Hace un par de meses se convocó a la comunidad de Saravena (Arauca), un municipio del piedemonte andino que se extiende en el norte de la Orinoquía, para responder una pregunta: ¿Qué carrera debe ofrecer la universidad?
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Con 76.000 habitantes, en su mayoría dedicados —según cifras del Dane— a la ganadería y otras actividades agropecuarias, el municipio nunca había tenido un programa presencial de carreras universitarias. Y, ahora, con una estrategia de la Universidad Industrial de Santander (UIS), se ofertará a 90 estudiantes una serie de programas en lo que ellos deseen.
“La respuesta que nos dieron fue que querían, entre otras cosas, estudiar inteligencia artificial”, cuenta el profesor Luis Carlos Gómez, quien ha liderado su implementación en el territorio de la UIS. “Es algo que, desde que empezó hace un par de meses, ha recibido mucho entusiasmo, y los jóvenes nos dicen que quieren aplicarlo al campo, para hacerlo más competitivo”.
La emoción que transmiten los estudiantes de esta primera generación del programa de Ingeniería en IA refleja un verdadero ‘hype’ (furor) —como lo llaman algunos expertos—, que se ha expandido en universidades y centros de formación del país, impulsando una auténtica explosión de oferta educativa en torno a la inteligencia artificial. Se trata de un salto vertiginoso, pues solo entre 2022 y agosto de 2025, el Ministerio de Educación aprobó 198 programas (pregrados, posgrados, cursos, diplomados, entre otros) relacionados con la inteligencia artificial. De ellos, 55 fueron aprobados para universidades públicas y 143 en privadas. En el 2025, 87 han tenido el aval del Mineducación.
“El crecimiento de la oferta ha llegado desde todas las regiones del país, en particular en departamentos históricamente con menor oferta de estas áreas como Arauca, Casanare, Cauca, La Guajira, Nariño, Norte de Santander, Putumayo y el Archipiélago de San Andrés,” le respondió el Mineducación a este diario al consultarle sobre esta evolución en el sector. “Esto significa que la formación en IA no se concentra en las grandes ciudades, sino que llega también a territorios con enorme potencial en temas como desarrollo rural e interculturalidad”.
Hay varios ejemplos que muestran el entusiasmo por la IA en algunas universidades. En 2025, la Universidad de Caldas creó la Facultad de Inteligencia Artificial, la primera de su tipo en el continente. A esta se suma programas como Aluna IA de la Universidad del Magdalena, que busca articular las capacidades en IA con los saberes ancestrales de los pueblos étnicos.
Y, en el hecho más reciente, el presidente Gustavo Petro, puso este jueves 2 de octubre la piedra de primera Facultad de Inteligencia Artificial de Zipaquirá, que estará bajo la administración de la Escuela Tecnológica Instituto Técnico Central (ETITC). Con una inversión de más de $143 mil millones, se espera que este espacio esté listo para operar para finales de 2026.
Para Óscar Domínguez, presidente de la Asociación Colombiana de Universidades (Ascun), esta apuesta es casi una necesidad. “La inteligencia artificial y las tecnologías emergentes cambian a una muy alta velocidad, y si los planes de estudio no se actualizan a tiempo, corremos el riesgo de formar profesionales con conocimientos que ya quedaron atrás”.
Este nuevo boom parece estar motivando a los estudiantes colombianos. Así lo indican de manera indirecta las cifras del Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (SNIES), pues en apenas cuatro años, se duplicaron matriculados en programas de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), sobre los que se basa el desarrollo o aplicación de IA. De esta manera, los estudiantes inscritos en ingenierías, licenciaturas, tecnologías y ciencias aplicadas que giran en torno a computación, software, telecomunicaciones, redes, datos y aplicaciones digitales, entre otras, pasaron de ser 112.489 estudiantes en 2020 a 205.062 en 2024. El crecimiento fue del 12,7 % anual en promedio.
Este abanico de ofertas de pregrados, posgrados, diplomados y cursos frecuentemente anunciados por redes sociales y en vallas publicitarias, se ha expandido por todo el país, como puede ver en el mapa que acompaña estas páginas. Todo esto bajo, principalmente, una promesa: un futuro de la mano de la tecnología.
¿Listos para otra revolución?
