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Ensayo: El desquiciamiento de la autonomía universitaria y de la libertad de expresión

Un profesor asociado de la Universidad Nacional y su visión de lo que llama “el desquiciamiento de la libertad de expresión en tándem con el desquiciamiento de la autonomía universitaria”.

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Juan Gabriel Gómez Albarello * / Especial para El Espectador
08 de abril de 2026 - 05:00 p. m.
Una de las recientes protestas estudiantiles en la UNAL a raíz de la salida del rector Leopoldo Múnera en reemplazo de Ismael Peña.
Una de las recientes protestas estudiantiles en la UNAL a raíz de la salida del rector Leopoldo Múnera en reemplazo de Ismael Peña.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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La Universidad Nacional de Colombia está al borde de salirse de sus quicios. Un sector de la comunidad universitaria, que se aferra a una desquiciada concepción de la autonomía universitaria y de la libertad de expresión, quiere imponerle su voluntad a todos los demás. El objetivo inmediato es forzar la salida del actual rector mediante un nuevo paro. El objetivo más ambicioso es refundar la Universidad Nacional. Las consecuencias de este desquiciamiento para el país pueden ser muy graves (Recomendamos otro ensayo sobre los modelos en pugna en la UNAL).

Esta es la situación. Después de dos sentencias del Consejo de Estado y de un fallo adicional del Tribunal Superior de Cundinamarca, los conflictos acerca de la designación del rector de la universidad pública más importante del país están todavía lejos de quedar resueltos. Con la anuencia de las antiguas directivas, el rector Múnera, el vicerrector general y la vicerrectora de la Sede Bogotá, el Sindicato Mixto de Trabajadores de las Universidades Públicas Nacionales (Sintraunal) ha desplegado una campaña continua de deslegitimación del Consejo de Estado, e incluso ha invitado a la comunidad universitaria a desobedecer la sentencia de tutela del Tribunal Superior de Cundinamarca que le permitió al profesor José Ismael Peña posesionarse como rector.

En efecto, desde el año pasado, Sintraunal ha puesto pancartas en las vallas exteriores de la Universidad Nacional con las cuales ha difundido las más agresivas y desafiantes afirmaciones. Poco antes de que la elección del profesor Leopoldo Múnera fuera anulada por la Sala Quinta del Consejo de Estado, puso pancartas que decían que ese alto tribunal le quería entregar la Universidad a unos “fachos y comerciantes”. Luego de que se conociera esta decisión, puso otra en la cual afirmaba que en la Universidad no mandaba el Consejo de Estado sino la comunidad universitaria.

Las pancartas actuales afirman que el profesor Peña es legalmente rector como resultado de la acción de “cortes uribistas”, pero que es un rector ilegítimo pues la comunidad no lo eligió, y que “los fachos y comerciantes” que quieren la rectoría lloran porque en la Universidad Nacional hay quienes luchan por “una universidad para el país y para la academia”. Agregan, al mejor estilo de los jacobinos durante la Revolución Francesa, que todo el poder debe ser para la “Constituyente”, un cuerpo consultivo constituido con la misión de discutir una reforma de la universidad y entregarle un informe con sus propuestas al Consejo Superior. Y, para que no queden dudas de su tono desafiante, Sintraunal reitera la fórmula que usó en las primeras pancartas: “¡¡¡La Nacho se respeta!!!”

Sintraunal expresa en su burda manera lo que piensan muchas personas que rechazan la designación del profesor Peña como rector: las decisiones de los tribunales son una interferencia externa que socava la autonomía de la Universidad Nacional. Esta es una concepción de la autonomía muy cuestionable, comparable a la de quien se opone a la sentencia que lo condena por el maltrato de su pareja con el argumento de que eso es una vulneración de su autonomía personal. En un Estado de derecho, no hay ninguna autonomía que exceda el marco de la Constitución y la ley. Por lo tanto, no hay ninguna autonomía, ni personal ni universitaria, que esté más allá de los jueces y tribunales.

Sin embargo, en la Universidad Nacional hay quienes tienen los oídos aturdidos por la estridencia de los más ardientes jacobinos; ya no pueden oír lo que dice nuestra Constitución. Se figuran que la autonomía universitaria equivale a soberanía y, en esos términos, pretenden hacer caso omiso de lo que dicen los tribunales con el deleznable argumento de que la “legitimidad” de la comunidad universitaria está por encima de toda legalidad.

