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“Quiero aprender a ser viejo”, dice el exrector de la Universidad Nacional, Leopoldo Múnera

En la plenitud de su actividad intelectual y mental, el reconocido profesor de la Universidad Nacional, Leopoldo Múnera, renunció a una eventual y segunda aspiración a ser su rector y, también, a su condición de catedrático después de 42 años de permanencia en sus claustros. En esta charla explica por qué tomó esa drástica decisión; destaca los cambios que, junto con sus grupos de apoyo, alcanzó a introducir durante su estancia en la rectoría y enfatiza en “la democratización de la universidad que ya empezó”.

Cecilia Orozco Tascón

08 de febrero de 2026 - 08:00 a. m.
Leopoldo Múnera dijo: “Decidí no volver a presentarme como candidato para… la rectoría y renunciar a mi cargo como profesor, con el propósito de despersonalizar la designación del rector”.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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Su renuncia a la Universidad Nacional, no solo al cargo de profesor que ejerció durante 40 años, sino también a “la pretensión de culminar el periodo institucional en la rectoría” en la que estuvo poco tiempo, sorprendió a estudiantes, profesores y egresados ¿Por qué tomó esa decisión tan drástica después de la batalla jurídica que emprendió para reencauzar el rumbo de su centro educativo?

El conflicto jurídico alrededor de la rectoría de la Universidad Nacional de Colombia no se ha resuelto, pues hasta el momento ninguna autoridad competente ha proferido una sentencia judicial que ordene reintegrar al cargo al profesor (José Ismael) Peña. la Sección Quinta del Consejo de Estado, que resolvió, a su favor, la demanda de nulidad de su elección como rector, aclaró que tal decisión no implicaba su “regreso al cargo”. Incluso, la jueza 46 Laboral del Circuito de Bogotá le negó al profesor Peña la tutela que él interpuso. Por tal razón, el Consejo Superior de la universidad debe resolver si abre un nuevo proceso de consulta para designar a un rector en propiedad…

…Por eso: si nada está resuelto definitivamente, ¿por qué usted no continúa trabajando, tanto en una eventual candidatura a la rectoría como en sus cátedras?

Decidí no volver a presentarme como candidato para culminar el periodo institucional en la rectoría y renunciar a mi cargo como profesor, con el propósito de despersonalizar la designación del rector, evitar que ese proceso se reduzca a un plebiscito a favor o en contra de un candidato, y facilitar el relevo generacional, después de más de cuarenta años como docente. Además, deseo pensionarme.

Pero usted insistió en presentarse para la rectoría cuando ganó la consulta interna de la universidad. Tal vez, ¿le molestó el fallo del Consejo de Estado? Si es así, podía continuar siendo profesor que, por el respeto académico que tiene, sería necesario para influir en los cambios que usted ha dicho que requiere la universidad.

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Puedo seguir incidiendo en la universidad como profesor pensionado con mucha mayor libertad de acción.

Para hablar con franqueza: ¿lo agotaron las disputas legales por la rectoría?

Desde luego, este proceso ha sido difícil y agotador no solo para mí, sino para los estudiantes, profesores, trabajadores (as) y egresadas (os) que me han acompañado; y para el conjunto de la comunidad universitaria, pues además cursamos tres cuatrimestres académicos en un año. Pero no es el agotamiento de estos meses el que me motiva a presentar la renuncia. Las razones son diversas y han adquirido nuevas dimensiones: 1. Necesito tomar distancia de las actividades cotidianas en la Universidad Nacional para reflexionar sobre mi vida académica, parte muy importante de mi vida en general, y sobre el rumbo que está tomando la educación pública. 2. El relevo generacional en mis áreas de conocimiento me parece indispensable: estoy ocupando la plaza de profesores jóvenes con nuevas propuestas que tienen derecho a hacer una carrera académica.

Además, según dijo antes, ¿aspira a pensionarse ya?