El mundo laboral, en particular en Colombia, parece haber adoptado mayoritariamente la IA en su día a día. Según el más reciente Work Trend Index, cerca del 80 % de los trabajadores colombianos afirmaron usar inteligencia artificial en sus labores diarias. Lo mismo ocurre con el estado que, como contamos en estas páginas, ya usa más de 200 de automatización de IA en temas judiciales, defensa nacional y medioambiente.
Como sostiene el lingüista libanés-estadounidense Joseph Aoun, en su libro ‘A prueba de robots: la educación superior en la era de la inteligencia artificial’, “cuando la economía cambia, la educación también debe hacerlo. Ya ha ocurrido antes. Educamos a las personas en las materias que la sociedad considera valiosas”.
Aoun apunta a que, hace miles de años, la revolución agrícola llevó a nuestros antepasados recolectores a tomar la hoz y el arado; hace cientos de años, la Revolución Industrial empujó a los campesinos fuera de los campos y hacia las fábricas; y hace apenas unas décadas, la revolución tecnológica trasladó a muchas personas del taller a la silla de oficina y al cubículo. Y, en estos cambios tecnológicos, la educación superior ha permitido a las personas adaptarse a ese desplazamiento de la labor, marcando la automatización de tareas antes reservadas por los seres humanos.
Pero para Isabel Tejada y Juan Jacobo García, investigadores de la Universidad de los Andes que acaban de publicar un documento de trabajo sobre las ‘Implicaciones de la inteligencia artificial en la educación posmedia en Colombia’, la respuesta no es tan clara.
“Lo que más llama la atención del panorama nacional y global es que aun necesitamos mayor evidencia e investigación que respalde la cantidad de recursos que se está invirtiendo en programas e infraestructura que estamos viendo en el sector educativo con relación a la inteligencia artificial”, advierte Tejada en una llamada telefónica. “Estamos en un terreno de la experimentación, y es difícil tomar decisiones en este contexto sin conocer con certeza cuáles son los efectos y beneficios en los aprendizajes”.
El reporte, publicado hace una semana, examinó más de 40 programas universitarios, entre pregrado y posgrado, además de cursos cortos diseñados como formación complementaria para profesionales. Para completar la radiografía del sector, entrevistaron a actores clave de la educación superior, recopilando sus voces y perspectivas sobre las oportunidades y desafíos que enfrentan las universidades en esta nueva era.
“Lo que encontramos es que, además de pregrados y posgrados para estudiantes, hay un crecimiento importante de cursos cortos y diplomados para trabajadores, en lo que se conoce como Upskilling. Se tratan de soluciones rápidas para empleados que quieren actualizar sus habilidades. Estamos hablando de programas de algunas semanas o si mucho meses en los que adquieren estas habilidades digitales”, asegura Tejada, de la U. de Los Andes. “También se ha visto un crecimiento de los edtechs, que son empresas que ofrecen cursos digitales no formales sobre aspectos concretos de IA”.
En concreto, al menos en el caso de las universidades, las certificaciones en temas digitales, según el SNIES, aumentaron un 29,39 % entre 2022 y 2024. En contraste, los doctorados crecieron en 6 %.
Sobre la calidad de estos programas, el Ministerio de Educación le respondió a este diario que, si bien no existen requisitos específicos para ofrecerlos ni indicadores de calidad o pertinencia, todos deben cumplir con la obtención del registro calificado, que puede ser revisado en el SNIES. Por su parte, la cartera del contó a este diario que, en alianza con el MinTic, la idea es continuar con la apertura de facultades de IA en Colombia.
Para algunos es mejor tener cierta precaución frente al crecimiento de estos programas en el país. Uno de estos es Camilo Rocha, decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Javeriana de Cali. “Yo veo difícil defender esta idea de facultades y programas en este campo, pues la inteligencia artificial, que es un área de la computación, es transversal en varios campos del conocimiento, ya que es utilizada tanto en la biología como en la medicina. La duda que surge es si alguien, sin los fundamentos que ofrecen carreras como ingeniería o matemáticas, pueda realmente aplicar la IA de manera efectiva, planificada y en la toma de decisiones. Tenemos que ser responsables con esto y lograr cosas atractivas, pero sin mitos en torno a estas tecnologías”.
