8 Feb 2021 - 3:58 p. m.

Otra revolución digital impactará la educación en el mundo, advierte Moisés Wasserman

El investigador científico, exrector de la Universidad Nacional y profesor publica el libro “La educación en Colombia”, en librerías bajo el sello editorial Debate. Fragmentos de su visión del futuro.

Moisés Wasserman * / Especial para El Espectador

El número de estudiantes en el mundo crece en forma explosiva. Tan solo las economías llamadas emergentes tendrán en el 2025 a 63 millones de estudiantes adicionales a los que tienen hoy y el número total en el mundo se espera que sea de más de 262 millones. Ninguna región del mundo podrá para el 2030 ser solamente usuaria del conocimiento científico: todas estarán haciendo contribuciones significativas al mismo.

La revolución digital también impactará la educación en el mundo, sin ninguna duda. Las universidades que hoy ya en cierta forma son globales pasarán a serlo del todo, con presencia en cualquier lugar. Cursos abiertos y libres, cooperación científica, manejo de grandes cantidades de datos, computación compartida en los supercomputadores en la nube, incluidos los computadores cuánticos cuando lleguen, todas estas tendencias estarán dándole forma a la educación superior y a la educación continua. (Recomendamos: La exministra Cecilia María Vélez analiza el impacto de la pandemia en la educación en entrevista con Cecilia Orozco).

Las clasificaciones mundiales también se han extendido a los sistemas nacionales de Educación Básica y Media. Algunos países han construido sistemas extraordinariamente exitosos si se miden por los resultados académicos de sus estudiantes, pero no solo en eso: también han llegado a medir otros logros muy importantes en la formación de la personalidad, la formación ciudadana e incluso el impacto en la felicidad individual. Algunos países como Finlandia, Singapur, Corea, China y otros se han constituido, debido a estas calificaciones, en los modelos que otros deciden imitar. La imitación es una tendencia peligrosa porque las circunstancias sociales y culturales son distintas y la educación debe promover más la diversidad humana que la homogenización, pero sin duda algunas prácticas educativas y pedagógicas innovadoras son muy útiles y se irán imponiendo y mejorando. (Editorial de El Espectador en defensa de la educación presencial).

La necesidad de ajustar rápidamente los sistemas educativos para enfrentar los cambios en la realidad se hace cada día más obvia. Ha surgido un movimiento bastante amplio (derivado en gran medida de los sistemas educativos en los países mencionados anteriormente), conocido como Germ, por las siglas en inglés de “movimiento de reforma educativa global”, que pretende una mejora, a nivel global, de las políticas nacionales.

Esta se inspira en tres ideas para mejorar la calidad y la equidad en la educación. La primera es un cambio de foco del maestro y la enseñanza, a otro centrado en el alumno y el aprendizaje. La segunda es una exigencia creciente de educación de la mejor calidad posible para todos. La tercera es la descentralización gubernamental de la educación, con mayor autonomía en las instituciones y en los maestros (lo que no quiere decir el establecimiento de una anarquía).

Ese movimiento ha desarrollado diferentes programas de educación de maestros, con elementos pedagógicos que se han venido imponiendo desde los sistemas nacionales exitosos. Por supuesto, y como es normal, hay desacuerdos entre escuelas. Uno de ellos es sobre el uso de nuevas tecnologías y de artefactos que apoyan la educación, pero que podrían tener efectos colaterales con pérdidas, por ejemplo, en la capacidad de cálculo o en la de memorizar ciertos hechos fundamentales, indispensables para cualquier análisis crítico.

La verdad es que las invenciones pueden hacer la vida más fácil, pero también es verdad que pueden causar pérdida de habilidades. La tercera verdad es que las invenciones pueden desarrollar capacidades no sospechadas; basta ver la extraordinaria velocidad de análisis, evaluación de riesgos y decisión que algunos niños pueden adquirir con sus juegos electrónicos. Es difícil predecir qué más cosas nuevas van a surgir, pero sí se puede pensar, con base en lo que ha pasado en otras ocasiones, que los humanos tendremos la capacidad de adaptarnos a los nuevos entornos tecnológicos, tal vez con pérdida de algunas habilidades que ya no resultan útiles, pero con ganancia de otras nuevas que serán necesarias en ese momento.

***

A pesar de todos los matices y las diferentes escuelas y propuestas que surgen, el factor que parece ejercer el cambio más poderoso es el desarrollo de las tecnologías de información y comunicación. Internet ejerce una fuerza gravitacional inmensa sobre la educación, y con muy buenas razones. Ha cambiado el problema antiguo (que muchos enfrentamos en nuestros estudios y trabajos de grado) de la “búsqueda de datos” por uno nuevo, apasionante, pero para nada más fácil que la filtración y la evaluación de confiabilidad de los datos que nos proporciona internet en una verdadera avalancha. Ya no es meritorio para el estudiante encontrar en la literatura una solución ingeniosa a un problema, ahora el mérito radica en comparar, en forma crítica, muchas soluciones posibles y disponibles, ojalá produciendo una propia que sea mejor.

