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Desde las 11:01 de la noche de este jueves 23 de julio, Colombia pagará un recargo del 12,5 % sobre sus exportaciones a Estados Unidos. La Oficina del Representante Comercial (USTR) de ese país publicó una decisión final tras 60 investigaciones comerciales abiertas en marzo de 2026, las cuales dejaron a Colombia en el escalón más alto de tarifas frente a otros países.
Cabe aclarar que el nuevo gravamen del 12,5 % reemplaza al arancel del 10 % que venía aplicando la Administración Trump hacia Colombia desde febrero de este año. Así las cosas, los dos aranceles no se acumularán entre sí, por lo que el aumento neto de las tarifas de entrada de ciertos productos colombianos en Estados Unidos será de 2,5 puntos porcentuales.
El golpe más duro, sin embargo, lo recibirían los productos que hoy ingresan con arancel cero gracias al Tratado de Libre Comercio entre los dos países: esos pasarán directamente del 0 % al 12,5 %, de acuerdo con un análisis de la Dirección de Asuntos Económicos de Analdex.
Las razones del nuevo arancel
La USTR determinó que Colombia no aplica una prohibición efectiva para impedir la importación de mercancías producidas con trabajo forzoso en terceros países. De ahí que la decisión de este jueves por parte de Estados Unidos no es contra las exportaciones colombianas en sí mismas, sino contra las políticas de importación que tiene Colombia actualmente.
Los países que ya tienen esa prohibición de importación en vigor, o que se comprometieron a adoptarla mediante un acuerdo comercial con la Administración Trump, fueron objeto de un arancel del 10 %.
Los productos que tendrán arancel
El nuevo arancel que anunció la Administración Trump no cubre la totalidad de las exportaciones colombianas.
El café, el banano, el aguacate, el mango, la piña, el petróleo, el carbón, el oro, el cacao y los medicamentos quedaron expresamente excluidos de la medida.
Sin embargo, las flores frescas, las confecciones, las manufacturas de plástico y varios bienes agroindustriales e industriales sí quedarán cubiertos por el 12,5 %, según el análisis de Analdex.
Las mercancías que ya estaban cargadas en puerto y en tránsito antes de las 12:01 a. m. de este viernes 24 de julio tienen plazo hasta el 28 de julio para ingresar a Estados Unidos sin pagar el nuevo recargo.
Colombia, en desventaja frente a sus competidores
La USTR clasificó a 60 economías en dos grupos: el arancel del 12,5 % cobija a países que no tenían vigente ninguna prohibición de importar bienes fabricados con trabajo forzoso ni habían firmado un compromiso con Washington para adoptarla: Brasil, China, Chile, Perú, Vietnam, Japón, Corea del Sur, Australia y Arabia Saudita forman parte de ese grupo junto a Colombia.
El del 10 % quedó reservado para las economías con esa prohibición en vigor, con un compromiso vinculante o con un régimen parcial equivalente: Argentina, Ecuador, México, Honduras, Guatemala, El Salvador, Bangladesh, Camboya, India, Indonesia, Malasia, Pakistán y Sri Lanka, entre otros.
Por lo tanto, la diferencia de tarifas entre Colombia y varios de sus competidores en el mercado estadounidense será de 2,5 puntos porcentuales. Esto, en sectores como flores y confecciones donde los márgenes son estrechos y hay competencia regional, puede ser determinante para el futuro de los productos colombianos en EE. UU.
Aranceles, el garrote favorito de Trump
Desde el inicio de su segundo mandato, los aranceles han sido el instrumento preferido de Donald Trump para presionar a sus socios comerciales. El 2 de abril de 2025, en lo que bautizó como el “Día de la Liberación”, el presidente anunció aranceles “recíprocos” globales que dejaron a Colombia con un gravamen del 10 %. Meses después, la Corte Suprema de Estados Unidos anuló esa medida al determinar que Trump se había extralimitado en el uso de sus poderes de emergencia. La respuesta de la Casa Blanca fue un nuevo arancel temporal del 10 % que expiraba este viernes.
Con miras a evitar otro revés judicial, la Administración Trump recurrió esta vez a la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, que permite imponer aranceles con base en investigaciones sobre prácticas comerciales desleales.
Pero para entender más de las motivaciones de Trump con sus aranceles, estas medidas no deben leerse únicamente desde un punto de vista comercial; el mandatario los ha convertido en su principal instrumento de presión para que los socios de Estados Unidos se sienten a negociar asuntos que pueden ir mucho más allá del intercambio de bienes. La lucha contra el trabajo forzoso es el argumento esta vez, pero la lógica sigue siendo la misma: siéntese a conversar con el Tío Sam o pague.
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