Para Tejada, de los Andes, la creación de los programas de IA es solo un primer paso. “Es necesario desarrollar un currículum adaptado a las necesidades particulares de las comunidades, es decir, pensar en qué realmente les va a servir. Si no, tal como cuando se entrega infraestructura o computadores, esto no resuelve en sí las brechas digitales que tiene el país”.
El trabajo y el estudio no volverán a ser los mismos
A la hora de hablar de transformaciones digitales en la educación también hay mucho en juego en el futuro laboral. Por ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que, en Colombia, cerca del 3 % de los puestos de trabajo actuales, equivalentes a unos 247.200 empleos, podrían desaparecer en los próximos años como resultado del avance de la IA generativa. Según el Foro Económico Mundial, entre 2025 y 2030 se crearán 170 millones de nuevos empleos, mientras que 92 millones desaparecerán, con un balance neto de 78 millones de nuevas oportunidades.
La implementación de la inteligencia artificial, como explica Francisco Perea, quien profundizó en este asunto en su tesis de maestría en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), es un arma de doble filo en el mercado laboral. “La exposición a la IA implica tanto riesgo con la automatización de tareas y oportunidades, pues puede ser un complemento para algunas profesiones. Lo que encontré, utilizando lo que conoce como Índice de exposición ocupacional a la IA (AIOE), que no se había utilizado en Colombia, es que los más expuestos son los llamados trabajos ‘cuello blanco’ y de clase media, sobre todo aquellos oficios administrativos o de oficina con un mínimo de estudios”.
Perea advierte que, aunque faltan estudios más precisos, entre las poblaciones más afectadas se encuentran las mujeres y aquellas zonas con mayores brechas digitales, casos en los que la baja exposición a estas tecnologías implicaría más riesgos que beneficios.
Desde el gremio de los productores de software también han expresado sus preocupaciones sobre cómo se están preparando los colombianos frente a las nuevas dinámicas del mercado laboral. “Los conocimientos más demandados se concentran en Big Data, especialistas en IA y transformación digital, ciberseguridad e ingeniería en tecnología financiera. Sin embargo, son muy pocos los graduados del sistema educativo tradicional que logran avanzar en procesos de selección con las competencias que hoy necesita la industria”, sostiene Ximena Duque, presidenta de la Federación Colombiana de Desarrolladores de Software (Fedesoft).
En la misma línea, para Domínguez, de Ascun, si bien “no existe una demanda laboral másiva para estas áreas, si hay un creciente interés internacional por profesionales con competencias digitales y en IA. Esto plantea a preguntas sobre cómo retener talento y cómo asegurar que estas oportunidades contribuyan también al desarrollo del país”.
Para el Gobierno, el gran reto de la inteligencia artificial no está solo en la tecnología, sino en cómo hacerla dialogar “con los saberes ancestrales de los pueblos indígenas, que son únicos y de enorme riqueza”. Para lograrlo, reconoce el Ministerio de Educación, “aún queda por cerrar profundas brechas: desde la falta de conectividad hasta el acceso a equipos de alta complejidad, como computadores cuánticos y laboratorios especializados”.
En esta línea se viene desarrollando el programa SENATIC es una iniciativa conjunta del MinTIC, el SENA y la OIT en Colombia. Su objetivo es formar a más de 300.000 personas en habilidades digitales para el año 2025.
Sin embargo, para investigadoras como Tejada, de la U. de Los Andes, esta es solo una punta de iceberg de los cambios que se vienen para la educación y el trabajo. “Si bien está claro que la industria tecnológica es sumamente lucrativa y recibe grandes inversiones a nivel mundial, aún no es del todo evidente qué implica esto para la educación y los puestos de trabajo. Desde centros de pensamiento del MIT o Stanford, se propone formar equipos interdisciplinarios: no basta con contar solo con científicos; también se necesitan profesionales de las ciencias sociales para diseñar herramientas pensadas para las personas”.
Esta adopción de las universidades de estas tecnologías muestra también el enfoque de “co-creación” que tendrán los profesionales en el futuro. Como explica la investigadora en educación Rocío López, de la Universidad Javeriana, “aunque hay algunas preocupaciones en torno a la inteligencia artificial en la comodidad cognitiva a la hora de aprender, creo que estamos viendo buenos resultados. Lo central es cómo llevamos a los estudiantes a procesos de autorregulación en el uso de estas herramientas y cómo asegurar un uso ético de estas tanto en ámbitos universitarios como en el mundo laboral”.
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