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El escándalo que se ha desatado en torno a la Fundación Universitaria San Martín, a su fundador y dueño, Mariano Alvear Sofán, y a varios de sus dirigentes ha dado para todo. Desde sacar conjeturas sobre el destino del dinero de la institución y el rumbo de los Alvear, hasta poner en evidencia las dificultades del Ministerio de Educación para hacer un seguimiento juicioso a la manera como las universidades del país invierten sus recursos.
Esta semana la San Martín volvió a estar en el ojo del huracán. Las marchas de los estudiantes y las denuncias de profesores aceleraron la intervención del ministerio. Y a la par que la ministra Gina Parody anunciaba una serie de medidas, empezaban a aparecer nuevas cifras que parecían ser la confirmación del desvío de dineros. Por ejemplo, como lo dio a conocer el El Tiempo, se supo que la familia Alvear Orozco tiene propiedades que suman cerca de $100.000 millones: el Centro Internacional de Biotecnología Reproductiva (Cibre), cuyo costo es de $58.000 millones, y la compañía Prodomed Ltda., valorada en $16.000 millones. Eso, por solo dar una muestra.
Pero detrás de este emporio —que, claro, genera suspicacias— al parecer hay una crisis de los Alvear que se resume en muchas deudas y falta de liquidez. ¿Su origen? Malos manejos, desvío de recursos, negativas a la hora de pagar contratos, ejecución de proyectos inviables y, sobre todo, una ambición desmesurada y una desorganización financiera y contable que terminó quebrando a la San Martín. De hecho, como le comentó a El Espectador una fuente cercana a los Alvear, la universidad era lo único rentable de una riqueza que agrupaba al menos siete empresas.
Como se ha dicho en repetidas ocasiones, mientras la San Martín crecía, Alvear Sofán iba fundando compañías que de alguna manera estaban relacionadas con la universidad. Tenía, por ejemplo, Gráficas San Martín, que surtía de fascículos a algunas carreras; Prodomed Ltda. (con sede en Barranquilla), que elaboraba desde los ventanales hasta los pupitres; la Fundación Quality Fish, Meat and Vegetable Corporation, mejor conocida como Burger Market, además de otras ya extintas y de la joya de la corona: el Cibre, un centro establecido en Montería y dedicado a la investigación del ganado bovino.
“Ese fue el punto de quiebre que aceleró la crisis. Si Alvear no hubiera insistido en mantenerlo, el resto de empresas habrían seguido funcionando pese a dar enormes pérdidas”, dice la fuente.
¿La razón? El Cibre, que empezó como un laboratorio para las prácticas de los estudiantes de veterinaria, se fue convirtiendo en la principal pretensión de Alvear. Tras contratar a unos seis brasileños y argentinos expertos en inseminación y en el mejoramiento de razas, el lugar empezó a importar material seminal y embriones bovinos. Así lo establecen documentos del Instituto Colombiano Agropecuario. El propósito no era otro que empezar a vender productos cárnicos.
“El problema es que para mantener el Cibre había que destinar una gran cantidad de recursos. Sume: gasolina, mantenimiento de tractores, vigilancia, veterinarios, condiciones aptas para el ganado... Como si fuera poco, Alvear dio la orden de crear otras dos sedes: en Briceño y en Sincelejo. Esta última no se terminó”.
La manera de mantenerlos no era otra que echando mano del sonado Fondo de Fomento para la Educación, que “jamás fue creado para lavado de activos, como dicen algunos medios. Ese fondo le permitía manejar el dinero mientras las cuentas de la universidad estaban embargadas. El lío es que había un desorden muy grande. Si tenía que pagarle a los trabajadores del Cibre lo hacía del fondo, o si la San Martín tenía una deuda agarraba de lo que generaban el Cibre o cualquiera de las otras empresas. Esa riqueza la manejaba como si fuera una simple tienda”.
De ese centro de investigación, que en el caso de Montería tenía tres fincas propias y algunas en renta, fue justamente de donde salió la carne que vendió a Surtifruver, Jumbo, Carulla y La 14. El primero suspendió el contrato en febrero de este año, entre otras razones porque los clientes empezaron a quejarse de mala calidad. “Claro: Alvear prometió ganado Kosher, pero no pudo sostenerlo. Y por invertir tanto dinero en ese proyecto descuidó la parte académica. Ahí fue cuando la embarró”.
Al descuidar la calidad educativa, el Ministerio de Educación canceló en 2013 siete de sus programas más fuertes: los del área de la salud. “En ese momento la San Martín ya estaba en boca de todos y la cantidad de matriculados empezó a caer. Sin embargo, Alvear insitía en emprender nuevas empresas. Tenía ideas magníficas, pero era muy terco y obstinado. Además, la plata la manejaba sólo él. Nadie más”.
Esa crisis, al parecer, tuvo un efecto dominó sobre varias de sus pequeñas compañías, desde la Clínica Mariano Alberto Alvear Orozco, ubicada en la carrera 11 con calle 93 A de Bogotá y que cerró hace un mes, hasta la institución educativa, y, desde luego, el Cibre.
“Hace cuatro años había unos 3.000 animales. Hace seis meses esa cifra se redujo a 1.500. Ahora no hay más de 700. Ya no hay vigilancia y sus puertas están cerradas con candado. Los empleados están sin sueldo”, afirma un trabajador desde Montería. “¿Que por qué pasó? Porque dependíamos de las matrículas. Esto no era rentable y ese señor, se veía de lejos, no sabía manejar la plata. Una lástima, porque fue un gran programa”.
* ssilva@elespectador.com /