Le cuento que tengo reconocimiento para la pensión desde el año 2019 y que había pensado hacer uso de ese derecho desde 2024; pero luego decidí presentarme a la rectoría. Los años pasan y necesito tiempo para el cuidado de las personas que quiero y para el autocuidado: esta es la tercera motivación para renunciar. Lo cierto es que, en los últimos años, he vivido con un ritmo frenético que afecta mi cuerpo y mi alma. Una cuarta razón, en consonancia con el punto anterior, es que estoy cansado, después de más de 40 años de trabajo académico, y quiero hacer una pausa para reorganizar mi vida. Y, por último, deseo disfrutar y aprender a ser viejo, esa condición humana tan maltratada en nuestra cultura pero con tantas potencialidades que no sabemos cultivar.

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¿Con cuáles profesores va a “aprender a ser viejo”?

Con todos los profesores de la Nacional que se han retirado y pensionado.

¿Qué significa para usted “ser viejo”?

Significa entrar en la última etapa de la vida teniendo plena conciencia de la proximidad de la muerte.

Una cosa es manifestar su deseo de renunciar a todo, y otra, empezar a vivir el retiro ¿Está preparado mental y emocionalmente para este drástico cambio de vida?

Nadie está preparado para este cambio de vida. Yo estoy ilusionado con volver a ser, de tiempo completo, un estudiante en esta nueva etapa.

¿Estudiante de la carrera de “cómo aprender a ser viejo”?

Sí, quiero aprender a ser viejo.

Los meses de su rectoría fueron muy cortos si se comparan con las cuatro décadas en que estuvo dictando clases en la Nacional. Pero, además, su padre también fue profesor en la universidad ¿Cuánto tiempo estuvo él vinculado a ese claustro y, en el total de su historia familiar, ¿cuántos años sumaron ustedes en ese campus?

Mi padre fue docente en la universidad durante cuatro años. Yo llevo 42 años, en total: 38 años, seis meses, como profesor de planta; y 3 años y medio como profesor “ocasional”, concepto que no es muy acertado para definir a los docentes vinculados mediante un contrato o una orden de servicio.

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Pese a sus muy respetables deseos, ¿no cree que la comunidad universitaria que votó por usted para la rectoría de la Nacional, estará decepcionada y se sentirá abandonada con su renuncia en mitad de una batalla?

El proyecto de universidad que he representado en el último año y medio no constituye una propuesta personal. Por fortuna, en la Universidad Nacional muchas profesoras y profesores pueden encarnarla. La sensación de decepción y abandono hace referencia a un sentimiento caudillista que no comparto y que nunca he pretendido fomentar. Estoy convencido de que la comunidad universitaria que me ha apoyado, es mucho más fuerte que la figura de un líder imprescindible.

Aun cuando su periodo en la rectoría fue corto, usted implementó cambios administrativos y académicos ¿Cuáles fueron y por qué se dedicó a esos objetivos específicos?

Los cambios fueron muchos; basta escuchar las palabras de bienvenida a los estudiantes este semestre, pronunciadas por el rector encargado, el profesor Andrés Felipe Mora. Pero retomo la síntesis que presenté en la carta pública: el proyecto de universidad que hemos impulsado, se basa en la pretensión de lograr el acceso universal al conocimiento sin ningún tipo de discriminación social, política o cultural. Esa pretensión se fundamenta en la garantía de financiar la educación superior pública, ofrecida por la sociedad en su conjunto. Por tal razón, participamos en la aprobación de la reforma a unos artículos de la ley que regula el servicio de la educación superior, en su autonomía, estructura y régimen (Ley 30/92). Con tal objetivo, hemos buscado convertir el bienestar de la comunidad universitaria en un elemento esencial que permita el desarrollo equitativo de todos los campos de conocimiento. El respeto por la diversidad social y cultural ha sido un elemento transversal de las políticas que hemos formulado, al tiempo que se han ampliado los espacios de participación. La democratización de la universidad ha empezado, no sin tropiezos, con el proceso constituyente y las prácticas cotidianas de la mayoría de las sedes.

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¿Para qué buscan reformar parte de la ley de educación pública?

