Antes de abrirse el telón las manos sudaban. No era la primera vez que lo hacían, pero los nervios y la ansiedad eran evidentes. Eran 12 jóvenes, del Colegio Tomás Carrasquilla, parados atrás de igual número de micrófonos y delante de ellos un teatro, el Jorge Eliécer Gaitán, en Bogotá, lleno de caras conocidas y desconocidas, un público expectante ante lo que iba a oír.
La presentación del Grupo Vocal Filarmónico ocupó solo una fracción del concierto en el que 700 estudiantes de 17 colegios oficiales de la capital del país demostraron lo aprendido desde el 2013 como parte del Currículo 40x40, nombre con el que se conoce el programa de Jornada Extendida en Bogotá.
La ciudad se ha convertido en ejemplo en la implementación de una jornada que permite que los niños de los colegios distritales pasen más horas en las aulas, reforzando y aprendiendo distintos saberes. No se trata sólo de música o de arte. Los menores están adquiriendo también conocimientos en actividades deportivas, matemáticas, español, lenguas extranjeras, ciencias sociales y ciencias naturales, en las horas adicionales diarias con las que pretenden mejorar la calidad de todos los niños y jóvenes, en sus distintas etapas educativas.
“El plan que tenemos en Bogotá es lograr que desde la Educación Inicial hasta la Básica Secundaria y la Educación Media, pasemos de un esquema de 20 horas semanales a 40, lo que quiere decir, ocho horas diarias”, explica el Secretario de Educación del Distrito, Óscar Sánchez.
Por su parte, Mónica Figueroa, directora de Calidad para la Educación Preescolar, Básica y Media, del Ministerio de Educación Nacional señala que esta es una de las formas como se pueden lograr cambios fundamentales en el proceso educativo del país. “Con más tiempo en la escuela se reduce la deserción, mejoran los resultados académicos y se reduce la violencia escolar”, afirma. Expertos coinciden en afirmar que la jornada escolar influye incluso en temas como los índices de embarazo en adolescentes.
En efecto, tal como lo revela un estudio del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (CEDE) de la Universidad de los Andes los estudiantes en sedes donde hay proyectos de uso del tiempo presentan menor probabilidad de deserción escolar. Según un informe de la Defensoría del Pueblo publicado en 2012 la tasa de deserción en los colegios oficiales del país se ubicó entre 6 y 11% según el nivel de formación. La cifra viene disminuyendo en los últimos años, según datos del Ministerio de Educación, que revelan que en 2013 el porcentaje de niños que dejaron los estudios no superó el 4,9%. Sin embargo, aún queda terreno que avanzar.
Un documento oficial de la Secretaría de Educación del Distrito, señala que en las pruebas Saber (antes Icfes) los estudiantes de colegios oficiales y con jornada completa obtienen mejores resultados de calidad que los que no la tienen, independiente del nivel socioeconómico.
Además, distintos expertos en educación reconocen que el entorno social de los niños es impactado directamente con una mayor presencia de los menores en los colegios y escuelas. “Con más horas en la escuela se evita que los niños se desarrollen en esos entornos violentos en los que a veces, desafortunadamente, crecen”, afirma Figueroa en el Ministerio de Educación.
Media jornada: menor calidad
Actualmente, menos del 18% de los jóvenes colombianos asisten a clase durante la jornada completa. Así lo afirma Leonardo Bonilla, economista del Centro de Estudios Económicos Regionales del Banco de la República, en un estudio realizado sobre la doble jornada escolar y la calidad de la educación en Colombia. Según el experto, la jornada escolar es un tema que ocupa un lugar insignificante en el debate sobre la educación en el país. Esto, a pesar de influir directamente en la calidad de la educación y de ser determinante en el crecimiento económico y el desarrollo del país.El estudio del Banco de la República señala que en la década de los noventa, se había llegado a un consenso acerca de la necesidad de volver a una única jornada diurna, siguiendo las recomendaciones de la Misión de Sabios, en la Ley General de Educación de 1994. Sin embargo, la reglamentación e implementación de los proyectos que se lograron adelantar se demoró y éstos terminaron abandonados en 2002.
Bonilla es claro con respecto a la situación en Colombia que ofrece, mayoritariamente, medias jornadas. “Se debe partir de una percepción general: las medias jornadas ofrecen un servicio de menor calidad”, sostiene.
Actualmente, del total de estudiantes matriculados en Colombia, en instituciones privadas, un 56% asisten a jornada completa; mientras que en el caso de los oficiales, solo un 12% de los matriculados asisten a colegios durante 8 horas. La tendencia en los colegios oficiales, según el estudio realizado por Bonilla, es que a medida que aumentan los niveles educativos, la participación de la jornada única tiende a reducirse ostensiblemente.
