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Antonio García Nossa y su pensamiento universal

Indigenista y humanista impulsó el estudio de la economía política y la "cuestión agraria" en el país. Octava entrega de la serie “Grandes maestros” de la Universidad Nacional.

David E. Llinás Alfaro*

10 de mayo de 2016 - 08:06 p. m.
Antonio García. / Unmedios
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Antonio García había sido el formulador del famoso “Plan Gaitán”, que fue la plataforma en la que se sustentó la política económica del caudillo liberal, y que ubicaba al Estado como el director de la industrialización de la sociedad; planteaba una reforma agraria fundada en unidades agrícolas, cooperativas agrarias y propiedad comunal. Por eso, cuando asesinan a Gaitán y se sofocan las revueltas populares en todo el país, por orden de Laureano Gómez lo destituyen de su cargo docente en la Universidad, de manera que en 1950 fue retirado a la fuerza de sus cátedras, y del Instituto de Ciencias Económicas. Quizás su obra más conocida, la citada “bases de economía contemporánea”, que de ninguna manera era marxista -quizás más bien keynesiana-, fue atacada por el gobierno conservador y tachada de subversiva, de peligrosa para la estabilidad del país.
 
Por eso, es posible afirmar que su paso por la Universidad Nacional estuvo signado por los obstáculos administrativos y la persecución política. Expulsado en 1950 por su cercanía con el gaitanismo, tuvo que darle poder a un abogado para que le ayudara con el trámite del pago de sus cesantías. Se las habían liquidado mal, no le tuvieron en cuenta el tiempo que había trabajado como profesor desde 1942 hasta 1945 (año en el cual fue nombrado como profesor titular y de dedicación exclusiva, que es el cargo docente más importante y de mayor prestigio). El trámite salió mal: le negaron sus recursos. El abogado al que había dado poder no era otro que Guillermo Hernández Rodríguez, otro de los padres del liberalismo social en Colombia, de los primeros en acudir a las categorías del marxismo para explicar la historia nacional (con Luis Eduardo Nieto Arteta), y que habría de decir sobre su amigo y protegido, ya después de muerto, que “si no matan a Gaitán, García habría cambiado el curso económico del país”.
 
Los anales dicen que Antonio García reingresó a la Universidad como profesor titular el 10 de febrero de 1969. Su renovada vinculación duró apenas un par de años, porque el gobierno de Misael Pastrana, a través del ministerio de educación, acusó a algunos profesores de “cohonestar los desafueros que en el claustro universitario se cometen por los estudiantes y por gentes extrañas a él”, una forma bonita de tacharlos de anapistas, que para el presidente de la época representaba una dignidad política de igual o peor calaña que el comunismo (lo que no deja de ser paradójico, dada la prohibición que hizo Rojas Pinilla del comunismo en el país). Por eso, el rector Luis Duque Gómez, camarilla del gobierno, realizó una purga de docentes sospechosos para el establecimiento, dentro de los que destacaba por su prominencia el profesor García, que no sólo había apoyado a los estudiantes en sus querellas públicas, sino que abiertamente militó en la ANAPO. Su cargo académico, por órdenes de arriba, dejó de renovarse el 31 de enero de 1973. El gobierno festejó la purga y felicitó al rector, porque la Universidad había llegado a convertirse en un “simple centro de agitación política”.
 
Luego, otra vez, regresó a la Universidad con ocasión de la rectoría del penalista Luis Carlos Pérez, también abogado de la Universidad del Cauca, situado mucho más hacia la izquierda del pensamiento político que el mismo Gerardo Molina. Reingresa formalmente el 12 de noviembre de 1974, lo nombran vice-rector académico, y según las actas, en ese cargo priorizó la realización de investigaciones académicas; promovió métodos de integración académica entre las universidades del Estado con las universidades de los países andinos y latinoamericanos; y propuso estudiar críticamente los problemas elementales (de ayer y hoy) de la Universidad, como la apertura de cupos, el mejoramiento de la calidad académica, la promoción de postgrados y el incremento del presupuesto de inversiones en personal docente cualificado.
 
Su peso académico internacional era tal, que la Universidad se lo tenía que prestar a Europa para que fuera él quien dirigiera seminarios y simposios sobre economía política, reforma agraria, política laboral y demás lindezas que en América Latina eran motivo de preocupación entre la clase política dirigente porque se asociaban con el enemigo interno, ese que había que aniquilar por completo: el comunismo. Me permito citar un memorando interno de la Universidad, del 12 de abril de 1972, que ilustra lo dicho: “de conformidad con lo aprobado por el Consejo Directivo de la Facultad en su sesión del 7 de los corrientes (Acta No. 17), previo concepto favorable del Comité de Personal Docente, de la manera más atenta solicito a usted de (SIC) sirva tramitar una comisión remunerada por el término de tres (3) semanas, contadas a partir del 17 de abril/72, para el Dr. ANTONIO GARCIA N., profesor titular del Departamento de Economía. El Dr. García ha sido invitado por la Fundación Alemana para los Países en Vías de Desarrollo a fin de dirigir un Seminario sobre problemas de empleo en áreas rurales de América Latina, que dictará en la Universidad de Münster”.
 
El maestro, además de profesor de la Universidad Nacional, fue economista consultor de la CEPAL, en Chile, durante 1957; asesor en cuestiones de reforma agraria del gobierno de Bolivia, entre 1958 y 1960; asesor del Departamento de Asuntos Agrarios del Gobierno de México, entre 1960 y 1961; asesor del Instituto de Colonización y Reforma Agraria del Gobierno del Ecuador, en 1962; profesor invitado de la Universidad Nacional Autónoma de México, de la Universidad Central de Venezuela, de la Universidad Central del Ecuador, y de la Universidad de Chile, entre otras tantas.
 
Para terminar, vale la pena mencionar que Lewis Hanke, un historiador norteamericano que se hizo célebre por su libro “la lucha por la justicia en la conquista de América”, en la que resaltaba el papel de Bartolomé de las Casas como adalid de la causa indigenista en el Siglo XVI, y que era un profundo conocedor de la historia latinoamericana, llegó a decir del maestro García, y de su libro “la rebelión de los pueblos débiles” (1955), lo siguiente: “Antonio García, profesor de Economía, que ha guiado al Partido Socialista de Colombia, representa un nuevo punto de vista en América Latina. No está a favor de los Estados Unidos ni se halla sometido a la línea del partido soviético. El profesor García cree que la América Latina necesita emplear eficazmente sus propios recursos más bien que insistir que una riada de dólares sea necesaria para su salvación”.
 
 
*Profesor de Teoría e Historia Constitucional, Universidad Nacional de Colombia
 
Twitter: @davidllinasal
 

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Por David E. Llinás Alfaro*

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