muchos casos de personas que, por no ser previsoras, llegaban a la madurez en malas condiciones, pero también vio a su padre, un trabajador incansable que se dedicó a la agricultura y la ganadería y que ha sido el ejemplo de su vida.
La estrategia para afrontar nuevos retos
Cooratiendas tiene trazada una estrategia hasta 2020, cuyo objetivo es posicionarse como “la cadena cooperativa de tiendas y supermercados más extensa y exitosa de Colombia”.
En esa línea, el año pasado la cooperativa realizó una inversión de $38 millones en el desarrollo del sistema de gestión de calidad. A la fecha, este proceso está adelantado en un 80%, por lo cual se espera terminar 2008 con la certificación ISO 9001 - 2000.
Aunque en 2007 no se logró la meta de ventas que se habían propuesto, se generaron utilidades por $213 millones de pesos. Del mismo modo, se registró un mejor comportamiento de la cartera morosa que hoy es de $350 millones.
Cooratiendas ha venido haciendo una serie de inversiones en infraestructura y tecnología, con el fin de no quedar rezagada por la competencia. Este año, además de trasladar sus oficinas administrativas, fortalecerán su página web como canal de información para los asociados e implementarán el software para las ventas móviles y la toma de pedidos en las tiendas, con miras a articular el trabajo del centro de operación logística ‘Entienda’ con la cooperativa.
En cuanto a los beneficios generados para los asociados, vale la pena mencionar que sólo en transporte y almacenamiento de mercancías para el funcionamiento de la operación logística, se invirtieron cerca de $3.700 millones. Del mismo modo, se sigue avanzando en los programas de capacitación a través del Sena en áreas como informática y servicio al cliente.