Para garantizar una financiación segura para las universidades públicas que garantice el mantenimiento de los recursos necesarios para su funcionamiento. Pretendemos que se establezcan ajustes al presupuesto anual según los índices de costos de la educación superior, ICES.

“Estoy convencido de que la comunidad universitaria que me ha apoyado, es mucho más fuerte que la figura de un líder imprescindible”, opinó Leopoldo Múnera, aquí en el campus de la UNAL.
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos

En su rectoría, ¿también se presentó un plan renovador de la universidad?

Sí. El plan global de desarrollo fue estructurado alrededor de una desconcentración regulada de los recursos que permita pensar la nación colombiana desde los territorios, y los territorios, desde una nación plural y diversa. En tal sentido, hemos diversificado las trayectorias académicas para responder a las necesidades locales y regionales con el fortalecimiento, entre otros, de programas específicos para la admisión y movilidad académica, la admisión con enfoque territorial y la reestructuración de los proyectos académicos de las sedes de frontera, integrando las funciones misionales. Este último objetivo ha guiado los planes de trabajo de las vicerrectorías académica y de investigación. También ampliamos la planta docente con 191 cargos nuevos, como hace años no sucedía.

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Destaco que, además, hemos estructurado un proceso participativo para el debate sobre las reformas de la extensión y los posgrados que está en una etapa de socialización. Tal proceso evidencia la diversidad de los sentidos académicos que animan a la comunidad universitaria, así como la debilidad de una reflexión colectiva y crítica sobre el gobierno del conocimiento en la universidad pública colombiana.

La que usted denomina en su carta de renuncia, “democratización de la universidad”, sugiere una crítica velada al estado actual de la Nacional ¿Por qué dejó de ser democrática?

No solo me refiero a la Nacional. Aludo a la universidad pública, en general, en el sentido de que nunca ha sido verdaderamente democrática salvo contadas excepciones, como es el caso de la Universidad de Nariño, gracias a una reforma interna que ellos hicieron.

En concreto, usted enfrentó, legalmente, a un grupo de exrectores, exdirectivos y miembros o exmiembros del Consejo Superior Universitario, al parecer, porque convirtieron ciertas actividades de la Nacional en negocios lucrativos ¿En cuál momento la universidad desvió sus objetivos centrales en educación e investigación, para intentar ser una “empresa” que rinde dinero?

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Nos opusimos a integrantes de la comunidad académica que han pretendido utilizar el nombre de la Universidad Nacional de Colombia para el beneficio particular de un pequeño grupo de personas que no pertenecen a la comunidad universitaria, mediante la creación de entidades (denominadas) sin ánimo de lucro que no solo realizan funciones misionales de la institución, sino que se dedican a actividades que no tienen nada que ver con sus objetivos académicos, científicos o sociales. Por tal razón, hicimos una investigación sobre su organización y funcionamiento. Y en los casos que consideramos necesario, pusimos los hallazgos en conocimiento de la Fiscalía General y de los órganos de control. Hasta ahora no hemos visto resultados tangibles y efectivos.

¿Cómo se constituyó ese grupo y por qué el nombre de la universidad quedó envuelto en el lío?

Se trata de diferentes corporaciones y entidades sin ánimo de lucro constituidas entre la rectoría de la universidad de ese momento, y entidades privadas.

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¿Quiénes fueron señalados en la información que usted le suministró a la Fiscalía?

Prefiero no dar nombres porque hay varios procesos judiciales en curso.

En un párrafo de la carta que usted publicó para anunciar su retiro, dice que “… quienes animados por el espíritu empresarial privado, buscan la autofinanciación de las instituciones de educación superior… olvidan que el Estado… debe garantizar el buen funcionamiento de las universidades públicas sin asimilarlas a empresas autosostenibles…” Esta situación y el grupo “con espíritu empresarial” que la ha aplicado en la Nacional, ¿volverá a dominar la universidad, dada su ausencia?

La decisión sobre quien va a orientar los destinos de la universidad depende de la comunidad en su conjunto, no de mi presencia o ausencia.

