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Un supernobel de Economía

¿Qué es lo hace que el hombre de los modelos matemáticos elegantes sea un economista fuera de lo común?

David Bardey *
17 de octubre de 2014 - 08:46 p. m.
Jean Tirole analiza las situaciones caso por caso, es decir, sin prejuicio ideológico. / EFE
Jean Tirole analiza las situaciones caso por caso, es decir, sin prejuicio ideológico. / EFE
Foto: EFE - XAVIER DE FENOYL / MAXPPP

El título puede revelar un sesgo por mis nexos con la Universidad de Toulouse, pero creo que pocos economistas negarán que Jean Tirole es uno de los investigadores, en el campo de las ciencias económicas, que ha tenido un gran impacto en los 30 últimos años. Como el Premio Nobel recompensa una contribución en particular y no la obra general de un investigador, quizás una hipótesis que podría explicar por qué Jean Tirole ha obtenido el premio solamente este año, es que este economista tiene tantas contribuciones de primer nivel en campos tan diversos de la economía, que ha podido ser realmente difícil elegir una de éstas.

Pues Jean Tirole es uno de los economistas que más ha publicado en revistas de primer nivel y, quizás aún más importante para medir su impacto sobre la disciplina, es también uno de los economistas más citados en el mundo. El jurado del Comité Nobel decidió darle este reconocimiento por sus trabajos en organización industrial, más precisamente por sus análisis del poder de mercado y sus implicaciones de política de competencia. En palabras sencillas, los trabajos de Tirole estudian cuándo los mercados tienen que ser regulados y qué tipo de regulación se debe implementar para que la sociedad en su totalidad se beneficie de los

productos intercambiados en estos mercados y no solamente algunas empresas.

El otorgamiento de este Premio Nobel se inscribe en alguna medida en la continuidad del Premio Nobel atribuido a Akerlof, Spence y Stiglitz en 2001, y muestra que muchos economistas ya no tienen una fe ciega en los mercados y su paradigma de competencia perfecta. Si estos tres economistas han estudiado las fallas de mercado bajo el prisma de las asimetrías de información, que pueden ocurrir entre los actores que participan en una transacción económica, Tirole se ha enfocado más en las fallas que provienen de los poderes de mercado que caracterizan varias industrias y las regulaciones que requieren. Por la presencia de

economías de escala o por algunos efectos externos presentes en algunas industrias, los mercados que surgen de éstas dan resultados muy alejados de los paradigmas que estipulan que la competencia es sinónimo de eficiencia.

La concentración de los mercados confiere un poder de mercado que tiene dos efectos nefastos. El primero es que afecta negativamente a los consumidores que compran los bienes y servicios producidos por estas empresas dados los elevados precios que les son cobrados o dada la baja calidad ofrecida. En otras palabras, los consumidores que participan en estos mercados tienen

un bienestar económico reducido. Pero es solamente la cara visible del problema. El segundo es que muchos consumidores potenciales que habrían participado si el mercado fuese competitivo, renuncian a comprar estos bienes, lo que constituye una fuente de ineficiencia importante. Por estos dos efectos indeseados, uno podría pensar que la solución es entonces erradicar de manera sistemática el poder de mercado de las empresas. Sin embargo, eso sería olvidar que es precisamente la búsqueda de este “maldito” poder de mercado que lleva a las empresas a innovar, lo que a su turno puede resultar positivo para la sociedad.

En sus trabajos, Jean Tirole ha desarrollado un enfoque muy general que le permite abordar estas preguntas con mucha elegancia y diversos matices. En lugar de quedarse en los niveles abstractos, usa la fuerza de esta generalidad para aterrizar su enfoque a diversas industrias con características diferentes, lo que le permite desarrollar recomendaciones originales que dependen de las especificidades de cada situación. Antes de dar algunos ejemplos quiero insistir en eso, porque es un rasgo particularmente interesante de Jean Tirole: analiza las situaciones caso por caso, es decir, sin prejuicio ideológico. ¡Eso lo diferencia por ejemplo

de la Escuela de Chicago o por lo menos de la imagen seguramente un poco deformada que podemos tener de ella, que tiende siempre a recomendar la misma solución (laissez-faire), cualquiera que sea el problema!

En lugar de entrar en los detalles teóricos de los resultados de Tirole, miremos algunas de sus aplicaciones prácticas, las cuales podrán observar, y que son de una gran relevancia para Colombia. Para el sector de telefonía móvil, Tirole explica cómo se debe regular la carga de acceso que los operadores pequeños deben pagar a los operadores grandes para que puedan usar su infraestructura, de tal forma que los consumidores se beneficien de una mayor competencia. También ha estudiado cuándo un proyecto de integración vertical entre dos empresas es deseable para la sociedad o si por el contrario la perjudica. Ha mostrado que el mercado de las tarjetas de crédito, por sus dos lados (estas franquicias compiten para atraer tarjetahabientes y comerciantes) sigue una lógica distinta a muchos otros mercados, por lo cual una coordinación entre bancos para este tema no es nefasta. Para volver al tema de la “buena dosis” de poder de mercado, Tirole ha estudiado el tema de las patentes y de la

propiedad intelectual, para encontrar el mejor balance entre las virtudes asociadas con la búsqueda del poder de mercado y las ineficiencias que causa este poder de mercado una vez ha sido adquirido por las empresas.

Además de los alcances de los trabajos de Tirole en organización industrial y sus implicaciones de política de competencia, quiero resaltar de manera no exhaustiva que este economista ha contribuido igualmente a otros campos de la ciencia económica, a veces conexos, como las problemáticas de finanzas corporativas, a veces más fundamentales como sus trabajos de investigación que han permitido sobrepasar las fronteras del conocimiento de la teoría de juegos, y sus trabajos más recientes sobre la psicología y los comportamientos de los individuos en grupos o adentro de diversas instituciones.

En estos diferentes campos, lo que caracteriza Tirole es, de manera innegable, la elegancia de sus modelos matemáticos y su capacidad en deshacer sus análisis de todo lo superfluo para concentrarse en lo importante. Si Tirole dispone de muchas cualidades que un científico debe tener, una que a mi parecer es una de las más destacables es aquella del discernimiento, es decir, la capacidad de identificar fenómenos comunes en situaciones totalmente diferentes, al igual que poder resaltar las diferencias en situaciones que parecen muy similares a primera vista. Sin duda, es una de las habilidades que le ha permitido obtener tantos resultados fundamentales en campos muy diversos de la ciencia económica y no solamente, como lo dijo de manera muy humilde en la conferencia de prensa que acompañó la noticia del Premio Nobel, “porque se ha encontrado con las buenas personas en el buen momento”.

 

*Profesor Asociado de la Universidad de los Andes, Facultad de Economía y Visiting Fellow de Toulouse School of Economics (TSE).

Por David Bardey *

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