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3 Jan 2022 - 3:00 p. m.

En educación hay una obligación urgente

Tras los encierros que vivió Colombia, el sector enfrentará serios desafíos. Será esencial que se diagnostiquen las pérdidas de aprendizaje que hubo y se implementen estrategias para recuperarlo, así como para asegurar el bienestar emocional y físico de los estudiantes.

Isabel Segovia Ospina*

La educación en Colombia antes del cierre estaba permeada por profundas desigualdades que se agudizaron durante la pandemia.
La educación en Colombia antes del cierre estaba permeada por profundas desigualdades que se agudizaron durante la pandemia.
Foto: Pixabay

Para nadie es un secreto que la pandemia y la forma como decidimos afrontarla se ensañó contra las niñas, los niños, los adolescentes y jóvenes, dejándolos durante dos años desprotegidos y desescolarizados. También es de conocimiento público que, a pesar de los esfuerzos realizados, la educación en Colombia antes del cierre estaba permeada por profundas desigualdades socioeconómicas, geográficas, de género y de etnia, que se acentúan en los extremos del sistema (en la primera infancia y en la educación media y superior), inequidades que se agudizaron estrepitosamente durante la pandemia.

Junto con los profesores Sandra García y Darío Maldonado, el rector Alejandro Noguera y las expertas en educación Patricia Camacho y Julia Rubiano, hace meses escribimos un “pliego de peticiones”, invitando a la acción inmediata para unirnos todos: Gobierno, profesores y sociedad civil, y empezar a revertir esta crisis. Las estrategias propuestas que deberían ponerse en marcha son:

1. Abrir todos los centros de desarrollo infantil, colegios y universidades, sin restricciones (acción finalmente adoptada la semana pasada por el Gobierno).

2. Implementar un plan de emergencia para revertir la deserción y asegurar la permanencia.

3. Diagnosticar las pérdidas de aprendizaje y detectar situaciones graves de salud mental y física.

4. Implementar estrategias para recuperar las pérdidas de aprendizaje y asegurar el bienestar emocional y físico de todos los estudiantes.

La dimensión de la actual crisis obliga a no aplazar más las reformas importantes y pendientes al sistema educativo. Sugiero empezar por la transformación de la reforma integral al sistema de formación, selección y acompañamiento a los docentes, la modificación pendiente desde 2016 a la ley del sistema general de participaciones que asegure el financiamiento de un programa de mejoramiento de calidad de verdadero impacto y el diseño e implementación de un proyecto de mejoramiento de infraestructura física y tecnológica de grandes dimensiones.

Construir un país sin miedo, desarrollado y en paz, requiere un sistema educativo eficiente y de calidad. Transformar la educación no da espera.

*Exviceministra de Educación.

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