“Lo que debemos procurar, es cerrar la evidente brecha entre la educación que se brinda en las jornadas únicas que tienen los colegios privados, con la que se ofrece en las medias jornadas de los colegios oficiales”, dice al respecto el secretario Óscar Sánchez.
En esa línea, el Ministerio de Educación trabaja desde hace seis años en impulsar la jornada extendida en el país, y muestra cómo hoy ha logrado que un 34% de las secretarías de educación en el territorio nacional hayan implementado proyectos en este sentido.
Lo que no quiere decir, sin embargo, que todos los colegios y escuelas de estos municipios y regiones tengan este tipo de jornadas, pues a diciembre de 2013, un poco más de 221.000 estudiantes de instituciones públicas en el país se encontraban aprendiendo bajo un sistema de jornada extendida, cifra que representa un poco más del 2% del total de matriculados.
Tendencia mundial
A pesar de la situación, hay ejemplos dispersos en el territorio colombiano, de casos exitosos de jornada extendida. Además de Bogotá, otras ciudades y municipios como Fusagasugá, Villavicencio, Manizales, Santa Marta, Montería, Buenaventura, Mosquera, Dosquebradas, Valledupar, Maicao, Itagüí, Cartagena, Sabaneta, Cali, Pereira, Ibagué, Turbo, Palmira, Jamundí, implementan ya modelos.El debate ha tomado fuerza, particularmente, en América Latina. En Brasil, por ejemplo, el Ministerio de Educación trabaja en el programa “Segundo Tiempo”. "En países donde la jornada escolar es de mínimo ocho horas, como Canadá, Finlandia y China, obtienen los mejores resultados en las pruebas internacionales PISA", dice al respecto el investigador Marco Raúl Mejía.
Desde el Ministerio de Educación sostienen que esos proyectos educativos deben focalizar sus esfuerzos en mejorar las debilidades evidenciadas en las pruebas Saber. “Los conocimientos impartidos en las horas adicionales de la Jornada Extendida deben hacer parte del plan curricular y no ser tomados como algo complementario”, afirma la directora de Calidad para la Educación Preescolar, Básica y Media, del Ministerio de Educación Nacional, Mónica Figueroa.
Y aunque las diversas entidades educativas presentan programas de nuevas tecnologías, ciencias y lenguaje, por ejemplo, también se le da mucho énfasis a la parte recreacional y cultural, así como a la formación de los jóvenes como ciudadanos. “Esa es parte de la brecha existente. En los colegios privados, donde hay mucho deporte y arte, el 40% del tiempo lo destinan a la formación integral. Recibir más de lo mismo sería un error gigantesco", afirma el Secretario de Educación de Bogotá.
Hoy, tal como lo señaló en su momento la exsecretaria de educación de Medellín, Luz Elena Gaviria, un deportista de alto rendimiento entrena en promedio 35 horas semanales mientras que un joven cuenta en promedio con 53 horas semanales de tiempo libre.
La jornada escolar extendida, sostiene por su parte Fabio Hernando Arias, secretario de Educación de Manizales, debe ser una mezcla de lo académico y lo lúdico. "La escuela está en crisis porque no es capaz de darles respuesta a las culturas juveniles”, añade Mejía. “Si queremos más Nairos, más Falcaos, la escuela debe ayudar a su formación”, dice la excampeona olímpica María Isabel Urrutia, quien apoya los programas de formación deportiva de Bogotá.
Falta inversión
Tanto el Ministerio como la Secretaría de Educación en Bogotá concuerdan en que para que todos los niños y jóvenes puedan ser parte de la Jornada Extendida se requiere no solo mejorar sino aumentar la infraestructura de colegios y escuelas, en más del doble. En el caso de la capital del país se han buscado espacios alternativos como museos, bibliotecas públicas y parques. Pero esto, no es suficiente.Adicionalmente, se necesitarían más docentes y los recursos necesarios para pagarlos. En una jornada de 6 u 8 horas, las entidades educativas, deben además garantizar que los niños y jóvenes reciban alimentación en todos los casos, y en algunos, el transporte.
En Bogotá, por ejemplo, se pasó de invertir $1.800.000 en cada niño a $2'800.000, con la jornada extendida, y aún hace falta más.
Según el estudio del Banco de la República, harían falta más de 7,5 billones de pesos adicionales en el país, para dar las condiciones mínimas que permitan que todo el universo de matriculados pueda atender a una jornada extendida.