El desarrollo de la educación virtual ha puesto en duda, para mucha gente, la continuidad de las instituciones como las conocemos hoy, colegios, escuelas y universidades, y hasta la estructura misma de los programas educativos individuales. Se preguntan si los títulos siguen siendo necesarios y si hay todavía que desplazarse a colegios y universidades (hay una fuerte corriente en varios países desarrollados de enseñanza a los niños en casa).

Muchas universidades de primera línea ofrecen cursos gratuitos dictados por sus mejores profesores en todos los temas que uno pueda imaginar. Los moocs (por la sigla en inglés de “cursos en línea masivos y abiertos”), que surgieron especialmente en Estados Unidos y en Europa, parecía que iban a poder reemplazar a las universidades. Algunos rectores y profesores en Colombia así lo afirmaron. Ellos obviamente no venían de las disciplinas experimentales o de campo, ni de las ingenierías, Arquitectura, Medicina, Música y otras parecidas. Los profesores de esas disciplinas les diríamos que aún son irremplazables el laboratorio, el taller y la instrucción guiada.

Sin duda el desarrollo de la virtualidad va a generar cambios radicales en la educación. El uso de instrumentos interactivos, incluso de inteligencia artificial, puede potenciar inmensamente la posibilidad de llegar a estudiantes en todas partes y generar una mejora en la calidad que cierre brechas existentes entre países ricos y pobres, y en ellos las que existen entre diferentes grupos de poblaciones. Pero no son el fin de las instituciones, y mucho menos de la relación entre estudiantes y maestros. El estudio de la OCDE antes citado llegó a la conclusión de que la integración exitosa de la tecnología en educación no es un asunto de escoger el mejor aparato, el software ideal, el tiempo frente al computador o el mejor texto electrónico. El elemento clave del éxito está en los profesores y los líderes institucionales que tengan la visión y la habilidad de hacer la conexión entre la tecnología y el proceso de aprendizaje.

La reciente epidemia de covid-19 dejó claro en Colombia y otros países que las tecnologías digitales no están aún plenamente integradas a los procesos de aprendizaje y educación. Las redes no llegan a todos los niños que las necesitan; los instrumentos, textos y programas de alta calidad no están suficientemente elaborados para que cubran todas las necesidades. Hay además una generación de maestros que no domina estas técnicas y que no ha sido preparada para aprovechar las nuevas potencialidades y resolver los nuevos problemas generados por la tecnología.

Pero no hay que tenerles temor. Hay que avanzar porque pueden resolver muchos de los problemas descritos en este libro. Las nuevas tecnologías pueden asociar nuevos y diferentes actores con ideas y visiones diferentes, y con mucho que aportar. No hay que temerle tampoco a una excesiva influencia del mercado y grupos económicos; por lo contrario, pueden ser utilizados como una vía para hacer asequible a todos lo que ahora es solo para unos pocos.

En resumen, hay varias respuestas a la pregunta inicial sobre qué nos espera para el futuro de la educación. En primera instancia tenemos que resolver los problemas urgentes y bastante bien diagnosticados. La educación debe ser un motor de equidad y de eliminación de barreras sociales. Para esto hay que llegar a un sistema que ofrezca oportunidades plenas y de muy alta calidad a todos los jóvenes.

Se debe empezar con la primera infancia, pues una de las más dolorosas inequidades es la de niños que a los cinco años ya están en desventaja. La educación postsecundaria debe ser variada y atender a las necesidades de todos. La técnica y tecnológica debe permitir un desarrollo completo a quienes la escojan. El dilema de si la educación debe ser para el trabajo o para el desarrollo individual es un dilema falso que se resuelve integrando las dos necesidades. Todo el mundo quiere hacer un trabajo, y no hay razón para que el estudio no prepare para hacerlo con gran satisfacción personal.

La educación universitaria debe ser fuente de desarrollo individual y social. No solo debe hacerse para formar a la gente sino para responder a las preguntas que le hace la sociedad, bien sea a través de la investigación científica o de proyectos aplicados sobre problemas reales y de urgente solución. Por otro lado, las realidades están cambiando en el mundo y han surgido nuevas formas de educar y tecnologías que pueden ser aprovechadas para expandir la educación y para hacerla más eficiente y mejor. No deben ser acogidas acríticamente; hay muchas que no tendrán impacto a largo término, pero otras sí, y una actitud conservadora solo retrasará los cambios que son tan necesarios, y tan esperados.

* Se publica por cortesía de Penguin Random House Grupo Editorial, sello Debate.

Comparte: