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Es hora de prohibir el celular en los colegios colombianos

Hoy sabemos que restringir el uso de celulares en colegios puede traer grandes beneficios a los niños, niñas y adolescentes. ¿Se animará el Congreso a aprobar la ley que busca que eso suceda en Colombia? | Opinión.

Luz Karime Abadía*

06 de abril de 2026 - 07:04 a. m.
En Países Bajos, tres de cada cuatro colegios reportaron mejoras en la concentración de los estudiantes, tras restringir el uso de celular.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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Los resultados de una evaluación realizada en los Países Bajos, dos años después de implementar una política nacional que restringe el uso de celulares en los colegios, muestran resultados positivos. La evaluación, realizada en más de 300 instituciones, encontró que tres de cada cuatro colegios reportan mejoras en la concentración de los estudiantes, cerca de dos tercios evidencian un mejor ambiente social y alrededor de un tercio observa avances en el rendimiento académico. No se trata solo de cifras: lo que revelan estos resultados es una transformación en la dinámica del aula, con menos distracción, mayor interacción entre estudiantes y mejores condiciones para aprender.

Estos resultados no son un caso aislado, sino parte de una evidencia creciente que cuestiona la presencia irrestricta de celulares en los entornos educativos.

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Según la UNESCO, más de 70 países ya han prohibido o restringido el uso de celulares en colegios, en una tendencia global que busca proteger tanto el aprendizaje como el bienestar de los estudiantes. La evidencia es contundente: los dispositivos móviles interrumpen el proceso de aprendizaje, afectan la concentración y deterioran el rendimiento académico, incluso cuando no están siendo utilizados activamente. Basta una notificación para romper el foco, y recuperar la atención no es inmediato.

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Sin embargo, el problema no se limita al aula. El ecosistema digital en el que operan estos dispositivos, especialmente las redes sociales, está diseñado para captar y retener la atención de forma intensiva. La evidencia muestra que estas plataformas afectan el bienestar emocional, la autoestima y las aspiraciones de los jóvenes. No es casual que múltiples estudios vinculen el uso excesivo de pantallas con ansiedad, depresión y aislamiento social en adolescentes.

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Más aún, la discusión ha dado un giro reciente con implicaciones profundas. En Estados Unidos, un jurado determinó la responsabilidad de Meta (propietaria de Instagram) y Google (YouTube) por los daños en la salud mental de una menor, reconociendo que el diseño de estas plataformas incorpora mecanismos adictivos como el desplazamiento infinito o la reproducción automática que fomentan el uso compulsivo. Este fallo no solo marca un precedente judicial, sino que valida algo que la evidencia científica venía señalando: las redes sociales no son neutras; están diseñadas para generar dependencia, especialmente en usuarios jóvenes.

Desde la economía de la educación, esto tiene implicaciones profundas. El aprendizaje no es sólo acumulación de información: es un proceso cognitivo que requiere atención sostenida, memoria activa y elaboración profunda. Y aquí hay un punto que suele perderse en medio del entusiasmo tecnológico: no todos los medios de aprendizaje son equivalentes. La evidencia en neurociencia ha demostrado que escribir a mano favorece la retención, la comprensión y la organización del pensamiento, al activar procesos cognitivos más profundos que la escritura digital. Sustituir sistemáticamente estas prácticas por pantallas no es un cambio neutro; es un cambio que empobrece el proceso de aprendizaje.

Colombia no puede quedarse atrás. Es importante que se apruebe la iniciativa legislativa de la representante a la Cámara por Bogotá, Olga Lucía Velásquez, quien radicó ante el Congreso de la República el Proyecto de Ley 542 de 2026, conocido como “Ley Contra la Adicción Digital”, que busca regular el uso del teléfono celular durante la jornada escolar en instituciones educativas públicas y privadas del país para estudiantes menores de 16 años.

Regular el uso de celulares en los colegios requiere una toma de conciencia colectiva. Los docentes deben contar con herramientas y respaldo institucional para gestionar el uso de la tecnología en el aula, y los padres de familia deben asumir un rol activo en la formación de hábitos digitales saludables. En Colombia, es cada vez más común ver a niños desde edades muy tempranas usando celulares en restaurantes, parques, medios de transporte e incluso en espacios educativos, muchas veces como mecanismo de distracción.

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En este contexto, los padres son actores centrales: son quienes introducen estos dispositivos en la vida de los menores y quienes deben establecer límites claros sobre su uso. Recuperar el valor del tiempo sin pantallas es fundamental. El aburrimiento, lejos de ser un problema, es una condición necesaria para el desarrollo de la creatividad, la imaginación y la autorregulación. Los efectos negativos de las pantallas no comienzan en el colegio ni terminan en él: se construyen en la vida cotidiana, en los tiempos de ocio, en los hábitos de sueño y en la relación que los niños desarrollan con la tecnología desde edades tempranas.

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La aprobación de una ley es un paso necesario, pero no suficiente. Lo que está en juego no es solo una regulación, sino la forma en que una sociedad decide proteger el desarrollo cognitivo y emocional de sus niños y jóvenes. En un mundo donde la atención se ha convertido en un recurso escaso, educar para concentrarse, para pensar y para aprender es, quizás, una de las tareas más urgentes. Y en esa tarea, limitar el uso de celulares en los colegios no es una opción ideológica: es una decisión basada en evidencia.

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*Decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Javeriana.

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Por Luz Karime Abadía*

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