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Antonio Delfim Netto no tiene paciencia para el escepticismo por el futuro de Brasil.
En sus 88 años, ha sido testigo -y a veces, protagonista- de numerosos períodos de inestabilidad. Un régimen militar, múltiples cambios de moneda, una cesación de pagos sobre deuda soberana, hiperinflación, el llamado milagro económico brasileño y la profunda recesión que sobrevino luego. Ahora, cuando todos dudan, él es optimista.
El ex ministro de Finanzas y antiguo asesor económico de los principales políticos brasileños confía en que el vicepresidente, Michel Temer, que supuestamente entraría en funciones luego de la posible destitución de la presidenta Dilma Rousseff, podrá restablecer la confianza de los inversores y de los consumidores, poniendo fin a la recesión más prolongada en un siglo. Temer, a quien Delfim califica de viejo amigo y con quien se reunió en las últimas semanas para hablar de estrategia, tiene una visión clara de lo que se necesita para arreglar la economía y logrará reunir apoyo para implementar reformas, dijo el economista.
“Temer es y siempre ha sido un político muy eficiente”, dijo Delfim en una entrevista en su oficina de Sao Paulo. “Ahora, se le ha dado la oportunidad de ser un estadista, y creo que no la desaprovechará”.
‘El único’
En su opinión, la falta de poder político para implementar medidas fue lo que llevó a Nelson Barbosa y Joaquim Levy -ambos “competentes” y con buenos planes- a fracasar como ministros de finanzas. Delfim describe a Henrique Meirelles, el ex presidente del banco central y probable ministro de finanzas en una administración Temer, como decidido y enfocado. Pero la clave de la transformación que esperan los inversores reside en la habilidad política de Temer.
“Temer es el único que puede salvar a los economistas”, dijo Delfim. “No hay una gran divergencia entre los economistas respecto de lo que se debe hacer”.
Dichas medidas, destinadas a reducir un déficit fiscal casi récord y a desbloquear las inversiones, deberían incluir reformas en el sistema de pensiones y la ley de trabajo además de flexibilizar el presupuesto nacional. Temer también debería desacoplar los ajustes del pago de pensiones de los aumentos del salario mínimo, dijo Delfim.
Como ministro de Finanzas desde 1967 hasta 1974, Delfim promovió lo que pasó a ser conocido como el milagro económico de Brasil a comienzos de los Setenta, cuando el producto interno bruto creció a un ritmo anual promedio del 10 por ciento que continúa siendo el más alto registrado hasta ahora. También cumplió funciones como ministro de agricultura y planificación en los últimos años de la dictadura militar en los años 1964-1985, ayudando a negociar la reestructuración de la deuda externa del país.
Delfim era considerado el civil más poderoso en el régimen militar, un súper-ministro, entre comillas. Algunas de sus políticas consistieron en promover grandes proyectos de infraestructura, la promoción de la industria de mano de obra intensiva antes que las finanzas, así como también el congelamiento de los salarios de los trabajadores. Prestó servicio como legislador durante los dos decenios siguientes y fue asesor del presidente Luiz Inacio Lula da Silva durante sus ocho años en la presidencia. Delfim apoyó públicamente las políticas de Rousseff hasta fines de 2012, cuando la criticó por sus maniobras contables, las cuales están bajo la mira en el proceso de juicio político.