Carlos Angulo Galvis fue mi profesor de Mecánica de Suelos en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de los Andes a finales de los años 60. Se había graduado de Ingeniero Civil en los Andes en 1958. Fue parte de las primeras promociones de ingenieros de la Universidad que hicieron tres años de pregrado en Bogotá y dos en EE.UU. En su caso el destino fue la Universidad de Pittsburgh, donde obtuvo el grado de Magíster en Ciencia en 1959.
Al regresar a Colombia, el hoy rector de los Andes fundó una compañía de ingeniería de consulta con algunos colegas. Hidroestudios, de la cual fue socio y gerente, cargo que desempeñaba cuando aceptó la rectoría de la Universidad en 1997. Pero su vinculación a la Universidad fue muy anterior, primero como profesor, en 1964, y asesor de la Facultad de Ingeniería. Posteriormente, como miembro del Consejo Directivo, órgano al que ingresó en 1981 y del cual sería vicepresidente entre 1992 y 1995 y luego presidente hasta 1997. Carlos Angulo, entonces, era un buen conocedor de la Universidad cuando se le designó rector. Y había tenido una experiencia como ingeniero consultor que le sería muy útil en su desempeño en la rectoría.
Si hacen bien su oficio, como lo hizo el doctor Angulo durante cerca de 40 años, los consultores deben estar gestando y proponiendo proyectos permanentemente. Deben, también, evaluarlos, ejecutarlos, hacerles seguimiento, y, algo muy importante, concluirlos. En este caso, además de sus maravillosas cualidades personales, el rector Angulo ha puesto al servicio de los Andes su mente de ingeniero y su experiencia de consultor. Lo que explica el dinamismo de la Universidad en los 12, casi 13 años, durante los cuales ha sido su rector. Uno de sus cercanos colaboradores sostiene que la mente de Angulo “nunca para”. Se termina un proyecto y ya se han iniciado varios más. Su labor como rector nunca estará finalizada.
Es lo que se siente y se vive en los Andes todos los días. Ha habido reformas curriculares, la creación de la Facultad de Medicina, las acreditaciones nacionales, la renovación impresionante de la planta física —que asombra a los visitantes por la calidad de los nuevos edificios de ingeniería, medicina, administración y economía, lo mismo que el extraordinario centro deportivo inaugurado hace pocas semanas—, la organización de la Escuela de Gobierno, el proceso de acreditación internacional, los planes de desarrollo institucional, el cambio en la composición de la planta de profesores para priorizar el tiempo completo, la creación de doctorados, el énfasis en la investigación. En fin. Dejó, con seguridad, muchas realizaciones por fuera.
La verdad es que Carlos Angulo es un motor en permanente funcionamiento. Nada lo detiene, ni le merma su energía vital, ni su tenacidad. Ambas parecen infinitas y producen envidia de la buena. Está presente en cada rincón y escenario de la Universidad. Responde todos los correos electrónicos que recibe, esté donde éste. Si se le solicita una cita, se obtiene al minuto. Es puntual y organizado; anota todo y no olvida nada. Y al final de un día de diez o 12 horas de trabajo atiende eventos sociales, con la intención de lograr un contacto o escuchar una opinión útil para los Andes. Por si fuera poco, viaja para representar a la Universidad en el mundo y está en contacto con los ex alumnos en Europa o EE.UU. Es un trabajador incansable y ejemplar.
Mucha gente se preguntará por qué ha durado tanto tiempo en la Rectoría de los Andes. La respuesta es sencilla: genera confianza. Tiene la confianza del Consejo Directivo, del cuerpo académico y de los empleados de la Universidad. Su nombramiento se hizo inicialmente por dos años, con la expectativa de una prórroga automática por otros dos. Con posterioridad a esos primeros cuatro años, cada dos ha sido reelegido; en junio de 2009 se le designó por otro período de dos años.
Desde 2001, cada reelección del rector se ha visto precedida de un sondeo que un comité del Consejo Directivo —el de Nominación— efectúa entre los distintos decanos y directores de departamentos y centros de investigación de la Universidad. En esos procesos la unanimidad con respecto a la continuidad del Rector ha sido absoluta, porque a Carlos Angulo lo quiere la comunidad. Lo quiere porque es confiable, respetuoso de los demás y un excelente jefe. Porque sabe encontrar lo mejor en cada ser humano, trabaja en equipo, respalda a su gente, es transparente, dimensiona bien los problemas, es optimista. En otras palabras, porque es un gerente y un líder.
Es que la academia requiere gerencia… y de la buena. Puede que Carlos Angulo no publique documentos en las revistas indexadas más importantes del planeta sobre los temas en los cuales es experto, pero no sólo entiende y respeta las inquietudes que los académicos le llevan a su consideración, sino que es el gerente de cualquier proyecto. Con una gran ventaja: su mente ordenada, veloz y analítica le facilita ir al meollo de los problemas. Algo que los más brillantes académicos tienen dificultad en lograr. El doctor Angulo, además, delega, ‘empodera’ a sus colaboradores y hace un seguimiento riguroso de su labor, sin coadministrar. Por lo mismo, jamás pierde el hilo de lo que ejecutan sus subalternos. Es respetuoso de las reglas de juego y enemigo de la discrecionalidad que le da su autoridad.
Sobre todo, Carlos Angulo es un excelente ser humano. Nunca se le ve de mal humor. Todos los días visita a su nieta de algo más de un año y la tiene en varias fotografías en su oficina. Le alcanza el tiempo para asistir a juntas directivas de entidades sin ánimo de lucro, en donde sus consejos son muy apreciados, como el Consejo Directivo del Colegio Los Nogales o las juntas de la Fundación Best Buddies y del Instituto Roosevelt.
En síntesis, Carlos Angulo es un personaje lleno de cualidades que sirve como nadie a la sociedad, a la Universidad de los Andes y a su familia.