Los grupos o personas que se distancian de su rectoría, han afirmado que usted es una “ficha” del gobierno actual y que fue impuesto por este. Quienes critican al grupo “empresarial” que habría preferido instalar, como rector, al profesor Peña, asimilan ese sector a pasados gobiernos y presidentes de la República ¿Se trata de caricaturizaciones de la realidad o hay verdades en esas interpretaciones?

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Son caricaturas que a veces dan réditos políticos disfrazados de posturas académicas. Desde luego, hay afinidades políticas que son evidentes y que saltan a la vista en el debate público; también existen confluencias ideológicas y políticas, en el pasado y en el presente. En mi caso, el apoyo que me dieron las delegadas del presidente y el viceministro de Educación en el Consejo Superior Universitario (CSU) para ser designado como rector, fue la consecuencia del compromiso de Petro con los estudiantes, de apoyar a quien ganara la consulta. En procesos anteriores, el voto de los delegados del presidente ha sido definido en virtud de la afinidad política e ideológica de los candidatos o candidatas. Yo he estado de acuerdo con algunas políticas del Gobierno, como la relativa a la reforma de la ley 30 de 1992 o con el incremento del presupuesto para la educación superior pública. Pero he disentido en otras. Por ejemplo, el aumento de la cobertura sin valorar la pertinencia académica de las propuestas o el incremento de los compromisos financieros de las instituciones, sin destinar los recursos necesarios para tal efecto.

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El proceso constituyente que se está adelantando en la universidad, y que ha sido impulsado por usted, ha sido relacionado con las intenciones constituyentes del gobierno Petro. Esas dos propuestas, ¿tienen algún nexo de causalidad o de propósitos?

No hay ningún nexo de causalidad o de propósitos entre la una y la otra. Los procesos constituyentes en las universidades públicas, entendidos como la democratización de su gobierno y la vida académica, es muy anterior al actual Ejecutivo, y es probable que se extiendan más allá del período presidencial. Sin embargo, coinciden en la necesidad de acudir al constituyente primario como sujeto de las transformaciones institucionales, aunque la propuesta gubernamental tiene como referente principal la existencia de una constitución política que no existe en las universidades públicas.

Su vocación académica no termina con su renuncia ¿Tiene en mente algún proyecto de investigación, un libro para escribir o un centro de pensamiento para incorporarse a él?

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Espero seguir vinculado al Grupo de investigación en teoría política contemporánea (TEOPOCO) de la Universidad Nacional de Colombia y al Centre de recherches interdisciplinaires Démocratie, Institutions et Subjectivité (CRIDIS) de la Universidad de Lovaina, aunque he estado ausente en los últimos dos años. Tengo en curso una investigación sobre trabajo, máquinas y capitalismos. Está pendiente la escritura de un libro sobre Spinoza (uno de los principales pensadores de la Ilustración, 1632 – 1677) y la modernidad alternativa en Occidente. Y, además, un trabajo colectivo que quedó en punta, con productos parciales, que consiste en la elaboración de un estado del arte sobre violencia y democracia en Colombia.

Debate entre el conocimiento académico y los bienes mercantiles

La polémica por la titularidad de la rectoría de la Nacional, ¿tuvo un trasfondo de polémica por la división de los objetivos y orientación de la universidad, entre quienes podrían calificarse como profesores “academicistas” de un lado, y profesores “empresarios” del otro lado?

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La división entre “empresarios” y “academicistas” no me parece muy acertada. Más bien, hay un debate entre quienes priorizamos la comprensión del conocimiento académico y científico y la universidad pública, bajo la perspectiva de los derechos fundamentales y los bienes comunes; y quienes priorizan la perspectiva de los bienes mercantiles y los servicios públicos, dentro de una gama amplia de matices y combinaciones. Por fortuna, las propuestas que se presentan para la rectoría no se reducen a esa oposición: son mucho más complejas y tienen relación con la concepción sobre la investigación, el bienestar, la pedagogía, el diálogo de saberes, las estrategias digitales, la naturaleza del conocimiento académico o la heterogeneidad de los integrantes de la comunidad, para solo mencionar algunos aspectos.

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