El culmen de este desquiciamiento de la autonomía universitaria es la acción de unos supuestos revolucionarios quienes parecen creer que su destino es juzgar y condenar al actual rector como lo hiciera otrora la Convención Nacional francesa con el rey Luis XVI. No sólo eso. Se imaginan que están refundando la Universidad Nacional mediante una “constituyente”, que no pasa de ser un cuerpo constituido, además, de una legitimidad dudosa. No sólo su composición fue decidida de una manera totalmente sesgada; su integración se hizo mediante un proceso de elección apresurado, carente de toda deliberación (Ver mi artículo El simulacro de democracia en la Universidad Nacional). De ahí que teman someter sus propuestas a la decisión final de la comunidad universitaria, del mismo modo que se oponen a que la continuación del actual paro sea decidido en una votación electrónica por el conjunto de profesores y estudiantes.

El desquiciamiento de la libertad de expresión está en tándem con este desquiciamiento de la autonomía universitaria. Según Sintraunal y las antiguas directivas de la Universidad Nacional, el contenido de las pancartas anteriormente mencionadas está protegido por la garantía de la libertad de expresión y la libre asociación sindical. La antigua vicerrectora de la Sede Bogotá afirma que en Colombia está prohibida la censura, por lo cual mal harían las autoridades de la Universidad en retirar dichas pancartas. Este es un argumento muy malo pues lo que está prohibido en Colombia es la censura previa. Además, ni Sintraunal ni las antiguas directivas le dan peso alguno al deber constitucional de colaborar con el buen funcionamiento de la justicia.

No hay ningún derecho fundamental que sea absoluto. Este principio aplica a la libertad de expresión cuya aplicación a un caso concreto debe ser ponderada con otros derechos y deberes de igual jerarquía constitucional, como el mencionado deber de colaborar con el buen funcionamiento de la justicia. Sólo basta con hacer el experimento mental de lo que ocurriría en el país, si muchas personas ejercieran su libertad de expresión para invitar a otras a no acatar las decisiones de un tribunal, cuando profiriera una decisión que le fuera adversa.

Eso es lo que ha hecho Sintraunal de manera tácita y expresa, en un ejercicio continuo de deslegitimación de la acción de la administración de justicia. Cabe subrayar que la invitación expresa a no acatar la decisión del Tribunal Superior de Cundinamarca configura un delito, el de fraude a resolución judicial. De ahí la gravedad de la acción de Sintraunal. Otro tanto cabe decir de la anuencia de las antiguas directivas de la Universidad a las pancartas de este sindicato, y de su modo ladino de avalar sus cuestionables mensajes pues ni el antiguo rector, ni el antiguo vicerrector general ni la antigua vicerrectora de la Sede Bogotá invitaron a la comunidad universitaria a acatar las decisiones judiciales concernientes a la elección y posesión del rector.

Como lo señalé al inicio, el objetivo inmediato de todo este desquiciamiento es forzar la salida del actual rector mediante un nuevo paro; el más ambicioso es refundar la Universidad Nacional. Es impensable que personas que profesan tanto desprecio por la Constitución y el Estado de derecho puedan reorganizar la Universidad para bien. Lo más probable es que lleguen a convertirla en una tribuna para aplicar y difundir doctrinas perniciosas como la de que autonomía universitaria es soberanía y la de que la libertad de expresión ampara los llamados a desacatar las decisiones judiciales.

* Abogado y doctor en ciencia política; profesor asociado de la Universidad Nacional de Colombia.

Por Juan Gabriel Gómez Albarello * / Especial para El Espectador

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Guillermo(n5sqs)Hace 1 hora
No nos consta lo de "fachos", pero el eje Wasserman-Mantilla-Montoya con 18 años en el poder en la UNAL tiene poco por mostrar: unas infraestructuras que amenazan ruina, escándalos por ROTORR-UNAL, megasalarios a los docentes para que miraran para otro lado, infiltración de actores armados y carteles urbanos de microtráfico, inseguridad en el campus y perdida de presencia institucional de la UNAL en la vida nacional. Peña, heredero de esa tradición seguirá en las mismas.
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